MONICIÓN INTRODUCTORIA ---------

 

Jesucristo, el Redentor del Hombre, “el único mediador entre Dios y los hombres” (1Tm 2, 5) celebra por deseo de Dios Padre y para su gloria y nuestra salvación, su Misterio Pascual, el gran misterio de amor de su muerte redentora, de su sepultura fecunda y de su resurrección gloriosa.

 

Lo celebra Él y nos invita a asociarnos a Él como miembros vivos de su Cuerpo, como también se unen misteriosamente la santísima Virgen, los ángeles y los santos. Lo celebra Jesucristo en este lugar sagrado y en este día sagrado, en este Domingo cuarto del Tiempo ordinario, primer domingo del mes de febrero, en que la naturaleza parece que está todavía sumida en el letargo invernal. Nuestras almas, en cambio, estén cada vez más vivas en la presencia del Señor, el viviente y el vivificador.

 

Seamos conscientes de nuestra dignidad y de nuestra responsabilidad al participar en la celebración eucarística. Iniciemos nuestra celebración poniendo en acto la virtud de la penitencia: reconociendo con humildad nuestras faltas y pidiendo perdón al Señor con un corazón verdaderamente arrepentido.

 

 

PETICIONES ------------

 

Esta tarde recibe el orden sagrado del diaconado en Guadalajara un seminarista de nuestra diócesis, Moisés. Pedimos por él y por las vocaciones al ministerio ordenado en nuestra diócesis, por nuestros seminarios diocesanos y sus formadores. Roguemos al Señor.

 

En este Año de la Vida Consagrada tenemos muy presentes a todos los consagrados de nuestra diócesis. De forma muy particular en esta semana oramos por  las Benedictinas de Valfermoso, por las Carmelitas Descalzas de Guadalajara e Iriépal, por las Cistercienses de Brihuega y Buenafuente, por las Clarisas Capuchinas y Franciscanas de Cifuentes, Molina y Sigüenza, por las Concepcionistas Franciscanas de Guadalajara y Pastrana, por las Jerónimas de Yunquera y por las Ursulinas de Sigüenza. Por estas comunidades nos pide la diócesis que oremos en esta semana y lo hacemos con gusto. Roguemos al Señor.

 

 

AVISOS FINALES --------------------

 

La semana cristiana que hoy comienza, cuarta del Tiempo Ordinario, trae en sus días algunas celebraciones destacadas que vamos a anticipar:

 

Mañana, lunes, día 2, celebramos la Fiesta de la Presentación del Señor. Cuarenta días después de Navidad, Jesús fue llevado al Templo por María y José y se manifestó así como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel.

 

El martes, día 3, se celebra la memoria de san Blas, santo muy popular en bastantes parroquias de nuestra diócesis. San Blas, obispo y mártir, sufrió persecución en tiempos del emperador Licinio, a comienzos del siglo cuarto y recibió el martirio en la ciudad de Sebaste, en la antigua Armenia, hoy Turquía.

 

El jueves, día 5, se celebra la memoria de Santa Águeda, otra santa también muy popular en bastantes parroquias de nuestra diócesis. Santa Águeda, virgen y mártir, sufrió persecución en Catania, ciudad de Sicilia, en Italia, a mitad del siglo tercero. Siendo aún joven, en medio de la persecución mantuvo su cuerpo incontaminado y su fe íntegra en el martirio, dando testimonio a favor de Cristo Señor. Su nombre se incorporó al Canon Romano de la Misa.

 

Sea para todos nosotros esta nueva semana, una semana de progreso cristiano siguiendo la estela de los santos y gozando de su intercesión y compañía.

ACTOS EN LA DIÓCESIS

 

DÍA 2 DE FEBRERO

JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA

Eucaristía presidida por el obispo de la diócesis, Atilano Rodríguez, a las 7 de la tarde en la Parroquia Santa Cruz de Azuqueca de Henares.

A continuación ágape en el Colegio Giovanni Farina.

