Camino de Adviento

   

Por Ángel Moreno

Vicaría para la Vida Religiosa

 

Como otros años, y ya van 35, hemos hecho el Camino de Adviento, esta vez, a pesar de la lluvia, han acudido muchos jóvenes, y un buen grupo del Arciprestazgo de Molina de Aragón.

Os enviamos el testimonio de la andadura. En la ermita de la Virgen hemos rezado la hora de sexta, y ya en casa, nos disponemos a la celebraciones litúrgicas.

Ha sido una buena ocasión para experimentar la llamada teresiana de Camino de Perfección.

  

Virtudes del peregrino

El peregrino arriesga por la esperanza de alcanzar la meta deseada.

El peregrino aprende a vivir el momento presente, sin dejar lugar a hipótesis negativas

El peregrino descubre la posibilidad de vivir lo esencial.

El peregrino es agradecido a todos los gestos que recibe de hospitalidad.

El peregrino es providente y sabe leer todo desde la certeza de no caminar solo.

El peregrino vive de manera trascendente y camina guiado por la fe.

El peregrino es humilde y no impone su presencia ni su forma de pensar.

El peregrino sabe vivir en la escasez y en circunstancias favorables.

El peregrino es solidario con los necesitados que se encuentra en el camino.

El peregrino es paciente y recibe cada acontecimiento con paz interior.

El peregrino es alegre, porque agradece todo lo que le sucede.

El peregrino es sensible y percibe la belleza y la armonía de cuanto le rodea.

El peregrino es abierto y sabe valorar las diferentes culturas y formas de vivir.

El peregrino es embajador de paz y de convivencia.

El peregrino es se sabe habitado, razón por la que no se siente nunca solo.

El peregrino acude a la relación teologal y sabe tratar con Dios.

El peregrino conoce el silencio, lo momentos de riesgo y de inseguridad y siempre sabe mantener la calma y la confianza.

El peregrino deja a su paso la estela de la bondad y del bien.

El peregrino es difusor de la riqueza personal.

El peregrino es testigo de la nueva tierra y de la patria.

El peregrino alcanza la sabiduría de salir de sí mismo y de toda endogamia.

Santo obispo Farina, el hombre de la caridad: uno de los nuestros

   

Por Jesús de las Hernas Muela

Sacerdote y periodista

 

En la tarde de este domingo, 30 de noviembre, a partir de las 19 horas, la concatedral de Guadalajara acoge una eucaristía de acción de gracias por la canonización, el domingo 23 de noviembre, en Roma, en celebración presidida por el Papa Francisco, del obispo italiano del siglo XIX Giovanni Antonio Farina.

Esa misa, presidida por nuestro obispo, Atilano Rodríguez Martínez, servirá asimismo de apertura diocesana del Año de la Vida Consagrada, que, por voluntad del Santo Padre, se celebrará en toda la Iglesia católica desde la tarde del 29 de noviembre de 2014 hasta el martes 2 de febrero de 2016.

Ambos motivos, ambas circunstancias, son, han de ser, sin duda, ocasión, para la alabanza y la acción de gracias de Dios y para el reconocimiento hacia inmenso don y realidad que son los religiosos y las religiosas, tanto por lo que son en sí mismos, cuanto por lo que hacen.


En el Evangelio, Jesucristo nos indicó ya que “por sus obras y por sus frutos, los conoceréis”. Sigüenza-Guadalajara dista a más de dos mil kilómetros de Vicenza, en el noreste de Italia, en la región del Véneto. El obispo Farina vivió entre 1803 y 1888, de modo que no solo nos “pilla” lejos geográficamente, sino también temporal y culturalmente. No lo habríamos conocido, no habríamos sabido nada de él, como nos acontecido con los otros cinco nuevos santos del pasado 23 de noviembre. Sin embargo, desde hace casi medio siglo, las obras, los frutos –las hijas para ser precisos- del obispo Farina llegaron a nuestra diócesis. Y desde entonces, ellas, las Hermanas Maestras de Santa Hijas de los Sagrados Corazones (las hijas del santo obispo Farina) están haciendo el bien y repartiendo misericordia, acogida, ternura y caridad por nuestros caminos.

“Por sus obras y frutos, los conoceréis”. ¡Claro que conocemos al santo obispo Farina, el hombre de la caridad, que era denominado entre los suyos! ¡Claro que sabemos de él y de sus frutos a través de las Doroteas! Y por ello, su canonización del pasado domingo, día 23, fiesta de Cristo Rey, ha sido y es fiesta para toda esta diócesis nuestra de Sigüenza-Guadalajara.

