Por José Ramón Díaz-Torremocha

(Conferencia de Santa María la Real en Guadalajara)

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"This month it has not been possible to send the translation in English. My apologies to so many good friends who read it in English".

 

Jacinto, como saben mis lectores y siempre amigos, es un muy buen consocio y verdadera alma de su Conferencia. Un auténtico y esforzado miembro de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Siempre me sorprende con sus consejos sobre la Vida de verdad y la naturaleza de su relación entre él y la Divinidad. Con frecuencia, como creo que ya he contado otras veces, me sobrecogen sus anécdotas.

Él nunca pide nada al Señor ¿para qué? pregunta cuando se le cuestiona sobre ello y añade: Él sabe bien lo que me es necesario y lo que no lo es.  (En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis” (Mt 6, 7).     

Continuaba y me decía: “sólo me gusta hablar con Él de “nuestras cosas” pero pedirle, para mí, no. Él sabe lo que necesito y sólo le “recuerdo”, en alguna ocasión, las necesidades perentorias de alguno de mis amigos en necesidad, de los que sufren y le pido que me dé las fuerzas para serles útil.  También le pido, que me ayude para la extensión de las Conferencias en su servicio a los que sufren”.

Alguien, insistiendo, le preguntó una vez ¿y para ti qué pides? ¿Seguro que nada?

Recordaba quien me lo contaba que Jacinto, como avergonzado, bajaba la cabeza y contestaba que “nada” cuando su interlocutor le presionaba para que se explicara, él siempre decía “qué, en su modesta vida, había tenido todo lo que necesitaba y que, sobre todo: ya sabía el Señor qué podía necesitar y terminaba preguntándose: ¿para qué entonces molestarle repitiendo y perdiendo el tiempo, el suyo, no el del Señor que no lo tiene, repetir lo que Él ya sabe? Sólo le pido para los demás y dado que sé que a Él le gusta que le pidamos como siempre se pide a un padre”. Y Él es Padre, apostillaba.

Estar con Él directamente siempre que puedo en la Eucaristía o con alguien que sufre que son siempre los favoritos de su Divina Majestad, y su mejor representación decía muy serio con un lenguaje harto respetuoso, pero fuera de uso en nuestra época. No había bromas cuando se refería a Dios. Había un profundo respeto no exento de una dichosa confianza.

Roberto, su gran amigo, el muchacho de necesidades especiales y que vive amparado por su Conferencia y unas buenas Hermanas, le acompañaba siempre en sus diarios paseos para ver a quién notaba, “roto o a punto de romperse”, para descubrir el sufrimiento. Largas caminatas para, cuando surgía el objetivo, avisar inmediatamente a su Conferencia para solucionarlo con la prontitud “debida”. Roberto, el bendito Roberto, parecía tener un sexto sentido para detectar el desamparo y a veces, le señala a Jacinto algún caso. Aunque – Roberto – afirmaba que iba rezando un Ave María por todos con los que se cruzaba que le parecía que iban “llorando por dentro” y que a veces, se le “juntaban”: no había acabado con el rezo por uno, cuando ya aparecía otro de interior “lloroso” según su percepción.

Al regresar a la Conferencia y habitualmente después de abrirse al Espíritu, daban cuenta de sus descubrimientos del día o de la semana, según correspondiera y no eran pocos los que gracias a ellos entraban en la “nómina” de la Conferencia o eran asiduamente visitados en sus casas para echar un rato de cartas contra la soledad que les asediaba alrededor de algunas pastas, que siempre aportaba un consocio y participar de una amena reunión.

En esas visitas, surgían a veces temas muy interesantes entre gente tan sencilla, confirmando el aserto evangélico de que el Misericordioso, nutre siempre a los humildes de corazón. (Mateo 11, 25-27)

Confiemos siempre en María. Siempre con María, el mejor camino para encontrarse con su Hijo, al pie de la cruz.