 

PRESENTACIÓN

 

Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2015

AMIGOS FUERTES DE DIOS

 

La Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que venimos celebrando en la Iglesia cada 2 de febrero —en la festividad de la Presentación del Señor en el Templo— desde que fue instaurada por san Juan Pablo II en 1997, tiene en esta ocasión un brillo especial al situarse en el marco del Año de la Vida Consagrada convocado por el santo padre Francisco y coincidir, además, con el Año Jubilar Teresiano; es un precioso regalo para la Iglesia, a la vez que una gran oportunidad de evangelización. A los objetivos habituales —alabar y dar gracias a Dios por el don de la vida consagrada y promover su conocimiento y estima por parte del Pueblo de Dios— se suman en esta ocasión los específicos del Año de la Vida Consagrada, que nos invitan a «mirar al pasado con gratitud», «vivir el presente con pasión», y «abrazar el futuro con esperanza», para dar gloria al Padre Celestial por la historia de salvación que va escribiendo en nuestra vidas, renovar la confianza en su Providencia y ser presencia apasionada de su amor misericordioso para los hombres y las mujeres de este tiempo de gracia que nos ha correspondido vivir. Son estos «tiempos recios», que diría santa Teresa de Jesús, y «son menester amigos fuertes de Dios para sustentar a los flacos» (Libro de la Vida 15, 5). A esta amistad, que se forja en la intimidad de la oración, estamos todos convocados, y de manera especial las personas consagradas, llamadas a testimoniar la alegría que nace del encuentro con el Señor y nos dispone a llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra con una solicitud especial por las periferias existenciales.  En nuestra sociedad, a menudo carente de valores espirituales, la Doctora Mística nos enseña a ser testigos incansables de Dios, de su presencia y de su acción. El mensaje de oración que nos entrega santa Teresa de Jesús es muy necesario en este tiempo, en que estamos tentados por el reclamo y el compromiso del mundo exterior, por el trajín de la vida moderna y por tantas ocupaciones que nos distraen de lo verdaderamente esencial. Somos atrapados por lo urgente e inmediato y olvidamos lo importante y esencial. El Señor nos dice también hoy, como a Marta en Betania: «Marta, Marta, andas inquieta por muchas cosas. Solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte y no se la arrebatarán». Y es que «quien a Dios tiene, nada le falta; solo Dios basta».

Con este espíritu resuenan en nuestro corazón las palabras del papa Francisco a los consagrados en la vigilia de apertura del Año de la Vida Consagrada: «¡Despierten al mundo! ¡Despierten al mundo (…). Sea el Evangelio el terreno sólido donde avanzar con coraje. Llamados a ser “exégesis viviente” del Evangelio, sea eso, queridos consagrados, el fundamento de referencia último de vuestra vida y misión. ¡Salid de vuestro nido hacia las periferias del hombre y de la mujer de hoy! Por esto, hay que dejarse encontrar por Cristo. El encuentro con Él empujará al encuentro con los otros y llevará hacia los más necesitados, los más pobres. Es necesario llegar a las periferias que esperan la luz del Evangelio. Hay que habitar las fronteras. Esto pedirá vigilancia para descubrir las novedades del Espíritu; lucidez para reconocer la complejidad de las nuevas fronteras; discernimiento para identificar los límites y la manera adecuada de proceder; e inmersión en la realidad, “tocando la carne de Cristo que sufre en el pueblo”. (…) Delante de vosotros se presentan muchos desafíos, pero estos existen para ser superados. “¡Seamos realistas pero sin perder la alegría, la audacia y la dedicación llena de esperanza!”». Lo suplicamos por intercesión de nuestra Madre, María, mujer fuerte y valiente, modelo y maestra de quienes deseamos ser y vivir como «amigos fuertes de Dios».

