Por Alfonso Olmos

(director de la Oficina de Información)

 

 

Poco ha durado la última, o no, salida de tono de los que, enarbolando la bandera de la igualdad, pretenden imponer sus doctrinas, en vez de ofertarlas en el libre mercado.

“La fe no se impone, se propone” decía Juan Pablo II en Cuatro Vientos la última vez que vino a Madrid, en mayo de 2003. Sin embargo, los talibanes civiles revestidos de prepotencia pretenden imponer su agenda, perfectamente pautada, que en ocasiones como esta, gracias a Dios, encuentra el rechazo social.

A nadie se le escapa que el 25 de diciembre es Navidad. El otro día oía yo a un joven paseando en la “feria” navideña de Guadalajara decir a la chica con la que iba de la mano: “yo soy ateo, pero pongo el Belén y el árbol; una cosa no tiene que ver con la otra”. ¡Hombre! Algo tiene que ver, pensé yo, pero el chico argumentaba después que “son elementos de nuestra cultura que no hay que perder”. En eso le doy la razón.

No sé ni en qué, ni en quién cree la comisaria de igualdad de la Comisión Europea, Helena Dalli, lo que sí sé es que, entre la diversidad cultural europea, algunos cristianos hay, más de los que ella, quizá, quisiera que hubiera en este viejo continente y que, posiblemente, otro lobby tan poderoso como el que abandera ella, le habrá dicho que la Navidad, además de la celebración del nacimiento de Jesucristo, es un hecho con una trascendencia y relevancia tal, que es mejor que se muerda la lengua y se esté calladita.

El globo sonda filtrado por algún medio, con esas meditadas recomendaciones, ha servido para que algunos se reafirmen en sus creencias y convicciones. No vendría mal que, además, se viviera más cristianamente esa celebración para no tener que estar recurriendo a otros argumentos, para defender lo evidente.

Felices fiestas de diciembre con motivo del Día de la Constitución y de la Inmaculada, y Feliz Navidad.

Este viernes 3 de diciembre es san Francisco Javier, jesuita de primerísima hora, patrono universal de las misiones, otro santo que no pasa de moda

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

El 7 de abril de 1506, en el castillo de Javier (Navarra), entre Sangüesa y el monasterio de Leyre, en el seno de una familia noble nació uno de los personajes más universales de toda la historia y cultura de la humanidad. Su padre, Juan de Jasso, era presidente del Real Consejo del Rey de Navarra, Juan III de Albret. Su madre fue María de Azpilicueta, que pertenecía a una aristocrática familia de la que formó parte Martín de Azpilicueta y Jaureguízar, sacerdote, teólogo, filósofo y economista español, llamado doctor navarrus.

Era el benjamín de cinco hermanos: Magdalena, Ana, Miguel, Juan. Fue bautizado con el nombre de Francisco, pero ha pasado a los anales de la historia como Francisco Javier o Francisco o de Javier.

Su niñez estuvo marcada por la conquista del Reino de Navarra por parte del Reino de Castilla. Su familia estuvo muy involucrada en la defensa de la independencia de la primera.

¿En qué medida estas circunstancias marcaron la vocación de Francisco? Todavía le quedaba en el camino una ciudad, una persona y una misión que marcaron y cambiaron su vida e hicieron de él el apasionado por Jesucristo, el plusmarquista de Dios, el divino impaciente, el misionero encarnado desde el más acá en el más allá y más lejos, en el aventuro del Evangelio.

 

 

En la Sorbona de París

Tras estudiar en distintas ciudades navarras y debido a sus aptísimas cualidades intelectuales y también físicas, Francisco decide marchar a París para estudiar en la Universidad de la Sorbona.

En París, en 1528, se instaló a vivir en el barrio de Montmartre. Y en esta ciudad y en este barrio, en 1529, conoció a la persona clave para el cambio radical de su vida: Íñigo de Loyola (san Ignacio de Loyola). También comenzó su amistad con el saboyano Pedro Fabro.

