Por Jesús Montejano

(Delegación de Piedad Popular, Cofrafías y Hermandandes)

 

 

Con la llegada del verano, nuestros pueblos se llenan de gente, que tras estos años de gran dificultad, se disponen a celebrar sus fiestas patronales.

La devoción a Cristo, a la Santísima Virgen y a los santos, patronos de los pueblos, son punto de encuentro, motivo de fiesta y expresión de fe. 

El encuentro entre personas es propio de nuestra naturaleza humana, que se fundamenta y expresa en la relación. El Evangelio también está lleno de encuentros del Señor con numerosas personas en las más diversas circunstancias, pero que siempre producen libertad y salvación. Por esto, podemos ver en nuestros re-encuentros estivales un valioso humus para la evangelización.

La fiesta expresa la alegría de existir, de ser hombre. Se realiza en comunidad y expresa lo que une a los que celebran la fiesta. Las fiestas patronales expresan la alegría de la fe, la alegría de protección y cuidado del Señor, de María y de los santos.

 

 

Expresar y manifestar la fe forma parte de la misma naturaleza de la fe. Esto lo ha asumido como una de sus características la religiosidad popular. En las fiestas patronales cada fiel expresa su devoción entre las formas tradicionales que ha recibido y el deseo de enseñarla y transmitirla a los hijos.

En sentido, y debido a los cambios tan grandes de las relaciones sociales hoy, las formas de devocionales pueden cambiar.

Pero no podemos olvidar en este sentido diversos criterios fundamentales como la sinceridad de la devoción, el explicar y argumentar bien los cambios, tener una clara referencia evangélica, un mayor compromiso fraterno y un deseo de evangelizar nuestra sociedad.

Las Juntas Directivas de las Hermandades y Cofradías tienen un papel fundamental en este sentido. Tanto sus reuniones como las Juntas Generales necesarias para mantener la esencia de la devoción y facilitar las nuevas expresiones de piedad, conformes siempre con ese deseo de facilitar una religiosidad más auténtica y sincera.

Felices Fiestas a todos.

 

Por Juan Pablo Mañueco

(escritor y periodista)

 

 

 

 

Disfruto de la paz en la paz.

La paz es el mayor bien del Paraíso.

La paz es otro de los nombres de Cristo,

¿verdad que sí, fray Luis de León, tan exacto, sabio, tan preciso?

 

Que la paz de Cristo esté con nosotros,

Que la paz con tu hermano te encuentre en ella circunciso.

Que la paz sea con vosotros, que la paz sea con vosotros.

Que la paz es Dios en la Tierra sírvanos estas rimas de aviso.

 

 

 

Juan Pablo Mañueco

Premio CERVANTES-CELA-BUERO VALLEJO, 2016.

Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

 

Vídeo autor:

https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0

Por Juan Pablo Mañueco

(escritor y periodista)

 

 

 

Quien se sale del redil

quien se sale del corral,

quien se sale del aprisco

cierto que lo pase mal.

 

Es la majada el ovil

de todo buen animal

político: aun si es vil

llega a barón principal.

 

Chiquero, cuadra, toril

que mueve oro, buen metal,

hato y refugio y prisión

regado por capital.

 

¡Y que es así siempre todo

dicta Historia en tribunal,

todo, todo, todo, todo

colectivo es majadal!

 

Sólo el cordero de Dios

no es rehala terrenal;

siendo aparente cordero

es luz, es siembra y es sal

 

de la tierra. Ya está libre

de pecado: A libertad

llega quien toma la cena

de ese cordero pascual

 

que se llama Jesucristo

y es a su iglesia leal.

¿Los demás? Meros apriscos

falso siempre su ritual,

 

que el cordero que nos salva

no es cordero ni es carnal,

que es el Espíritu humano

de Dios, siempre espiritual.



Juan Pablo Mañueco

Premio CERVANTES-CELA-BUERO VALLEJO, 2016.

Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

 

Poema del libro 'La ciudad de Dios'

https://aache.com/tienda/es/592-la-ciudad-de-dios.html

 

 

Vídeo autor:

https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0

 

 

Visita guiada a la exposición con el final del capítulo segundo y con los principales contenidos de los capítulos tercero y cuarto

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

«ATEMPORA, Sigüenza 2022. Segontia entre el poder y la gloria», ante el 900 aniversario de la reconquista de Sigüenza y restauración de la histórica diócesis de Sigüenza.  Este el título y el tema de la nueva exposición que la catedral de Sigüenza, en iniciativa conjunta con el gobierno regional, alberga desde la tarde del pasado viernes 22 de julio.

La exposición se puede visitar todos los días de la semana en horario de 10:30 a 14 horas y de 16 a 19 horas. El precio por persona es de 8 euros. Se puede reservar la entrada en el teléfono 662 1875 08.

La pasada semana recorríamos los primeros primero y segundo, deteniéndonos especialmente en santa Librada. Ahora comenzamos esta segunda entrega concluyendo el capítulo segundo o bloque B. Lleva por título «La restauración de la sede episcopal de Segontia». Comienza en la sala románica o histórica sala capitular de la panda este del claustro, entra en la catedral por la puerta del Jaspe, recorre el brazo del crucero norte (santa Librada) y se adentra en la girola.

 

Don Bernardo de Agén

 

Y allí, al comienzo de la girola, correspondiente al norte de la catedral, nos detenemos frente al sepulcro del obispo reconquistador de la ciudad y restaurador del Obispado, el monje cluniacense Bernardo de Agén, obra muy posterior a su muerte, como luego se dirá.

Don Bernardo de Agén fue el obispo de la restauración diocesana en el siglo XII, a partir de 1124, en que, tras la reconquista de la ciudad, comenzó su ministerio episcopal en ella y en la diócesis. Falleció en 1152. Fue enterrado en esta catedral, cuya construcción él inició.

Bajo su estatua yacente, en la girola, entre la sacristía menor y la sacristía de las cabezas, vemos una larga inscripción que comienza con estas palabras: «Aquí yace don Bernardo, natural de la ciudad de Aquino, del Reino de Francia, capiscol de Toledo, y después que España se restauró de los moros, cuando el Rey don Rodrigo la perdió, fue el primer obispo de Sigüenza».

El sepulcro, «uno de los monumentos más venerables de la catedral», en palabras del historiador Manuel Pérez Villamil, fue ejecutado, en estilo gótico tardío por Martín de Lande, en 1499, y se halla entre la sacristía menor o de los Mercedarios y la sacristía mayor o de las Cabezas, en el comienzo de la girola, según la nave del Evangelio. La fotografía que acompaña estas líneas es de David Blázquez.

 

Sepulcro del obispo Bernardo de Agén

 

Pedro de Leucata y san Martín de Finojosa

 

Frente a don Bernardo, en la exposición vemos en un monitor de televisión el sepulcro del obispo don Pedro de Leucata, también de origen aquitano (actual Francia), su sucesor, entre los años 1152 y 1156, al frente del obispado seguntino, cuya sepultura se localiza en la capilla mayor del templo.

Cierra el conjunto la memoria, mediante dos grandes obras históricas y artísticas, de fray Martín de Finojosa, monje cisterciense, también obispo de Sigüenza, a finales del siglo XII (en los años, 1186 a 1192, concretamente), que renunció al cargo por voluntad propia, siendo posteriormente canonizado.  La talla expuesta, perteneciente al patrimonio catedralicio, es una espléndida escultura barroca de finales del siglo XVII, ejecutada con ocasión de su canonización, que, en los últimos años, tras permanecer durante siglos en el Relicario o Capilla del Espíritu Santo, se halla en el retablo mayor de la catedral, debajo del tabernáculo eucarístico del gran retablo de Giraldo de Merlo (1610)

También podemos contemplar de manera excepcional su báculo, una auténtica joya del arte medieval, que se conserva habitualmente en el monasterio de Santa María de Huerta, del que también fue abad y donde está enterrado.

 

La Universidad de Sigüenza en la Sacristía de las Cabezas

 

Comienza el tercer capítulo de la exposición, ubicado en la siempre extraordinariamente bella Sacristía de las Cabezas, obra del esplendor del renacimiento seguntino, época también de esplendor de su universidad.