 

Vicente Jiménez Zamora

Arzobispo de Zaragoza

Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada

 

TESTIMONIOS

 

TESTIMONIO DE UNA RELIGIOSA MISIONERA

Paciencia melgar ronda, MIC

 

Proclamo Señor la grandeza de tu amor infinito para conmigo. Te ensalzo porque siempre te has acordado de mi pequeñez, débil y frágil, y, de manera especial, cuando he sido infectada por el virus del Ébola en Monrovia, me llenaste de la gracia de paz y serenidad para luchar contra este adversario. Te alabo y te bendigo, Señor, por tu presencia y tu paso por mi vida durante ese tiempo de incertidumbre, soledad, abandono e impotencia; ante el desafío por lo que veía y oía en el entorno donde muchos estaban infectados por este virus, y en el que otros perdían la vida, como los cinco misioneros con los que compartíamos la misión (Chantal y Hnos. de San Juan de Dios). Me diste ánimo y valor para hacer frente, sin miedo, sino con fuerzas, ayudando y apoyando a otros tanto física como moralmente. Te doy gracias por tu mano poderosa, porque tu amor es más fuerte que la fuerza del mal, porque me has librado de la muerte que me pudo haber causado este virus. Mi espíritu se alegra en ti, Señor, porque me has hecho revivir y he vuelto a nacer, me has abierto puertas y ventanas para vivir con más esperanza, ilusión y entrega mi compromiso misionero en la Iglesia como Misionera de la Inmaculada Concepción. Gracias, Padre, por haberme llamado a vivir la experiencia de tu amor y hacer partícipes a otros de esta gracia. Se alegra mi espíritu también por la vida de tantos hombres, mujeres y niños, que han superado este tránsito en sus vidas. Te doy gracias, porque eres compasivo y misericordioso, porque has puesto en este camino a muchos samaritanos que supieron ayudarnos. Acuérdate de los pueblos que siguen estando afectados por este y otros virus, y no dejes que tus hijos y sus descendientes sean olvidados; al contrario, colma de tus bienes a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Gracias, Padre, porque sigues contando conmigo para contribuir en tu plan de salvación; gracias, porque me has hecho instrumento para llegar a los corazones sedientos de fe, esperanza y amor. ¡A ti la alabanza! Amén.

 

 

TESTIMONIO VIDA RELIGIOSA

Miguel Márquez Calle, Carmelita descalzo

 

Ahora lo comprendo: en mi camino encontré mujeres y hombres decisivos, que marcaron el futuro que ahora transito agradecido y confiado. Eran personas con dificultades, fragilidades, pobrezas, manías, debilidades, limitaciones invisibles para mí en aquel entonces. Dios les hizo piezas claves en Su particular conquista de mi corazón y de mi atención, fueron sacramento humano de sanación y aliento, lumbre y lanzadera. Ellos han sido mis amigos fuertes de Dios. Unas carmelitas contemplativas, desde su silencio y su fraternidad, me abrieron al sentido del misterio; unos ancianos religiosos (carmelitas) en un monasterio me abrieron al gozo y al desafío de la sencillez y la alegría de las cosas simples; un anciano sacerdote, con su escucha, me hizo sentirme importante, y despertó la pregunta por la vocación; una mujer, que había muerto hacía 400 años, Teresa de Jesús, me contagió su pasión por Jesucristo, un deseo ardiente de adentrarme en esa relación con Cristo vivo que ahora quemaba también la dispersión de mi vida, recogiendo mi caudal en sus «lindos ojos». Ahora lo reconozco: Leocadio, Ceferino, Amador, Antonia, Isabel, Ascensión, Consuelo, Matías, Valentín… y tantos otros sacerdotes, religiosos y religiosas que fueron pequeños y decisivos instrumentos, amigos fuertes de Dios para esforzar mi vida flaca, en medio de la reciedumbre de sus propias luchas y afanes cotidianos. Todos ellos me lanzan al terreno, sin excusas, de la entrega y la alegría. Algo de todos ellos pervive en mí con la fuerza del viento que arranca las hojas secas del lamento, y en memoria de cada uno y de tantos religiosos y religiosas que entregaron silenciosa, gratuitamente su vida, me invitan a ser escucha paciente, abrazo sin recompensa, perdón sin límites, tiempo perdido en la acogida, mirada a los ojos, rescate de la dignidad olvidada, canal de encuentro con un Dios vivo, alegre. Todo eso y tanto de lo que yo he sido agraciado en cada una de aquellas y aquellos amigos fuertes de Dios en tiempos siempre recios de cruz y, por eso, de resurrección. Ahora me despierto: «Se nos va la vida, hijo, dice mi madre, que es otra gran amiga fuerte de Dios. Al decirlo me encara con otro dogma teresiano: no esperar a mañana, y no despreciar mi pobreza. Hoy nos jugamos la vida en el amar y dejarnos amar. Madre Teresa, ¿quién supiera amar así a Dios, a Jesús y a cada ser humano? ¡Enséñanos tú, por favor, desengáñanos! Hoy tengo cita con Dios en el silencio, en cada otro, entre los pucheros y en lo inesperado. Ahí me va la vida. Aquí tienes mi vida.