En el proceso de conversión de Francisco Javier fue decisiva la continua apelación que Ignacio le dirigía, con estas palabras del evangelio: “¿De qué te sirve ganare el mundo, si pierdas tu alma?” (Mateo 16, 26).

Y fue allí, en París, donde, junto a Íñigo de Loyola y Pedro Fabro, y cuatro compañeros, más que llegaron a la capital gala, los españoles Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Nicolás de Bobadilla y el portugués Simón Rodrigues, constituyeron, bajo el liderazgo de Ignacio, el embrión de la Compañía de Jesús.

 

Nace la Compañía de Jesús

 Fue el 15 de agosto de 1534, en la cripta de los Mártires de Montmartre  donde emitieron los tres votos tradicionales de la vida religiosa (pobreza, castidad y obediencia), a la vez que añadieron un cuarto voto: peregrinar a Tierra Santa, tal y como previamente, en 1523, había hecho san Ignacio, en peregrinación que resultó decisiva en su proceso definitivo de conversión, comenzado en la primavera de 1521 en Pamplona  y proseguido, durante más de un año, en Loyola, Montserrat, Manresa y Barcelona.

Con todo, decidieron esperar antes viajar al País de Jesús hasta que las condiciones políticas (Tierra Santa era territorio musulmán) lo permitieran.  Francisco permaneció en París.

En 1537, los siete compañeros, los siete primeros jesuitas, se reencontraron en París y viajaron a Italia, para ser ordenados sacerdotes y viajar desde Venecia a Tierra Santa. Llegaron primero a Roma, donde fueron recibidos por el Papa Paulo III. Marcharon a Venecia, donde fueron ordenados sacerdotes el 24 de junio de 1937. Pero la “nave peregrina” (la embarcación que les habría llevado a Tierra Santa) no pudo partir porque Venecia había entrado en guerra con Venecia.

 

Ante la tardanza e imposibilidad del viaje, vuelven a Roma y se ofrecen al Papa para ser enviados a cualquier otro lado. Reformularon el cuarto voto jesuítico, que pasa a ser un voto de obediencia especial al Papa; y aquellos primeros siete jesuitas decidieron, aunque en comunión y comunicación, partir cada uno de ellos a evangelizar a distintas partes del mundo. Ignacio se quedó en Roma e institucionalizó la fundación de la Compañía de Jesús, que fue aprobada por el Papa Paulo III el 27 de septiembre de 1540, mediante la bula “Regimini militantis ecclesiae” (“Por el gobierno de la iglesia militante”). ¿Y que fue entonces de Francisco Javier?

 

Destino previo: Portugal

De Roma, en 1540, Francisco Javier partió hacia Lisboa en 1540. El jesuita del alba, que quería ganar el mundo ya no para él, sino para Jesucristo y para la misión evangelizadora, comenzará a ser, de hecho y de derecho, contemplativo en la acción, una célebre máxima ignaciana que Francisco Javier encarnó de modo tan excelente.

El viaje a Portugal se debió a la solicitud del embajador portugués en Roma, Pedro de Mascarenhas, que pidió en nombre del Rey Juan III de Portugal a Ignacio de Loyola algunos hombres suyos para enviarlos a las Indias Orientales. Para ese viaje, Francisco Javier fue nombrado por el Papa legado Paulo III legado apostólico para las tierras del Mar Rojo, del Golfo Pérsico y de Oceanía, a uno y otro lado del Ganges.

El viaje a Lisboa fue por tierra y paró en Azpeitia (Guipúzcoa), para entregar cartas de Ignacio de Loyola a su familia. En Lisboa, permaneció un tiempo hasta que pudo embarcarse hacia las Indias orientales y mientras tanto no paró ya de predicar el Evangelio y servir a los pobres de la ciudad.