Y este tercer capítulo está dedicado a una de las instituciones más importantes en la historia de la ciudad: la Universidad. Nos recibe un mapa esquemático de la Península Ibérica a finales del siglo XV donde podemos ver las escasas universidades creadas hasta ese momento. En este apartado vemos los rostros de las tres figuras clave para la creación de la universidad seguntina en 1489: Juan López de Medina, Pedro González de Mendoza y Francisco Jiménez de Cisneros.

Tras su fundación en el siglo XV, la Universidad de Sigüenza vivió años de apogeo que permitieron ampliar el número de facultades y estudios que era posible cursar entre sus muros, destacando la incorporación de la Facultad de Medicina. A ella precisamente debió pertenecer la calavera que se expone en esta sala y que se nos muestra llena de anotaciones como si de un libro se tratara.

Preside el este de la sala un impresionante cuadro de Fernando VII, lienzo ejecutado por Zacarías González Velázquez, pintor de cámara y director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, algunas de cuyas obras se pueden ver hoy en el Museo del Prado, y que aquí representa la petición al rey de reapertura de la Universidad de Sigüenza, que por falta de medios y alumnos había sido disuelta en 1807. Sin embargo, el estallido de la guerra de la Independencia en 1808 hizo que sus antiguos estudiantes y profesores tomaran las armas en favor del retorno de Fernando VII.

Sus numerosos méritos militares favorecieron la reapertura de la Universidad en 1814, una vez acabada la guerra.  Sin embargo, el ministro Francisco Tadeo Calomarde incorporó el Colegio San Antonio Portaceli a la Universidad de Alcalá de Henares, en 1824, hasta la definitiva supresión de ésta, en 1836.

 

Cristo crucificado y su madre María, en la girola

 

El capítulo cuarto de la exposición, en la girola, hace un recorrido sobre imágenes de Cristo crucificado y su madre María, en el arte medieval.

Durante la visita, a la izquierda de la girola, pueden ver los cinco retablos habitualmente presentes en esta zona (dedicados a san Ildefonso de Toledo, san Felipe Neri, Virgen del Rosario, san roque y san Pedro Arbués), mientras que a su derecha podrá contemplar las vitrinas de una sección donde se aborda la evolución artística del medievo y su reflejo en la diócesis de Sigüenza a través de dos de los temas más recurrentes en el arte cristiano: el Cristo Crucificado y la Virgen con el Niño.

Abren el bloque varias imágenes del Cristo Crucificado, las más antiguas que se conservan en la diócesis, presididas por el llamado Cristo de los 4 clavos, que proviene del museo de la Trinidad de Atienza. Precisamente será este detalle uno de los que caractericen a la representación de la crucifixión en esta fase más antigua, frente a los 3 clavos que se usarán a partir del siglo XIII en adelante, como podemos ver en los Cristos crucificados mostrados en el resto del bloque, entre ellos uno, espléndido, procedente de Madrigal.

Nadie sabe a ciencia cierta cuántos clavos se usaron para crucificar a Jesús, pero los artistas medievales encargados de representar este crucial episodio tuvieron que enfrentarse a este y otros dilemas, cuya respuesta fue variando con el paso de los siglos. Entre las tallas de Cristo crucificado, sobresale la de Alejo de Vahía, de la segunda parte del siglo XV, del patrimonio catedralicio y espléndidamente restaurada para la exposición. Aparece en este artículo fotografía de esta talla. El autor de la fotografía es David Blázquez.

 

Cristo de Alejo de Vahía

 

La exposición incluye la visita, también en la girola, de la capilla del Cristo de la Misericordia, con una impresionante talla del Señor, del mismo nombre. En 2021, Obispado, Diputación y Catedral hicieron posible la rehabilitación integral de esta capilla, en su interior y exterior, incluidas bóveda, tejado y talla.

Un lienzo de la catedral con la Crucifixión del Señor, atribuido a Pedro de Andrade, aunque quizás su autor sea Juan de Madrid, se ha ubicado en la exposición a la derecha, según se entra a la capilla del Cristo de la Misericordia.         

Junto a la crucifixión de Cristo nos encontramos con la representación de la Virgen María con el niño Jesús. Empezamos con las tallas más antiguas, donde vemos a una Virgen María que mira al frente, hacia el espectador, como el propio niño Jesús. Sin embargo, según avancemos en el tiempo, nos encontraremos con una Virgen y con un niño más realistas, más expresivos. Algo que podemos ver con total claridad al final de este bloque, con la llamada Virgen del Cepo (o Virgen de la Leche), obra ya del siglo XVI, en la que madre e hijo se miran mutuamente con especial ternura.   