El pasado domingo, 15 de mayo, el Papa Francisco, tras dos años y medio sin canonizaciones, a causa de la pandemia, canoniza en Roma a diez beatos

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

El 13 de octubre de 2019 fueron las últimas canonizaciones en la Iglesia católica. Ahora, tras dos y medio, años, a causa de la pandemia, sin canonizaciones, el domingo 15 de mayo de 2022, el Papa Francisco procedió canonizar a diez beatos. El orden oficial de canonización de los mismos es este:  los mártires Tito Brandsma (Países Bajos) y Lazzaro Devasahayam (India); y los confesores de la fe cristiana César de Bus (Italia), Luigi Maria Palazzolo (Italia), Giustino Maria Russolillo (Italia), Charles de Foucauld (Francia/Argelia), Maria Rivier (Francia), Maria Francesca di Gesù Rubatto (Italia/Uruguay), Maria di Gesù Santocanale (Italia) y Maria Domenica Mantovani (Italia).

Italia es el país con mayor número de santos canonizados por el actual Papa, quien ha canonizado a tres antecesores suyos (Juan XXIII, Juan Pablo II y Pablo VI), a nueve franceses, a seis españoles (José de Anchieta, fray Junípero Serra, María de la Purísima Salvat Romero, Faustino Míguez, Manuel González García y Nazaria Ignacia March) y a cinco mexicanos. En consecuencia, e incluidos estos países, ha canonizado a beatos de Italia, Francia, España, México, Colombia, Polonia, India, Sri Lanka, Palestina, Suecia, Argentina, Portugal, Brasil, El Salvador, Reno Unido, Brasil, Suiza, Países Bajos y, en razón del lugar de la muerte, Uruguay y Argelia.

Por otro lado, en su ciudad de Lyon, y en nombre del Papa, el cardenal prefecto de la Congregación para los Santos, el italiano Marcello Semeraro, preside mañana, sábado 21 de mayo, la beatificación de la iniciadora de las Obras Misiones Pontificias, la laica Paulina Jaricot.

En esta página de hoy de NUEVA ALCARRIA, vamos ofrecer la semblanza biográfica de esta nueva beata y de dos los santos del pasado domingo 15 de mayo. Completaremos el artículo con el íter necesario para obtener una beatificación y una canonización.

 

Beata Paulina, la sembradora del DOMUND

 

Fue la inspirada de lo que actualmente es el DOMUND y las Obras Misionales Pontificias. Paulina Jaricot nació el 22 de julio de 1799, en Lyon, en el seno de una familia numerosa, cuyo padre era propietario de una fábrica de seda, y uno de sus hermanos, misionero.

Con 17 años y tras sufrir una grave caída y perder a su madre, hizo voto de virginidad, instituyó una unión de oración para las criadas piadosas, la Asociación del Rosario Viviente y junto a los Padres de las Misiones Extranjeras de París promovió la cooperación misionera organizada.

Con las empleadas en la fábrica familiar de seda, ayudó a las misiones con oraciones y una pequeña contribución semanal de un centavo de cada persona involucrada en la iniciativa, naciendo de este modo, el 3 de mayo de 1822, la Sociedad para la Propagación de la Fe.

Hacia 1845, Jaricot compró una planta de altos hornos para implantar entre sus trabajadores la doctrina social de la Iglesia, con edificios adyacentes para viviendas de las familias, una escuela y una iglesia. Defraudada por los gestores de la fábrica, entró en bancarrota y murió en la indigencia el 9 de enero de 1862.

Su espiritualidad y apostolado se nutrió de carisma del laicado dominico y de la dirección espiritual que recibía del santo cura de Ars.  El 25 de febrero de 1963, Juan XXIII la declaró venerable por vivir heroicamente las virtudes cristianas. El Papa Francisco aprobó en 2020 el milagro para su beatificación, en 2022, el día 21 de mayo. Su memoria litúrgica quedará establecida en el día 9 de enero.

 

Periodista, carmelita y filósofo, mártir del nazismo

 

Anno Sjoerd Brandsma, más adelante, tras su profesión como religioso carmelita, en 1898, Tito, nació en Frisia (Países Bajos) el 23 de febrero de 1881, procedente de una familia tradicional católica.

Ordenado sacerdote en 1905, Brandsma fue un estudioso brillante de la mística carmelita. Se doctoró en Filosofía en Roma en 1909, y fue profesor en varios centros de enseñanza. Tradujo al neerlandés las obras de santa Teresa de Jesús.