 

Primer destino: Mozambique e India

El 7 de abril de 1541, día en Francisco Javier que cumplía 35 años, salía la expedición, que le llevó, el 22 de septiembre, a Mozambique, y donde permaneció hasta febrero de 1542. En esa estancia en Mozambique, ayudó en el hospital y percibió la realidad del trato inhumano que recibían las personas de color negro, lo cual le lleva a tener los primeros enfrentamientos.

Después de efectuar escalas en Melinde y Socotora, llegó a Goa (ciudad que luego sería capital de la India Portuguesa) el 6 de mayo de 1542. Preparó un texto divulgativo basado en el catecismo de Juan Barros y comenzó a predicar el Evangelio, a la vez que asistía a moribundos, visitaba a presos y socorría a pobres. Asimismo, aprendió la lengua nativa del país.

Tras rechazar el puesto de director del seminario de San Pablo, se embarcó, en octubre de 1542, para las islas de la Pesquería, en la costa de Goa, donde permaneció más de un año. Evangelizó a los indios Paravas y recorrió las ciudades de Tuticorrín, Trichendur, Manapar y Combuture. Además, aprendió tamil y tradujo a esa lengua parte de los textos cristianos y una plática sobre el cielo y el infierno.

En noviembre de 1543, se encontró con sus compañeros Micer Paulo y Mansilla en Goa y se entrevistó con el obispo de la ciudad, Juan de Alburquerque, para pedirle misioneros. El obispo destinó a 6 sacerdotes para esa labor, y con todos ellos, regresó las islas de Pesquería.

En la costa de Pesquería de Perlas, estableció un sistema de asignación de territorios a un responsable, quien debía mantenerle informado del devenir de la misión. Una vez organizado ese territorio, partió hacia Manapar y el distrito sur, donde permaneció un mes con los makuas, bautizando a más de 10.000 personas. Durante 1544, realizó más de veinte viajes de evangelización.

 

Segundo destino: Islas Molucas (Indonesia)

En 1545, partió a las Islas Molucas en compañía de Juan Eiro. Tras aprender lo más básico del idioma y de la cultura locales, tradujo, ayudado por nativos, los principales textos del cristianismo.

En enero de 1546, viajó las Islas de Amborio y Ternate. Recorrió diferentes islas de la región y en Baranula (Ceran), según cuenta la tradición, un cangrejo le devolvió el crucifijo que había perdido durante una tempestad.    

En junio del mismo año, arribó a Ternate, permaneciendo en ella tres meses. De allí partió a las Islas del Moro, donde pasa otros tres meses. De las Islas del Moro regresó a Goa en 1548.

 

Tercer destino: Japón

El Domingo de Ramos de 1549 puso rumbo hacia Japón, junto a sus compañeros Cosme de Torres y Juan Fernández y el traductor Anjirō. Llegó a tierras niponas el 15 de agosto. Desembarcaron en Kagoshima, entonces capital del reino sur del Japón. Permaneció en esta ciudad durante un año y por tierras japonesas durante dos años y tres meses.

En colaboración de su compañero Pablo de Santa Fe, evangelizó por tierras niponas e hizo traducir los artículos de la fe, que se aprendió de memoria y solía recitar por doquier y en cualquier lugar y ante cualquier auditorio y, ante las preguntas de los interlocutores, se valía de un intérprete.

Fundó una pequeña comunidad cristiana en Hirado y evangelizó en Saka, Meaco y Yamaguchi, obteniendo del príncipe la garantía de respeto a los conversos al cristianismo. Muchos de los convertidos eran samuráis. La oposición del clero local, los bonzos, fue siempre fuerte.

En septiembre de 1551, predicó en Bungo, pero pronto hubo de regresar a India, territorio que ha sido erigido en provincia jesuítica independiente de Portugal con él como superior provincial. Pero, divino impaciente, siempre más lejos y más allá, quería seguir evangelizando el continente asiático y se fijó la meta de la llegar a China.