Otra imagen del patrimonio catedralicio, restaurada magníficamente para la ocasión, que se puede contemplar en este capítulo cuarto es la imagen gótica de la Virgen de la Paz. Su emplazamiento originario es la capilla a ella dedicada en la panda este del claustro, sala también llamada de Grados de la universidad seguntina y sala capitular de verano. La Virgen de la Paz en la exposición está situada en la exposición frente a la capilla del Cristo de la Misericordia.

Con la antes citada Virgen de la Leche o del Cepo, ya en el crucero sur, junto al comienzo de la verja del coro, concluye el capítulo cuarto de la exposición.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 5 de agosto de 2022

Visita guiada a la exposición en sus capítulos primero y segundo e información detallada sobre santa Librada y también la Virgen de la Mayor

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

ATEMPORA, Sigüenza 2022. Segontia entre el poder y la gloria”, ante el 900 centenario de la reconquista de Sigüenza y restauración de la histórica diócesis de Sigüenza.  Este el título y el tema de la nueva exposición que la catedral de Sigüenza, en iniciativa conjunta con el gobierno regional, alberga desde la tarde del pasado viernes 22 de julio. El obispo diocesano, Atilano Rodríguez, acompañado del presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y de otras autoridades civiles y eclesiásticas, preside el acto.

Los seis bloques temáticos llevan por título “Segontia, entre las tinieblas de la historia”, “La restauración de la sede episcopal de Segontia” (esta en cuatro apartados), “La Universidad de Sigüenza”, “Arte medieval cristiano en la diócesis de Sigüenza”, “Tiempos de cambios: la edad de oro seguntina” y “El legado del señorío episcopal medieval de Sigüenza”.

A través de 178 piezas, la exposición remarca el vínculo de una ciudad con la religión, con la cultura, con el espíritu y con el poder y, todo ello, en un marco inconfundible como es la catedral de Sigüenza.

El recorrido por esta muestra artística permite conocer la historia de la ciudad de Sigüenza y su comarca, desde sus orígenes más remotos en la Edad del Hierro, hasta finales del siglo XVIII. Un viaje en el tiempo de más de 2.300 años que comienza en la puerta de san Valero, de acceso al claustro, al comienzo de la nave del evangelio, frente a estas dos colosales esculturas de los arcángeles Gabriel y Miguel, tallas barrocas, del patrimonio catedralicio y restauradas con ocasión de la exposición.

 

“Segontia, entre las tinieblas de la historia”

 

En el nacimiento del río Henares, que está flanqueado al norte por el río Salado y al sur por el río Dulce, es donde comienza la historia de Sigüenza, pero bajo otro nombre: Segontia.  

Por las fuentes romanas. sabemos que este territorio estuvo dominado por la tribu de los arévacos, un pueblo guerrero de la Celtiberia. Muchos son los restos que en esta zona han llegado hasta nosotros. La exposición muestra algunos de los vestigios recuperados por el Marqués de Cerralbo, en excavaciones llevadas a cabo a principios del siglo XX. Espadas y puntas de lanza recuerdan el carácter guerrero de este pueblo, mientras que broches, vasijas y fusayolas hablan de la vida cotidiana más allá de la guerra. De este periodo sabemos que hubo en la Península Ibérica varias ciudades fortificadas bajo el nombre de Segontia. Una de ellas se situaría en esta comarca. Sin embargo, no hay consenso entre los investigadores sobre su emplazamiento exacto, cuestión que sigue siendo, hoy día, un misterio.

Tras la caída de Numancia, en vecina provincia de Soria, en el año 133 antes de Cristo, toda esta comarca pasará a manos de los romanos. No sabemos cuál fue el destino de la Segontia de los arévacos. Posiblemente fue destruida, saqueada o abandonada, como tantas otras poblaciones de Iberia. Lo que sí sabemos es que varios siglos después, durante el Imperio romano, los textos latinos mencionan la existencia de un lugar o quizá ciudad llamada Segontia en estas tierras. Su ubicación exacta, de nuevo, es desconocida. Quizás esté aquí, bajo nuestros pies, quizás unos pocos kilómetros al este, bajo la ermita de los Quintanares, en Horna y próxima al nacimiento del Henares. Solo nuevas excavaciones arqueológicas podrán resolver el misterio.  