Las Doroteas llegaron a Sigüenza de la mano de los Padre Josefinos, también italianos como ellas. Comenzaron sirviendo en el antiguo seminario menor de los Josefinos de Murialdo, del Callejón de Infantes. Pronto su discreta y eficaz presencia y servicio les llevó a la Casa de Ejercicios y Convictorio Sacerdotal de Sigüenza y a la Clínica Sanz Vázquez de Guadalajara. En 1974, abrieron en Azuqueca de Henares un espléndido colegio, puso bajo el nombre de su fundador.  Siguieron multiplicándose, a pesar de estrecheces vocacionales, y desde hace tres o cuatro sirven también la Residencia de Mayores “Juan Pablo II” de Alovera, y desde el pasado verano en la Casa Sacerdotal de Guadalajara.

Ancianos, enfermos, pobres, niños, adolescentes, jóvenes, sacerdotes son, pues, los destinatarios de su servicio y de su amor, junto a la animación y colaboración parroquial y pastoral en coros, catequesis y grupos, y siempre con sonrisa verdadera de la ternura, de la acogida y de la disponibilidad en sus labios, en sus manos y en sus corazones.

Dice la Escritura, decía el mismo Evangelio del domingo 23 de noviembre, fiesta de Cristo Rey: “Estuve hambriento, sediento, desnudo, enfermo, en la cárcel…“. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.

El santo obispo Farina, el hombre de la caridad, lo hizo. Y sus monjas, las Hermanas Maestras de Santa Dorotea Hijas de los Sagrados Corazones, lo hacen y lo hacen entre nosotros. ¿Cómo no dar gracias a Dios por el santo obispo Farina y por sus obras y frutos, por las Doroteas? ¿Cómo no estar de fiesta con ellas por el santo obispo Farina, el hombre de la caridad, si esta caridad también nos llega a nosotros?

Gracias, queridas Doroteas, felicidades y seguid entre nosotros haciendo el bien “ad multos annos”.

 

Introducción a la Kalenda

   

Por Alejo Navarro

Delegación de Liturgia

 

La Iglesia, a lo largo del año litúrgico, hace dos anuncios solemnes: el anuncio de la Resurrección del Señor, en la Vigilia Pascual, por medio del Pregón Pascual  y el anuncio del Nacimiento del Señor, en la Misa de medianoche, en la Nochebuena, por medio de la Kalenda, que ahora escucharemos.

La Kalenda es un antiguo y venerable himno en el que se van repasando los grandes acontecimientos de la humanidad y poniéndolos todos en relación con el Nacimiento de Cristo. Respetamos la redacción original del himno, aunque el cómputo de años se pueda hacer hoy con más exactitud que la que figura en el texto latino.

 

Año de Nacimiento del Señor

Pasados muchos siglos

desde que Dios creara el cielo y la tierra

e hiciera al hombre a su imagen.

Y pasados muchos siglos desde que terminó el diluvio

y el Altísimo hizo resplandecer en las nubes el arco iris

como signo de alianza y de paz.

Veintiún siglos después del nacimiento

de nuestro padre Abraham.

Trece siglos después

de la salida de Israel de Egipto bajo la guía de Moisés.

Unos mil años después

de la unción de David como rey de Israel,

en la semana sexagésima quinta

según la profecía de Daniel;

en la Olimpíada centésima nonagésima cuarta;

en el año setecientos cincuenta y dos

de la fundación de Roma;

en el año cuadragésimo segundo

del imperio de Octavio Augusto,

cuando todo el orbe estaba en paz;

en la sexta época del mundo,

JESUCRISTO,

ETERNO DIOS E HIJO DEL ETERNO PADRE,

QUERIENDO CONSAGRAR EL MUNDO

CON SU PIADOSÍSIMA VENIDA,

CONCEBIDO POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO,

Y PASADOS NUEVE MESES

DESDE SU CONCEPCIÓN,

NACE DE LA VIRGEN MARÍA

EN BELÉN DE JUDÁ, HECHO HOMBRE.

Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

según la naturaleza humana

 

 

       MISA DE NOCHEBUENA

  

A. Oficio de Lecturas

B. Kalenda

  

  1. Introducción por el presidente de la celebración
  2. Canto del texto latino
  3. Lectura de la traducción castellana.

 

C. Canto del Gloria (Misa 1ª de Palazón)

D. Oración colecta.

E. Liturgia de la Palabra

   

  • Canto del salmo responsorial
  • Canto del Aleluya.

 

F. Liturgia Eucarística

   

  • Ofertorio: Música de órgano
  • Santo (Misa 1ª de Palazón)
  • Cordero de Dios (Misa 1ª de Palazón)
  • Comunión: Te diré mi Amor, rey mío.

 

 G. Adoración del Niño.

 

  • Adeste, fideles.

V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Camino Teresiano

   

Por Miguel Torres

Consiliario Diocesano de Apostolado Seglar

 

Vivimos derramados y derramándonos hacia lo exterior, de puertas hacia fuera, ajenos a nosotros mismos. “No me da la vida”, “No tengo tiempo”...son frases cotidianas que van creando una “Cultura de lo que se nos escapa sin disfrutarlo”. En el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, lo que nos enseña es el camino hacia la interioridad, hacia lo profundo de nuestro ser, donde en el más profundo centro, nos encontramos habitados, llenos de Dios.
 