Brandsma fue uno de los fundadores de la Universidad Católica de Nimega (actualmente Universidad Radboud), donde fue profesor de Filosofía e Historia de la mística y después, rector de la universidad.

El padre Brandsma también trabajó como periodista y fue consejero eclesiástico de varios periódicos católicos. Fue su lucha contra la propagación de la ideología nazi y en favor de la educación y la libertad de prensa lo que llamó la atención de los nazis, máxime cuando en enero de 1942, pidió a los periódicos católicos holandeses para que no incluyesen propaganda nazi en sus ediciones. Colaboró también con los obispos holandeses en la redacción de una carta pastoral contra el nazismo y sus praxis. Ello le acarreó el ser detenido por el nazismo y deportado a distintos campos de concentración y finalmente al de Dachau, cerca de Múnich, donde murió, víctima de una inyección letal, el 26 de julio de 1942.

Fue beatificado el 5 de noviembre de 1985 por san Juan Pablo II y canonizado por Francisco el 15 de mayo de 2022. En 2005, Tito Brandsma fue elegido por los habitantes de Nimega como el ciudadano más grande de la ciudad en su historia. Su memoria litúrgica es el 27 de julio.

 

 

Foucauld: el hermano universal, el hermano inacabada

 

Charles de Foucauld nació en Estrasburgo (Francia), el 15 de septiembre de 1858, en el seno de una familia noble. Al quedar huérfano a los seis años fue educado, junto con su hermana María, por su abuelo, quien le orientará hacia la carrera militar. En su adolescencia se aleja de la fe, dejándose seducir por los placeres y la vida fácil, revelando, no obstante, una fuerte voluntad en los momentos difíciles.

Geógrafo militar, a raíz de una peligrosa exploración militar en Marruecos (1883- 1884) entra en contacto con el testimonio de la fe de los musulmanes que le lleva a interrogarse por la existencia de Dios.

De vuelta en Francia inicia un proceso de acercamiento al cristianismo con la ayuda de un sacerdote, el padre Henri Huvelin. A los 28 años, convencido de la existencia de Dios, decide vivir solo para Él y, durante una peregrinación a Tierra Santa, descubre su vocación: seguir e imitar a Jesús en la vida de Nazaret. Tras pasar siete años en monasterios de la trapa, se trasladará a Nazaret, llevando una vida de soledad y adoración.

En 1901 fue ordenado sacerdote en la diócesis de Viviers, trasladándose al desierto del Sahara, entre los Tuaregs, para residir como un pobre entre los pobres, entregado a la meditación de la Sagrada Escritura y a la caridad.

Fue asesinado el 1 de diciembre de 1916 durante un asalto. Fue beatificado en 2005 por Benedicto XVI y canonizado por Francisco el 15 de mayo de 2022. Es el llamado maestro de la espiritualidad del desierto. Su memoria litúrgica es el 1 de diciembre.

 

 

¿Cómo se hace un santo?

 

Los diez pasos necesarios, según la legislación canónica vigente, para los procesos de las Causas de los Beatos y de los Santos son los siguientes:

1.- Para iniciar una causa es preciso que pasen al menos cinco años desde la muerte del candidato. Ello facilita mayor equilibro y objetividad en la valoración del caso, y permitir decantar las emociones del momento. Solo el Papa puede dispensar de este primer requisito, si se dan razones especiales.

2.- Debe ser clara entre el pueblo de Dios la convicción sobre la fama de santidad (“fama sanctitatis”) y sobre la eficacia de la intercesión del candidato ante el Señor (“fama signorum”).

3.- La instrucción que comienzo al proceso debe proceder del obispo de la diócesis donde ha muerto el candidato, la persona sobre la que se pide la beatificación. A partir de ahí, el grupo promotor de la causa (“actor causae”), que puede ser una diócesis, una parroquia, una congregación religiosa, una asociación, pide al obispo, a través del postulador, la apertura de la instrucción.

4.- Una vez presentada la causa, el obispo de la diócesis, obtenido el “nulla obsta” de la Santa Sede, constituye un tribunal diocesano especial.