Después de la caída del Imperio romano, y tras algunos años de caos, los visigodos lograron imponer la paz y el orden en el interior peninsular. La Segontia romana pasó a ser la Segontia visigoda, cabeza de un Obispado, como consta por las fuentes escritas firmadas también por los obispos de Segontia, que participaron en los decisivos concilios de Toledo desde el siglo VI al siglo VII. En toda esta comarca han aparecido numerosos restos de época visigoda. Los más importantes en la cercana villa de Palazuelos, donde el Marqués de Cerralbo y sus colaboradores desenterraron las piezas que puede contemplar aquí: broches de cinturón, imperdibles, cuchillos, anillos, cuentas de collar y otras piezas nos hablan de estas gentes.   

El reino visigodo no pudo soportar el empuje de las huestes musulmanas, que hacia el año 714 conquistaron el territorio donde nos encontramos, creando un sistema de pequeñas aldeas y torres vigía. La antaño importante ciudad de Segontia empezará a desvanecerse frente al poder emergente de otras poblaciones cercanas, como Atienza o Medinaceli. Del periodo andalusí conservamos algunos restos que han sido localizados en la comarca, como estas vasijas procedentes de Guijosa o el dedal de guarnicionero hallado en la torre de Mojares.

 

Transición temporal hasta el siglo XII

 

Concluido este primer capítulo de la exposición, situado en la panda oeste de la catedral, ya en la panda norte, aparecen, en grandes figuras, algunos de los personajes clave para la historia de Sigüenza entre los siglos XI y XII, un periodo marcado por la guerra entre cristianos y musulmanes y por el nacimiento de personajes como Rodrigo Díaz, más conocido como el Cid.

El visitante a la exposición podrá, además, visitar las tres grandes salas de esta panda norte de la catedral: sala de banderas históricas, sala de los tapices barrocos (colección de Palas Atenea) y la capilla de la Concepción con su espléndida bóveda gótica y el magnífico cuadro de El Greco dedicado a la Anunciación y Encarnación del Señor.

 

“La restauración de la sede episcopal de Segontia”

 

Ya en la panda este del claustro, en su mitad, es preciso hacer parada ante sendas recreaciones de don Bernardo de Sedirac, primero de Toledo, y don Bernardo de Agén, primer obispo de Sigüenza, tras el periodo de dominación musulmana y, según la tradición, conquistador de la ciudad en el año 1124. Lo cierto es que es difícil saber cuál era la situación de este territorio a comienzos del siglo XII, pero un documento firmado por la reina doña Urraca afirma que se encontraba “destruido y asolado”.   

Esta estancia, la sala románica o histórica sala capitular, está dedicada a la construcción de la catedral de Sigüenza; y, de hecho, se trata de una de las salas más antiguas conservadas en este monumental edificio. Aquí podemos ver algunos de los instrumentos usados en su construcción, junto a dos magníficas maquetas que nos ilustran acerca de cómo fue creciendo el templo durante la Edad Media, en sus fases románica primero, y gótica después. También podemos contemplar varias cabeceras de tumbas medievales, llamadas estelas, aparecidas durante las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el lado sur de la catedral y en el actual barrio de San Roque, situado al norte.

 

Centralidad de santa Librada en la exposición

 

Don Bernardo de Agén, nacido en la zona centro-sur-oeste, en la región de la Aquitania, en la actual Francia, entre Tolosa y Burdeos, trajo consigo a Sigüenza los restos de una santa mártir, concretamente de santa Librada, para animar a los peregrinos de todo el mundo a viajar hasta la recién conquistada y repoblada ciudad de Sigüenza. Además, era preceptivo consagrar las catedrales con las reliquias de un santo, a poder mártir.