 

Cuarto destino: el sueño de China

El 14 de abril de 1552 se embarca hacia la soñada y hasta imposible misión en China. Le acompañaron en la aventura el sacerdote Gago, los hermanos Álvaro de Ferreira y Antonio de Santa Fe (que era de origen chino) y un servidor indio llamado Cristóbal.

A finales de agosto de 1552, llegó a la isla de Shangchuan (en castellano, Sanchón o Sancián, provincia de Cantón, en aguas del mar de la China Meridional, frente a la costa del sur de China).  Y mientras esperaba la llegada de un barco chino, que debería introducirles, clandestinamente, en el continente, le llegó la muerte.

 

Cinco y último viaje: la gloria de la eternidad

Fue, al alba, del sábado 3 de diciembre de 1552 cuando Francisco Javier fallecía, a los 46 años. "Madre de Dios, ten misericordia de mí... Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí" fueron sus últimas palabras. Concluía así la vida de quien había recorrido 120.000 kilómetros, como tres veces la tierra entera, para predicar y servir el Evangelio.

Su cuerpo fue trasladado a Goa (India), donde llegó en la primavera de 1554, siendo enterrado, en olor de multitudes y de santidad, en esa ciudad. Posteriormente, un brazo con la mano incorruptos del santo fue trasladado a Roma, a la iglesia jesuítica del “Gesu” y desde donde, periódicamente, peregrina por todo el mundo.

El 25 de octubre de 1619 fue beatificado por el Papa Paulo V y dos años y medio después, el 12 de marzo de 1622, fue canonizado por el papa Gregorio XVI, junto a san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Isidro Labrador y san Felipe Neri.

En 1748 fue declarado patrono de todas las tierras al este del cabo de Buena Esperanza. En 1904, el Papa san Pío X lo nombró patrono de la Obra de la Propagación de la Fe (el DOMUND). En 1927, el Papa Pío XI le designó patrono de las Misiones, junto a santa Teresita del Niño Jesús. En 1952, el Papa Pío XII lo proclamó patrono del turismo. Es también patrono de la Rama Caminantes dentro del Movimiento Scout católico y patrono de Navarra. Su festividad litúrgica se celebra el 3 de diciembre, en coincidencia con el día de su muerte.

 

 

 

 

PUBLICADO EN NUEVA ALCARRIA 3 DICIEMBRE 2021

Al hilo de la fase en las diócesis del Sínodo de los Obispos, que en nuestra diócesis plantea dos preguntas, que hay responder hasta el 30 de noviembre

 

Por Jesús de las Heras Muela

(Periodista y sacerdote. Deán de la catedral de Sigüenza)

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta página de Religión de NUEVA ALCARRIA presentó, en forma de diez preguntas con sus diez respuestas, la convocatoria que el Papa Francisco ha dirigido a toda la Iglesia de un sínodo universal, en cuya fase diocesana nos hallamos desde los días 16 y 17 de octubre. Lógicamente, nuestro obispo secunda la iniciativa.

Dos semanas más tarde, volvimos al tema con distintos materiales que se ofrecen a las parroquias para la reflexión, la oración, el diálogo y la formulación concreta de las dos preguntas o consultas que la Santa Sede plante de cara al Sínodo de los Obispos, cuya fase celebrativa será en octubre de 2023, pero que ya ha comenzado con la fase en las diócesis

Las dos respuestas a estas consultas se han de enviar antes del 30 de noviembre de 2021 por correo ordinario a las siguientes direcciones: Obispado-Consulta para el Sínodo de los Obispos; C/ Mártires Carmelitas 2, 19001 GUADALAJARA o al correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

A fin de contribuir a la necesaria sensibilización y participación, ofrecemos hoy un nuevo artículo sobre el tema, centrada en la identidad, naturaleza y misión del Sínodo de los Obispos, con un recorrido también por su trayectoria desde 1965.