5.- Este tribunal diocesano, constituido, al menos, por un juez, un promotor de justicia y un notario-actuario, han de llamar a los testigos presentados por la postulación o por el mismo tribunal para que testifiquen sobre hechos concretos y, si es posible, experiencias personales sobre cómo vivió su fe y cómo practicó las virtudes cristianas el candidato a la beatificación. En concreto, los testigos serán preguntados acerca de cómo vivió el candidato las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, templanza y fortaleza), así como las específicas del propio estado de vida del candidato. Además, el tribunal ha de reunir todos los documentos que conciernan al candidato. Una vez completada esta fase, al candidato le corresponde el tratamiento de siervo de Dios.

6.- Terminada la instrucción diocesana, las actas y documentación pasan a la Congregación para las Causas de los Santos, donde se elabora la copia pública que sirve para el trabajo posterior. El postulador, residente en Roma, sigue la dirección de un relator de la Congregación la preparación de la “positio”, que es la síntesis de los documentos que prueban el ejercicio heroico de las virtudes por parte del candidato.

7.- Presentada la “positio”, se somete al examen teológico de nueve teólogos que emiten su voto. Si el parecer de la mayoría de los teólogos es favorable, la causa pasa al examen de los cardenales y de los obispos miembros de la Congregación, que se reúnen dos veces al mes. Si el resultado es favorable, el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos pasa el proceso al Papa para que proceda, si corresponde, a su aprobación y autorice a la Congregación a redactar el decreto correspondiente de reconocimiento de virtudes heroicas. A ello sigue la lectura pública y la promulgación del decreto. Desde ese momento el candidato pasa a denominarse venerable siervo de Dios.

8.- El siguiente paso es el reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión del candidato. Este milagro ha de haberse producido después de su muerte. Se trata de una curación duradera y científicamente inexplicable después de que el enfermo en su persona y/o a través de las oraciones de otras personas se hayan encomendado al candidato a la beatificación. El milagro requerido es estudiado por una comisión de teólogos, una comisión médico-legal y finalmente por el consejo de cardenales y obispos miembros de la Congregación para las Causas de los Santos. Con estos vistos buenos, se procede a que el Papa apruebe el milagro y se emane el correspondiente decreto de reconocimiento de milagro. En caso de martirio, muerte o asesinato debido al odio a la fe, para la beatificación, se dispensa el milagro, que sí es necesario para la canonización.

9.- Promulgados los dos decretos –el de virtudes heroicas y el del milagro-, el Papa decide la beatificación, que es la concesión del culto público limitado a un ámbito particular de la Iglesia. Con la beatificación, al candidato le corresponde el título de beato.

10.- Para la canonización hace falta otro milagro atribuido a la intercesión del beato y ocurrido después de su beatificación. Las condiciones y procesos para la verificación del milagro son las mismas que las seguidas para la beatificación. Mediante la canonización se concede el culto público en toda la Iglesia universal. Compromete la infalibilidad pontificia. Con la canonización corresponde el título de santo.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 20 de mayo de 2022

Guía para el trabajo sinodal en grupos del tema tercero, sesión primera, del cuaderno primero, "Llamados", de nuestro sínodo de Sigüenza-Guadalajara

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

En el tema o bloque tercero del cuaderno primero, “Llamados (Mirada hacia dentro)”, del Sínodo diocesano de Sigüenza-Guadalajara se ahonda en las fuentes de la espiritualidad cristiana, en cómo se nutre y crece la vida cristiana, que, fundamentada en la fe y la llamada a la misión evangelizadora, necesita llenarse continuamente para después poder dar.

Las fuentes de la espiritualidad cristiana son, sobre todo, dos: la Palabra de Dios y la oración. También lo son la celebración de los sacramentos –muy particularmente la misa dominical vivida con fidelidad-, la liturgia de las horas y el propio ejercicio de la caridad, del apostolado y de la misión.

 

Cuadro del pastranero Maino sobre Pentecostés y la divina inspiración de la Palabra de Dios

 

Encuesta y necesidad de la Palabra de Dios

 

En la encuesta sobre el Sínodo, a la pregunta “¿Lees la Palabra de Dios?”, la mitad de los encuestados afirma hacerlo muy poco o nunca, mientras que confiesa que participa en la vida pastoral de la parroquia y colabora en ella asiduamente.