 

TESTIMONIO INSTITUTO SECULAR

Sagrario García, Instituto Secular Cruzadas de Santa María

 

En la barca de la Iglesia la consagración secular es una forma de hacer presente, en el mar del mundo, el amor de Dios a los hombres. Dios está cerca del hombre, camina con él para hacerle visible su oferta salvadora. El consagrado en el mundo se asemeja al profeta que anuncia la noticia de Dios. Dios ama tanto a su pueblo que se ha hecho presente en su historia y en su vida. Los Institutos seculares son el signo visible de esa presencia encarnada de Dios entre los hombres. Cada consagrado muestra en la realidad diaria de la vida sencilla, la esperanza que hace vivir mirando hacia adelante, hacia la plenitud de la vida, pero no lo hace desde fuera, como un mero espectador, sino viviendo y sufriendo la misma suerte de los que están a su lado, injertado en el mundo, queriendo a los hombres y su historia. El triunfo de Jesucristo sobre la muerte con su Resurrección hace a la persona heredera de la promesa salvadora, pero esa evidencia necesita ser reconocida, mostrada y aceptada. El consagrado en el mundo responde a la inquietante apelación de san Pablo de «que el mundo arda en amor de Dios». Con su vida, muestra la grandeza de un don recibido y la llamada a colaborar, con obras y palabras, en la misión de Jesús de extender el Reino de Dios para vivir como hombres de espíritu. Desde una vocación que compromete, en la que se amalgama la vida de contemplación, en intimidad con Dios y la vida ordinaria, se visibiliza —como dice el papa Francisco— la experiencia totalizante del amor de Dios. Comparte experiencias y fatigas con los que caminan al lado, pero intentando enriquecerlas con la fuerza oculta que viene del Espíritu. Está en medio del mundo siendo sal y luz, iluminando en la oscuridad con el resplandor y la ternura que procede del Dios que vive dentro del que, con su “sí”, se compromete  a colaborar en la obra amorosa de Dios a  los hombres.

 

TESTIMONIO VIRGEN CONSAGRADA

Pilar Macarro Sancho, Virgen consagrada de la diócesis de Cádiz y Ceuta

 

Virgen consagrada, amiga por ser esposa. Nuestra vocación consiste esencialmente en vivir la esponsalidad con Cristo, por haber sido desposadas con Él en nuestra consagración. La vida de una virgen consagrada es esencialmente una vida de estrecha comunión con Jesucristo, seducida por el Señor y en íntima relación de amistad con Él. He sido consagrada en el Orden de las Vírgenes. Soy amiga fuerte de Dios por la relación íntima, y esponsal con Jesucristo, el Hijo de Dios Altísimo. Desde el seno materno, fui escogida por Dios para vivir en comunión íntima con Él; escogida para ser signo desde el principio del estado definitivo en la vida eterna. Vivir aquí y ahora de modo anticipado la comunión plena de la criatura con Dios: una comunión perfecta de amor entre Dios Trinidad y el hombre. Nuestra vocación de vírgenes consagradas es un misterio de amor. Un amor esponsal que nos une con el Amado.  Es el amor de Cristo Esposo el que nos introduce en la Trinidad y hace posible esta unión con Dios. El amor de Cristo Esposo incluye la lógica de la amistad, de la entrega recíproca, de la radicalidad y de la fidelidad. Nuestra vocación de vírgenes consagradas tiene que ver más con el ser que con el hacer, y es por eso que la Iglesia, que recibe nuestra consagración, no nos preguntará “qué hacemos” o “si somos útiles”, sino si anunciamos proféticamente con nuestra vida que Dios es el Bien supremo y que no hay nada más precioso que consagrarse a Él. Vivir siendo transparencia de un amor apasionado y ardiente por Cristo; enamoradas del Señor, vivir en la  lógica del servicio, no como quien realiza grandes proezas basándose en las propias cualidades humanas personales, sino como quien consiente con humildad que Cristo penetre en el interior, que actúe en nuestra persona, que sea el verdadero protagonista de todas las acciones y deseos, que sea quien inspire cada iniciativa y sostenga cada silencio. Vivir así es ya nuestro servicio, nuestra misión y nuestro verdadero apostolado. El beato Pablo VI, en la Humanae vitae (n. 9), afirma que «el amor esponsal es una forma especial de amistad personal».  Efectivamente, desde esta óptica, nuestra consagración nos sitúa como las «amigas fuertes de Dios», precisamente por ser esposas.

