Por Rafael Amo
(Delegación de Ecumenismo)
Diversas ciencias como la historia de las religiones o la fenomenología del hecho religioso intentan dar cuenta del hecho constatable de que en la humanidad, a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo, ha dado diversas respuestas a la pregunta religiosa. Esto es lo que se conoce como el pluralismo religioso. El Concilio Vaticano II en la declaración Nostra Aetate ya dio cuenta de esa pluralidad: “Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana, que hoy como ayer conmueven su corazón: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido y qué fin tiene nuestra vida? ¿Qué es el bien y el pecado? ¿Cuál es el origen y el fin del dolor? ¿Cuál es el camino para conseguir la verdadera felicidad? ¿Qué es la muerte, el juicio y cuál la retribución después de la muerte? ¿Cuál es, finalmente, aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia donde nos dirigimos? (NA 1)
La Iglesia cree que esta pluralidad que constata, lejos de dividir al género humano, lo une, ya que muestra que en el fondo de la naturaleza humana –sea cual sea la religión que profesa- se esconde el mismo anhelo de Dios que debe ser protegido con el derecho humano de libertad religiosa.



Por Ángel Moreno
Leo en los Evangelios las palabras que dirigiste a tus discípulos: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por su amigos”. Pero Tú no solo te entregaste en manos de los que te crucificaron por los tuyos, sino que lo hiciste por todos los hombres, y como expresión de la verdad de tu ofrecimiento, dijiste al ladrón arrepentido: “Hoy estará conmigo en el paraíso”, y en una súplica suprema a tu Padre rogaste por los mismos que te crucificaban: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”.
La fe necesita obras, y el creer en Jesucristo conlleva necesariamente vivir y actuar como Él. El amor es el mandato característico de todo lo cristiano.