Ante la necesidad de un mayor conocimiento y ejercicio de lectura de la Palabra de Dios, ofrecemos un decálogo sobre lo que es y debe ser para un cristiano. A la luz del Sínodo de los Obispos de 2008 dedicado a la Palabra de Dios, he aquí algunas definiciones de ella:

 

1.-La Biblia es el libro de un pueblo y para un pueblo.

2.-La Palabra de Dios es una brújula que indica el camino a seguir.

3.-La escucha amorosa de la Palabra de Dios lleva al servicio desinteresado hacia los demás.

4.-La Biblia nos presenta el soplo del dolor, sale al encuentro del grito de los oprimidos y del lamento de los infelices.

5.-La Sagrada Escritura se ha convertido en una especie de inmenso vocabulario…

6.- Es el atlas iconográfico…

7.- El Evangelio fue la lengua materna de Europa…

8.- La Biblia es el gran código de la cultura universal.

9.-La Sagrada Escritura tiene pasajes adecuados para consolar todas las condiciones humanas.

10.-La Palabra de Dios es voz, rostro, casa y camino.

 

De ahí, pues, la necesidad de conocer mejor la Palabra de Dios, de convertirla en el nutrimento de nuestra vida.  Porque "desconocer las Escrituras es desconocer a Jesucristo", como afirmaba ya en el alba del cristianismo san Jerónimo, el traductor de la Biblia al latín (la Vulgata) y el gran apóstol y abanderado de la Palabra de Dios.

Por ello también, la necesidad de venerar y custodiar la Biblia en nuestras vidas, casas y comunidades. Leámosla, pues, profundicemos en sus páginas, transformémosla en oración y en testimonio de vida, celebrémosla con amor y fe en la liturgia. Y hagamos silencio para escucharla con eficacia, manteniendo el silencio tras su escucha porque seguirá habitando en nosotros y hablándonos. Hagámosla resonar al principio de nuestro día, para que Dios tenga la primera palabra y dejémosla que resuene también dentro de nosotros por la noche, para que la última palabra sea de Dios.

 

Esto es para Jesucristo la Palabra de Dios

 

La semilla es la Palabra de Dios, cada uno se ha de dejar cultivar por el Espíritu para llegar a ser tierra buena y dar fruto abundante. Leemos en Evangelio de San Mateo 13, 1-9.18-23:

“Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga». (…) Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno”. 

 

Breve texto de la Carta a los Hebreos, 4, 12-13

 

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas”.

 

Entronización de la Palabra de Dios

 

Decálogo del Papa Francisco sobre la Palabra de Dios

 

Su magisterio sobre la Palabra de Dios lo vamos a sintetizar ahora es una selección de diez breves frases suyas, hermosísimas y muy interpeladoras:

 

(1) Una fe fuerte y saludable se alimenta constantemente de la Palabra de Dios.

(2) La Palabra de Dios puede hacer resucitar un corazón vacío.

(3) La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, especialmente cuando es débil.

(4) La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión en el corazón de los hombres.

(5) Si tuviéramos siempre la Palabra de Dios en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Él.

(6) La Palabra de Dios tiene que hacer este recorrido en nosotros: de los oídos al corazón; y del corazón a las manos, a las buenas obras.

(7) La Palabra de Dios es la lámpara para mirar al futuro: con su luz se pueden leer los signos de los tiempos.

(8) Para poder ayudar a los demás necesitamos de encuentros personales con Dios: momentos de oración y de escucha de su Palabra.

(9) ¡Hagamos espacio para la Palabra de Dios! Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida.

(10) Necesitamos la Palabra de Dios: en medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino de Vida.

 

Catecismo de la Iglesia Católica

 

La Palabra de Dios es tratada de modo sistemático en el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 en la primera parte (“La profesión de Dios”), primera sección (“Creo-Creemos”), capítulo segundo (“Dios al encuentro del hombre”), artículo tercero (“La Sagrada Escritura”).