Amistad con Cristo que se nutre del encuentro profundo con Dios en la oración, que no es otra cosa que «tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama» (Teresa de Jesús, Libro de la Vida 8, 5.). En el siglo XVI, santa Teresa de Jesús afirmaba que «en estos tiempos recios son menester amigos fuertes de Dios».  Hoy, en el siglo XXI, tiempos también recios, son menester mujeres consagradas, vírgenes cuya vocación “contracultural” muestra al mundo el gozo y la felicidad de ser «amigos fuertes de Dios».

 

TESTIMONIO VIDA CONTEMPLATIVA

María Alegría del Espíritu Santo, Hermanas Pobres de Santa Clara

 

Vivimos tiempos «recios», en los que la condición débil de la Iglesia aparece tantas veces en los medios de comunicación. Una contemplativa claustral los vive como cualquiera de vosotros y los vive con vosotros, porque desde el corazón de Jesús se siente amiga y hermana de los hombres y mujeres de su tiempo. Ningún corazón hay tan grande como el de quien se lo ha dado a Cristo, porque recibe cien veces más en  hermanos, hermanas, madres, hijos... (cf. Mc 10, 30). Con toda la Iglesia sabemos que llevamos en nosotras mismas también la muerte de Cristo  —su debilidad—, para que también la vida y la fuerza del Resucitado se manifieste en nuestra pobreza (cf. 2 Cor 4, 10). Por eso nuestra vida, anclada en el poder Dios, que se manifiesta en la debilidad, os dice: «Fortaleced las manos débiles y afianzad las rodillas vacilantes» (Is 35, 3). Seamos fuertes porque las aguas torrenciales no podrán apagar el amor fuerte de Cristo, ni anegarlo los ríos (cf. Cant  8, 7). Tal amor nos está llamando a corresponder con un amor recio. Quien primero nos ha llamado amigos (cf. Jn 15, 15) espera nuestra respuesta para ser «amigos fuertes de Dios», en palabras de santa Teresa de Jesús. En la vida contemplativa claustral tal amistad fuerte tiene una manifestación en «tratar muchos ratos a solas con quién sabemos  nos ama». Lo hacemos en soledad, una soledad repleta de Presencia, y en la vida y la oración, henchidas de la Palabra que se escucha en el silencio. Desde esta soledad y silencio os gritamos: no tengáis miedo, «el poder de Dios se manifiesta en la flaqueza» (2 Cor 12, 9). Paz y Bien.

 

TESTIMONIO DE NUEVAS ORMAS DE CONSAGRACIÓN

Teresa Rodríguez Arenas, FMVD

 