 

 

Decisión del Papa Pablo VI y fruto del Concilio Vaticano II

En el espíritu del Concilio Vaticano II, nacían, a través de la carta apostólica dada en forma de motu propio del Papa Pablo VI Apostolica sollicitudo (15 de septiembre de 1965), los Sínodos de los Obispos. Era el año 1965. El mismo Pablo VI definía precisa y espléndidamente qué es un Sínodo: «Es una institución eclesiástica establecida tras el Concilio Vaticano II para favorecer la unión y la colaboración de los obispos de todo el mundo con la Sede Apostólica, mediante un estudio común de las condiciones de la Iglesia y las soluciones pertinentes sobre las cuestiones relativas a su misión. No es un Concilio, no es un Parlamento, sino que el Sínodo tiene su propia y particular naturaleza». Son palabras pronunciadas por el Papa Montini tras el rezo del ángelus del 22 de septiembre de 1974.

El Sínodo es, pues, un instrumento de colegialidad y comunión para la misión. Es un organismo no de carácter decisorio, sino consultivo. Y para su validez ha de ser convocado, presidido y ratificado por el Romano Pontífice.

Ya con Francisco, hay dos documentos capitales para el fortalecimiento y ampliación de competencias del Sínodo de los obispos: el discurso en el 50 aniversario de la instauración del Sínodo de los Obispos (17 de octubre de 2015) y la constitución apostólica Episcopalis conmunio (15 de septiembre de 2018).

Además, la Comisión Teológica Internacional publicó el 2 de marzo de 2018 el importante documento «La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia».

 

 

El Sínodo es «caminar juntos»

Una «expresión particularmente fructuosa» y «un instrumento de la colegialidad episcopal». Así definía al Sínodo de los Obispos el Papa Juan Pablo II en 1983. La etimología de la palabra «Sínodo» es de origen griego: «syn» signfica «juntos» y «hodos» significa «camino».

El Sínodo es, pues, «caminar juntos». Es un medio aptísimo de ayuda y de colaboración con el Papa para el gobierno de la Iglesia, y conlleva el intercambio de experiencias y de informaciones y la búsqueda y propuestas al Papa de soluciones pastorales conjuntas que tengan validez y vigencia para toda la Iglesia.

 

Tipología de los sínodos de obispos

Hay cuatro tipos de Sínodos de Obispos: general ordinario, general extraordinario, particular y especial.

El Sínodo de los Obispos se reúne en asamblea general ordinaria, cuando la materia a tratar, por su naturaleza e importancia, en relación al bien de la Iglesia universal, parece requerir la doctrina, la prudencia y el parecer de todo el episcopado católico.

Se reúne en asamblea general extraordinaria cuando la materia a tratar, a pesar de referirse al bien de la Iglesia universal, exija una rápida definición.

Y en asamblea especial, cuando la materia de mayor importancia se refiera al bien de la Iglesia, en relación a una o más regiones particulares.

Un Sínodo o asamblea particular, como el desarrollado en enero de 1980 sobre la Iglesia en Holanda, es que afecta solo a una Iglesia particular.

 

56 años, 31 Sínodos

A lo largo de este más de medio siglo, Pablo VI presidió cuatro sínodos; Juan Pablo II, diecisiete; Benedicto XVI, cinco; y Francisco, cinco, incluido ya el actual.

Desde 1967, se han celebrado treinta Asambleas Sinodales Episcopales. Ya la anunciada y abierta, con gran novedad de su extensión a una fase, la actual, en todas la diócesis de la Iglesia, en octubre de 2023, será la trigésimo primera, la quinta del Papa Francisco. «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión» es su tema.

En 1969 y 1985 tuvieron lugar sendas asambleas extraordinarias, sobre las relaciones y la cooperación entre la Santa Sede y las Conferencias Episcopales y con ocasión del vigésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.

En enero de 1980, hubo una Asamblea particular, concretamente para la Iglesia en Holanda.