Aparece desarrollada en cinco números con distintos apartados cada uno de ellos. Concluye, como es habitual en la estructura del Catecismo, con un resumen, que contiene ocho puntos.

De ellos, destacamos el primero (número 134), el segundo (135) y el último (141). Dice así el número 134: «Toda la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, porque toda la Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo» (Hugo de San Víctor). El enunciado del número 135 reza de este modo: «Las Sagradas Escrituras contienen la Palabra de Dios y, porque están inspiradas, son realmente Palabra de Dios».

Y, por último, en el número 141 del Catecismo de la Iglesia Católica leemos: «La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo»: aquélla y éste alimentan y rigen toda la vida cristiana. “Lámpara es tu Palabra, Señor, para mis pasos; luz para mi sendero” (Salmo 119).

 

Texto del obispo diocesano

 

Nuestro obispo, Atilano Rodríguez, en su carta pastoral “Con gratitud y esperanza”, al hablarnos de la necesidad del silencio, nos recuerda: “Hoy, como nunca, creyentes y no creyentes necesitamos el silencio para escuchar la voz del Señor, para abrirle la puerta del corazón cerrada por nuestros proyectos y para dejarle entrar a formar parte de nuestra vida. Solo entonces podremos reconocerle en su Palabra y en la Eucaristía: “Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3, 20)”.

 

Canción “Tu palabra me da vida” de Juan Antonio Espinosa

 

Tu palabra me da vida confío en ti, Señor.

Tu palabra es eterna,/ en ella esperaré.

Dichoso el que con vida intachable/ camina en la ley del Señor

Dichoso el que guardando los preceptos/ lo busca de todo corazón.

 

Tu palabra me da vida confío en ti, Señor.

Tu palabra es eterna,/ en ella esperaré.

Postrada en el polvo está mi alma,/ devuélvame la vida tu palabra.

Mi alma está llena de tristeza,/ consuélame señor con tus promesas.

 

Tu palabra me da vida confío en ti, Señor.

Tu palabra es eterna,/ en ella esperaré.

Escogí el camino verdadero/ y he tenido presentes tus decretos.

Correré por el camino del Señor/ cuando me hayas ensanchado el corazón.

 

Tu palabra me da vida confío en ti, Señor.

Tu palabra es eterna,/ en ella esperaré.

Este es mi consuelo en la tristeza. Sentir que tu palabra me da vida.

Por las noches me acuerdo de tu nombre. Recorriendo tu camino dame vida

 

Tu palabra me da vida confío en ti, Señor.

Tu palabra es eterna,/ en ella esperaré.

Repleta esta la tierra de tu gracia. Enséñame, Señor, tus decretos.

Herencia son tus mandatos, alegría de nuestro corazón.

Tu palabra me da vida confío en ti, Señor.

Tu palabra es eterna,/ en ella esperaré.

 

Preguntas y propuestas para el trabajo en grupos

 

Tras estos y otros materiales, y desde un clima explícito de escucha, diálogo y oración, nuestro cuaderno sinodal 1, tema 3, sesión 1 formula, para el trabajo de los grupos, tres preguntas, cuyas respuestas, en su momento, se estudiarán y formarán parte de los siguientes pasos del camino sinodal.  Las preguntas han de ser respondidas, preferentemente, en grupo y recogidas las distintas respuestas.  

 

Estas son las preguntas:

 

1.- Para comprender que la Palabra de Dios es presencia de Dios, ¿cómo resuena vosotros la afirmación de san Jerónimo según la cual “Desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo”?

2.- ¿A qué causas achacas el poco conocimiento general de la Palabra de Dios por parte de los cristianos? 3.- ¿Cómo podemos paliarlo? Y en este sentido, ¿en qué medida que están ayudando los Grupos de Lectura orante y creyente de la Palabra de Dios presentes en la diócesis desde hace unos años?

 

Asimismo, se formulan estas cuatro propuestas:

 

(1) Un coloquio libre entre los miembros del grupo sobre la Palabra de Dios como VOZ, ROSTRO, CASA Y CAMINO.

(2) Que cada miembro del grupo destaque dos frases del Papa Francisco sobre la Palabra de Dios y diga por qué las destaca.