Amigos fuertes de Dios «La nueva evangelización se ha transformado en discernimiento, es decir, en capacidad de leer y descifrar los nuevos escenarios, que en estas últimas décadas se han creado en la historia de los hombres, para convertirlos en lugares de anuncio del Evangelio y de experiencia eclesial» (Instrumentum laboris del Sínodo para la Nueva Evangelización, n. 52) La nueva evangelización pide que se visibilice un modelo de Iglesia que esté a la altura de los retos que lanza el mundo de hoy a la fe cristiana y a la Iglesia universal. La riqueza y variedad de instituciones nuevas que surgen en la Iglesia son testimonio de cómo la vida consagrada es ya en sí misma una elocuente expresión de la presencia del  Señor Resucitado (…), como una especie de Evangelio desplegado durante los siglos. El Espíritu Santo ha capacitado de forma especial a las nuevas formas de vida consagrada para la nueva evangelización. Se trata de comunidades evangelizadoras en donde la base está la consagración bautismal, dignidad que revela su vocación a la santidad y al apostolado, la participación en la misión de Cristo, como también los carismas que el Espíritu Santo da a los bautizados, según el plan sabio y generoso de Dios, la importancia de la Palabra de Dios para la transmisión de la fe, la fraternidad universal, la comunión de todos como elemento esencial e imprescindible de la misión. La mayor eficacia en la construcción y el anuncio del Reino que nace del derecho de todos los hombres al Evangelio, lleva a estos nuevos consagrados a ser testigos con audacia misionera; no solo atender situaciones sociales y culturales que necesitan ser evangelizadas, sino que, ante todo, su razón de existencia está en el mandato de Jesús resucitado, que define la razón misma de la existencia de la Iglesia: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes. Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (cf. Mt 28, 18-20). «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (cf. Mc 16, 15). Referirnos las formas nuevas de vida consagrada es descubrir que estamos ante la presencia de un florecimiento y renacimiento misionero de las primeras comunidades cristianas, que enviaron apóstoles al mundo entero a llevar con ardor interior la Buena Noticia de Jesucristo, impulsados y vivificados por el Espíritu Santo.

 

 

 

MONICIÓN INTRODUCTORIA ---------

 

Jesucristo, cuyo alimento es el cumplimiento de la voluntad del Padre, celebra, porque el Padre se lo pide, su Misterio Pascua.

 

Lo celebra en este tercer Domingo del tiempo litúrgico ordinario y último Domingo cronológico del mes de enero, cuando el frío del invierno se deja sentir con particular crudeza. Y como una cosa se cura con su contraria, frente al frío exterior, el Espíritu Santo avive el fuego de amor en nuestro corazón para responder con amor al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

 

En este domingo celebra la Iglesia la Jornada de la Infancia misionera. Todos, pequeños y mayores, recibimos el beneficio del don divino. Sepamos acercarnos a este don con un corazón humilde, agradecido y bien dispuesto. Invoquemos sobre nosotros la misericordia divina.

 

PETICIONES ------------------

 

En el día en que concluye el Octavario de oración por la unidad de los cristianos elevamos nuestra súplica ardiente, confiada, insistente y anhelante por la unidad de la Iglesia, esposa de Cristo y madre nuestra. Roguemos al Señor.

 

En el domingo de la Infancia Misionera pedimos por los miembros más nuevos de la Iglesia, los niños, para que vivan desde la infancia su compromiso misionero y sean los primeros anunciadores de Jesús en sus ambientes. Roguemos al Señor.

 

En este Año de la Vida Consagrada tenemos muy presentes a todos los consagrados de nuestra diócesis. De forma muy particular en esta semana oramos por  la Orden de las Vírgenes, por los Institutos seculares Alianza de Jesús por María y Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote de Guadalajara, Mondéjar y Sigüenza, por la Obra de la Iglesia de Guadalajara, por la Asociación privada de fieles Papa Juan XXIII de Guadalajara, por la Asociación privada Sagrada Familia y Servidoras del Evangelio, por las vocaciones al ministerio ordenado, por nuestros Seminarios diocesanos y por las intenciones del Papa y del Obispo. Por estas comunidades e intenciones nos pide la diócesis que oremos en esta semana y lo hacemos con gusto. Roguemos al Señor.

AVISOS FINALES -------------

 

La semana cristiana que hoy comienza, tercera del Tiempo Ordinario puede ser calificada como la semana educativa, ya que nos trae la memoria de tres santos dedicados a la educación y formación:

 

El martes, día 27, haremos memoria de Santa Ángela de Mérici, quien en el año 1535 fundó en Brescia, Italia, una sociedad de mujeres, bajo la advocación de santa Úrsula, dedicadas a la formación cristiana de niñas pobres.