Santa Librada fue martirizada por degollación, probablemente durante la persecución del emperador Diocleciano, entre los años 303 y 313. Todos los documentos la identifican con el nombre de Librada y la vinculan estrechamente con el obispo don Bernardo. Ambos eran paisanos, de la región francesa de Aquitania. A día de hoy y con práctica y moral seguridad, sabemos que don Bernardo era de la ciudad de Agén y la ciudad de santa Librada (Sainte Livrade sur Lot) se halla a tan solo 30 kilómetros de distancia, en el medio de una naturaleza muy pródiga en ciruelos.

Según el historiador por excelencia de los obispos y de la diócesis de Sigüenza, fray Toribio de Minguella y Arnedo, el obispo Bernardo trajo a Sigüenza las reliquias de su paisana santa Librada, aprovechando un viaje que hubo de realizar a Francia, concretamente a noroeste del país, para asistir al Concilio provincial, no ecuménico o universal, de Reims, del año 1131, convocado para deponer al antipapa Anacleto II y confirmar al papa legítimo Inocencio II.

Las reliquias de santa Librada hubieron de estar presentes junto al altar de la consagración de la catedral, el 19 de junio de 1169, celebración presidida por el cuarto obispo de Sigüenza tras la reconquista, Joscelmo Adelida (1168-1178). Posteriormente, su emplazamiento fue tras la tumba del sucesor de don Bernardo, en la capilla mayor, el obispo Pedro de Leucata (1152-1156). Y después, el obispo Simón Girón de Cisneros (1301-1326) dotó a las reliquias de una arqueta de plata. Dos siglos después, el obispo Fadrique de Portugal (1519-1532) mandó erigir en el brazo o transepto norte del crucero de la catedral un extraordinario conjunto artístico y religioso, sobre todo de estilo plateresco, dedicado a santa Librada. A partir de este retablo, la traslación de las reliquias de santa Librada a su nuevo altar, en el centro del mismo, en su parte superior y debidamente protegido por una espléndida reja, está datada el 15 julio de 1537, siendo ya obispo de Sigüenza el cardenal García de Loaisa (1532-1540), el sucesor inmediato de don Fadrique.

Ahora, en la exposición, la arqueta de plata se expone al pie del altar de la santa. Tras siglos, dicha arqueta de plata del siglo XIV puede ser ahora contemplada.

 

 

Y también de la Virgen de la Mayor

 

En el citado viaje de 1131, a su regreso a Sigüenza, su obispo Bernardo de Agén trajo también consigo una imagen mariana, a quien después se lo conoció y conoce como la Virgen de la Mayor, patrona principal de Sigüenza.

La catedral de Sigüenza cumple asimismo el requisito de ser catedral mariana desde sus mismos albores. Y la talla de la Virgen, que durante los más de ocho siglos y medio de historia catedralicia y que es objeto principal de devoción, es una imagen traída por el obispo Bernardo.

Se trata de una talla inicialmente románica del siglo XII, esculpida en madera de ciprés, que fue modificada en varias ocasiones, adquiriendo, a partir del siglo XIV, también por a instancias del obispo ya citado Simón Girón de Cisneros, una configuración más gótica, esbelta, elegante y risueña.

La imagen es de las llamadas «vírgenes sagrario», pues tiene una portezuela en la espalda donde se reservaba el Santísimo y se portaba los santos óleos. Es, por ello, imagen también llamada «socia belli» (compañera de batalla), ya que consta que acompañó a don Bernardo en sus incursiones castrenses para recuperar el territorio diocesano

Es la llamada Virgen de la Mayor –también simplemente Nuestra Señora-, con fiesta el domingo siguiente a la Asunción y a san Roque, fiesta precedida por un solemne novenario y coronada con la procesión de los Faroles.

 

 

Desde la segunda mitad del siglo XVII, un espléndido retablo barroco, mandado hacer por el obispo Andrés Bravo de Salamanca (1662-1668) y ejecutada por Juan de Lobera, alberga la venerada imagen de la Virgen de la Mayor, cuya advocación responde, con toda seguridad, al hecho de que desde el siglo XII al siglo XVII, (quinientos años) estuvo en la capilla mayor del templo, de donde hubo de desplazarse hacia 1610, al erigirse allí el retablo mayor, obra de Giraldo de Merlo.

Como es obvio, el visitante a la exposición puede también visitar la capilla mayor y su retablo y el altar de la Virgen de la Mayor.

 

Artículo publicado en 'Nueva Alcarria' el 29 de julio de 2022

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