En las moradas, 1,1,6, Teresa nos dice: “ Hay almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio ni parece que pueden entrar dentro de sí”. El sistema social que nos rodea es de tal manera complicado y funciona de una forma tan impersonal, que todos corremos el riesgo de ir perdiendo poco a poco nuestra identidad. “ Una persona no tiene que hacer muchas cosas...una persona ha de ser una persona, Esta es la base de la paz”. Nos dirá Thich Nahat Hanh.
 
Ese camino hacia el interior de nosotros mismos, en el castillo habitado por Dios, es la Buena Noticia que en este año Teresiano podemos gritar al mundo. Pues como dice Teresa: “No es pequeña lástima y confusión, que por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos, ni sepamos quien somos”. Moradas 1,1,2. Teresa nos enseña a relacionarnos con nosotros mismos de otra manera, nos habla de la mejor terapia de autoestima que es darnos cuenta de “la hermosura y dignidad de nuestras almas”, de que el ser humano es “como un castillo todo de diamante o de muy claro cristal”. Moradas 1,1,1, y así cuando entramos en nosotros mismos, nos damos cuenta de que somos una presencia habitada, y que somos imagen de la imagen de Dios.
 
Vivir la vida exprimiéndola, pues como somos imagen de Dios, esa vida está dentro de nosotros mismos, y desde ahí, podemos mirarla, agradecerla, crearla en todas sus potencialidades y desde ahí devolver a Dios y a los demás la energía del amor más hondo.
 
En este V Centenario del Nacimiento de la Santa de la Relación, de la Santa de la Amistad con Cristo, y de la Santa de la interioridad, tenemos esta Buena Noticia a gritar al mundo: “Sólo el amor es el que da valor a todas las cosas”. Teresa de Jesús

Testimonio de la Delegación de Vocaciones

   

Por José Benito

Sacerdote

 

Los días 27 de mes un miembro de la delegación de vocaciones (compuesta por sacerdotes, laicos, matrimonios y religiosos) va a compartirnos cómo ha nacido y crecido su vocación.

Hoy el turno es mío. Me llamo José Benito y soy sacerdote. Soy natural de Yebra (buena gente...). Soy el tercero de una familia de cuatro hermanos. Me gusta el fútbol, el cine de humor, leer, charlar con mis amigos... Y en medio de todo esto, disfruto cada día del amor de Dios que va llenando cada vez más mi vida.

Reconozco que, desde que yo era pequeño, Dios ha vivido en mi casa como uno más. Mis padres me ayudaron a tener fe y a ir estableciendo con Dios una relación de amistad. Como impresión de aquellos años me queda la cercanía de Dios en las situaciones dolorosas y con las personas que más lo necesitaban.

Cuando comencé a hacerme las primeras preguntas sobre el sentido de mi vida Dios puso en mí un anhelo muy grande, el de alcanzar una vida plena. Fui comprendiendo que el modo de vivir "totalmente lleno" era poniendo toda mi persona al servicio de los demás. Me enrolé en algunos voluntariados y proyectos sociales, que me hacían sentir muy bien, pero no daban total sentido a mi vida. Aún faltaba algo.

Poco a poco fue descubriendo que Jesús me invitaba a compartir con él su misión. Que mi vida, si yo quería, iba a estar enlazada a la suya, siendo sacerdote. Me resultó difícil contestarle, finalmente le dije que sí, y sentí una gran liberación.

Con 23 años me costó dejar la vida que llevaba hasta ese momento, pero se compensó con la buena acogida de mis compañeros de Seminario. En esos años aprendí a conocer y a querer más a Dios, mediante los estudios de filosofía y teología y, especialmente, en la oración.

Después de 7 años de formación fui ordenado en la Iglesia parroquial de Yebra. Ese día fui más consciente de que mi vida era totalmente para Dios, y para los demás.

Hoy, a pesar de mis debilidades, siento que Dios actúa por medio de mí en muchas ocasiones para ayudar a muchas personas. Disfruto mucho, y siento que cumplo la voluntad de Dios, llevando a Dios a los demás, orando y enseñando a orar, cuando celebro los sacramentos, en las convivencias con jóvenes, en el acompañamiento espiritual a algunas personas. Me apasiona compartir y explicar mi fe, especialmente a las personas que "se creen" que Dios está lejos de ellas...

Y últimamente, en la delegación de vocaciones y en el equipo de formadores del Seminario, siento la llamada a ser instrumento de Dios para que otros puedan escuchar la voz del Señor, que sigue llamando, y puedan responder con generosidad. A este respecto, os pido que cada día que recéis por las vocaciones, para que nadie se pierda el sentirse llamado y amado por Dios.

Me despido de vosotros recordando el lema del Seminario del año pasado: "Jesús te promete una vida apasionante". Yo puedo decir, a día de hoy, que la mía lo está siendo.

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