(3) Una lluvia de ideas de conjunto (una sola palabra y distinta) sobre lo que para cada miembro es la Palabra de Dios.

(4) Dos o tres subrayados a la cita propuesta del obispo acerca de la Palabra de Dios.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 13 de mayo de 2022

Jesús Francisco Andrés Andrés

Delegado de Pastoral de la Salud

 

 

Poco a poco vamos llegando al final del tiempo pascual. A lo largo de estas semanas Jesús nos ha ido acompañando y nos ha enseñado a vivir el lema del próximo domingo Sexto de Pascua en el que celebraremos la Pascua del Enfermo con el lema de “Acompañar en el sufrimiento”.

Desde el Domingo de Pascua – y siempre-  Jesús acompaña a los que sufren: a María Magdalena que llora junto a la entrada del sepulcro de Jesús “porque se han llevado a su Señor y no sabe dónde lo han puesto”.

A los discípulos que están encerrados en el Cenáculo por miedo a los judíos porque si al Maestro lo han crucificado... ellos pueden correr una suerte parecida.

A los discípulos de Emaús que abandonan Jerusalén porque ellos esperaban que Jesús iba a liberar a Israel... pero las cosas no han salido como ellos pensaban.

A los discípulos en el lago de Tiberiades que se pasan toda una noche trabajando y desanimados vuelven a la orilla con las manos vacias.

Jesús nos enseña cómo acompañar al que sufre llamando por su nombre al que llora, llevando la paz con su presencia a los que tienen miedo, caminando junto al que sufre y dejando que “suelte” todo lo que le atenaza en el corazón, ofreciendo un “detalle” a los que cansados se acercan a Él.

También nosotros tenemos la oportunidad, cada día, de acompañar al que sufre porque lo tenemos a nuestro lado: En nuestro bloque, en nuestro barrio, en nuestra parroquia, en nuestro trabajo, en nuestro grupo de amigos... Todos podemos ser acompañantes en el sufrimiento y dejar que otros nos acompañen cuando somos nosotros los que pasamos por un momento de sufrimiento.

Jesús nos ofrece las herramientas para poder hacerlo: nuestra persona, la Palabra de Dios, la escucha atenta, el caminar al paso del que sufre, el buscar medios para que el otro salga de esa situación de sufrimiento, sin juzgar, sin utilizar frases hechas ni “recetas mágicas” que no dicen nada.

En el mes de mayo, mes de María, no podemos olvidarnos de ella porque ella es también maestra que nos enseña a acompañar en el sufrimiento: con su presencia, con su saber estar en silencio, con su mirada atenta y su oración.

 

Por Alfonso Olmos

(director de la Oficina de Información)

 

 

 

He oído muchos testimonios sobre la vida del arzobispo emérito de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo Vallejo, durante estos últimos días. La última etapa de su vida se ha desarrollado en Guadalajara, donde falleció el 29 de abril.

No quiero hacer un balance de su historia humana, cristiana, franciscana y episcopal. Otros saben mucho más y, además, tendría que acudir a la hemeroteca. Pero sí quiero dejar un testimonio escrito de eso que he escuchado tanto al superior general de los Franciscanos de Cruz Blanca, el hermano Luis Miguel, al hermano Pablo, que lo ha cuidado desde hace décadas, y a otros muchos que le han atendido en los días previos a su muerte.

Generosidad, entereza, paz, serenidad, jovialidad, discernimiento, piedad, vitalidad, fe, entrega, son algunas de las palabras que les he oído referir del cardenal. Son muchos los que han recordado su buen hacer en el ejercicio del ministerio y sus palabras oportunas en cada momento y circunstancia.

Nuestra diócesis se vincula así más a la Iglesia en Sevilla. Su último arzobispo, el ya emérito Juan José Asenjo, nació aquí, en Sigüenza, el anterior, el cardenal Amigo, aquí ha muerto, en Guadalajara. Descanse en paz este hombre de fe, este cristiano recio, vallisoletano de origen y sevillano de pro, este “amigo” de los pobres, de los alejados, de los inmigrantes, de los cofrades, de todos los cristianos y de los que no lo eran. Descanse en paz este hombre de Dios.

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