En noviembre de 1980, convocados por el Papa Juan Pablo, se reunieron en Sínodo Extraordinario los obispos católicos de Ucrania. Y también fue asamblea extraordinaria la primera convocada por Francisco sobre la familia y el matrimonio, en octubre de 2014.

Asimismo, ha habido otras diez especiales: dos para Europa, otras dos para África y una para Líbano, para Asia, para América, para Oceanía, para Oriente Medio y para la región Panamazónica.

Son padres sinodales –con derecho a voz y a voto– aquellas personas nombradas directamente por él, los jefes de los dicasterios de la Curia Romana, los representantes de las Conferencias Episcopales y representantes de la vida consagrada –el número depende del tipo de asamblea sinodal que corresponda-  de las congregaciones religiosas clericales (en su conjunto, pues, solo varones). Hay también –con voz, pero sin voto– hombres y mujeres, expertos, auditores y delegados fraternos de otras Iglesias y confesiones cristianas, amén del personal auxiliar y de servicios que coordina la Secretaría General del Sínodo.

 

Sínodos ordinarios

En los Sínodos ordinarios se han abordado temas como la evangelización, la catequesis, la familia, la reconciliación, el laicado, la formación sacerdotal, la vida consagrada, el ministerio episcopal, matrimonio y familia y los jóvenes. Estos Sínodos tuvieron lugar en los años 1974, 1977, 1980, 1983, 2015, 1987, 1990, 1994, 2001, y 2018, respectivamente.

Son los Sínodos «sectoriales», recogidos después en las exhortaciones apostólicas Evangelii nuntiandi, Catechesi tradendae, Familiaris consortio, Reconciliatio et paenitentia, Christifidelis laici, Pastores dabo vobis, Vita consecrata y Pastores gregis, Amoris laetitia y Christus vivit, respectivamente.

En 2005, con Benedicto XVI, comenzaron los Sínodos «temáticos», con la eucaristía –Sacramentum caritatis es el título de la correspondiente exhortación apostólica postsinodal–, en 2005; en 2008, con la Palabra de Dios y posterior documento postsinodal de Benedicto XVI, Verbum Domini; y en 2012, la nueva evangelización, sin, propiamente, exhortación apostólica postsinodal.

En el final del otoño de 1985, como ya queda dicho, se desarrolló la Asamblea general extraordinaria dedicada al XX aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II. No emanó de ella una posterior exhortación apostólica.

 

Sínodos especiales

En la primavera de 1994 tenía lugar la I Asamblea Especial para África. Fue el primer Sínodo continental previo al Gran Jubileo del Año 2000. En septiembre de 1995, el Papa Juan Pablo II hacía público en tres países del continente negro la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Africa, a modo de conclusión de la asamblea sinodal, cuyo tema se tituló «La Iglesia en África y su misión evangelizadora hacia el año 2000: Seréis mis testigos». «La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz. “Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo”» fue el tema de la II Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, celebrada en el Vaticano del 4 al 28 de octubre de 2009. Dos años después, en Benin, el Papa Benedicto XVI hizo pública la exhortación apostólica postsinodal Africae munus.

En diciembre de 1995, tuvo lugar otra Asamblea especial para la Iglesia en el Líbano, traducida después, en mayo de 1998, a la exhortación apostólica Una speranza nouva per Il Libano, promulgada en Beirut. En octubre de 2010 se celebró, en el Vaticano, la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, sobre la comunión y el testimonio de los cristianos en esta región del mundo, y cuya exhortación apostólica postsinodal hizo pública, bajo el título Ecclesia in Medio Oriente, Benedicto XVI el 14 de septiembre de 2012 en Líbano.

A finales de otoño de 1997, se celebró el Sínodo para América, titulado «Encuentro con Jesús vivo: el camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América». En Guadalupe (México), en enero de 1999, el Papa Juan Pablo II presentaba la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in America.

En la primavera de 1998, tenía lugar el Sínodo para Asia, cuya exhortación apostólica correspondiente, Ecclesia in Asia, fue hecha pública el 6 de noviembre de 1999, en el transcurso del viaje del Papa Juan Pablo II a la India. «Jesucristo el Salvador y su misión de amor y servicio en Asia: para que tengamos vida y la tengamos en abundancia» fue el lema del Sínodo.

En el final del otoño de 1998 llegó el turno para la Asamblea Especial sobre Oceanía, el más reciente de los continentes. La exhortación apostólica postsinodal correspondiente se hizo pública en noviembre de 2001 –a través de internet y del correo electrónico– bajo el título Ecclesia in Oceania. «Jesucristo y los pueblos de Oceanía: siguiendo su camino, proclamando su verdad y viviendo su vida» fue el tema de esa Asamblea.

En octubre de 1999, se celebró la II Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos, el último Sínodo previo al Gran Jubileo del Año 2000. «Jesucristo, vivo en su Iglesia, fuente de esperanza para Europa» fue su lema. El 29 de junio de 2003 se publicaba, en Roma, la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Europa. Sobre Europa, tras la caída del muro de Berlín, hubo otra Asamblea sinodal episcopal, en diciembre de 1991.

 

Los documentos papales tras los Sínodos de los Obispos

Aunque no es preceptivo, los Sínodos son material que después el Papa hace suyo, en la medida que considera oportuno, y amplía en un documento llamado «exhortación apostólica postsinodal».

He aquí la relación de las veintiuna exhortaciones apostólicas consideradas postsinodales. Entre paréntesis va el nombre del Papa que promulgó el documento, el año del Sínodo –la primera fecha– y el año de la exhortación, la segunda fecha:

 

1.- Evangelii nuntiandi (Pablo VI, 1974/1975)

2.- Catechesi tradendae (Juan Pablo II, 1978/1979)

3.- Familiaris consortio (Juan Pablo II, 1980/1981).

4.- Reconciliatio et paenitentia (Juan Pablo II, 1983/1984)

5.- Cristifidelis laici (Juan Pablo II, 1987/1988)

6.- Pastores dabo vobis (Juan Pablo II, 1990/1992)

7.- Ecclesia in Africa (Juan Pablo VI, 1994/1995)

8.- Vita Consecrata (Juan Pablo II, 1994/1996)

9.- Una speranza nouva per il Libano (Juan Pablo II, 1995/1997)

10.-Ecclesia in America (Juan Pablo II, 1997/1999)

11.-Ecclesia in Asia (Juan Pablo II, 1998/1999)

12.-Ecclesia in Oceania (Juan Pablo II, 1998/2001)

13.-Ecclesia in Europa (Juan Pablo II, 1999/2003)

14.-Pastores gregis (Juan Pablo II, 2001/2003)

15.-Sacramentum caritatis (Benedicto XVI, 2005/2007).

16.-Verbum Domini (Benedicto XVI, 2008/2010)

17.-Africae munus (Benedicto XVI, 2009/2011)

18.-Ecclesia in Medio Oriente (Benedicto XVI, 2010-2012)

19.-Amoris laetitia (Francisco, 2014-2015/2016)

20.-Christus vivit (Francisco, 2018/2019)

21.-Querida Amazonía (Francisco, 2018/2020)

 

 

 

PUBLICADO EN NUEVA ALCARRIA 26 NOVIEMBRE 2021

 

Rafael C. García Serrano

(Conferencia de Nª Srª de la Antigua, Guadalajara)

 

 

 

 

Has llegado.

Traes tu paz enferma de invierno,

de esas nieves perpetuas de tus cumbres de miedo,

…y traes apagada la hoguera que calienta tu alma.

 

¿Qué hacer?

te has sentado a la puerta de esta tarde

a escuchar el pasado y a esperar en silencio

que se seque la escarcha que te ahoga y te apaga.

 

¿Qué hacer?

Inicia la bajada, supera ese invierno,

libera tus miserias con paciencia y sin miedo

y acercarte al Padre que te espera hace tiempo.

 

 

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