 

El miércoles, día 28, haremos memoria de Santa Tomás de Aquino, nacido en 1225, quien tras ingresar en la Orden de Predicadores, escribió muchas obras llenas de erudición y ejerció también el profesorado, contribuyendo en gran manera al incremento de la filosofía y de la teología.

 

El sábado, día 31, haremos memoria de San Juan Bosco, nacido en 1815 y que, una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la educación de los jóvenes, instituyendo la Congregación salesiana destinada a enseñarles diversos oficios y formarlos en la vida cristiana.

 

Nuestro recuerdo particular para las madres ursulinas, los padres dominicos y los padres salesianos y en general para todos los que se dedican a la digna misión de la enseñanza y la formación. Sea para todos nosotros una semana de progreso y crecimiento espiritual.

 

 

 

Oración con los cristianos ortodoxos

Jueves 22 de enero a las 8 de la tarde

Parroquia San Juan Casiano de Guadalajara

(Antigua parroquia Virgen de la Salud-Nuevo Alamín)

Oración por la unidad de los cristianos

Viernes 23 de enero a las 8 de la tarde

Concatedral de Santa María de Guadalajara

 

Algunas fechas señaladas en la historia de la semana de oración por la unidad de los cristianos

1740 Nacimiento en Escocia de un movimiento pentecostal con vinculaciones en América del Norte, cuyo mensaje de avivamiento de la fe incluía oraciones por todas las Iglesias y con todas ellas.

1820 El Rvdo. James Haldane Stewart publica «Sugerencias para la unión general de los cristianos para la efusión del Espíritu» (Hints for the General Union of Christians for the Outpouring of the Spirit).

1840 El Rvdo. Ignatius Spencer, un convertido al catolicismo, sugiere una «Unión de oración por la unidad».

1867 La Primera Conferencia de Lambeth de los obispos anglicanos hace hincapié en la oración por la unidad en el Preámbulo de sus Resoluciones.

1894 El papa León XIII anima a la práctica de un Octavario de Oración por la Unidad en el contexto de Pentecostés.

1908 Primera celebración del «Octavario por la Unidad de la Iglesia», iniciada por el Rvdo. Paul Wattson.

1926 El Movimiento «Fe y Constitución» inicia la publicación de «Sugerencias para un Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos».

1935 En Francia, el abad Paul Couturier impulsa la «Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos» sobre la base incluyente de una oración concebida «por la unidad que Cristo quiere, por los medios que él quiere». 44

1958 El centro «Unidad Cristiana» de Lyon (Francia) y la Comisión «Fe y Constitución» del Consejo Mundial de Iglesias comienzan a preparar conjuntamente el tema para la Semana de Oración.

1964 En Jerusalén el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I recitan juntos la oración de Cristo «que todos sean uno» (Jn 17).

1964 El Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II subraya que la oración es el alma del movimiento ecuménico y anima a la práctica de la Semana de Oración.

1966 La Comisión «Fe y Constitución» y el Secretariado para la Unidad de los Cristianos (actualmente Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos) de la Iglesia Católica deciden preparar un texto para la Semana de Oración de cada año.

1968 Por primera vez la Semana de Oración se celebra sobre la base de unos textos elaborados en colaboración por «Fe y Constitución» y el Secretariado para la Unidad de los Cristianos (actualmente Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos).

1975 Primera celebración de la Semana de Oración a partir de textos preparados sobre la base de un proyecto propuesto por un grupo ecuménico local. Esta nueva modalidad de elaboración de los textos ha sido inaugurada por un grupo ecuménico de Australia.

1988 Los textos de la Semana de Oración fueron utilizados en la celebración inaugural de la Federación Cristiana de Malasia, que reúne a los principales grupos cristianos de este país.

1994 El grupo internacional que preparó los textos para 1996 incluyó representantes de la YMCA y de la YWCA.

2004 Acuerdo alcanzado para que los materiales para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos sean editados conjuntamente y publicados en el mismo formato por «Fe y Constitución» (Consejo Mundial de Iglesias) y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (Iglesia Católica).

2008 Celebración del centenario de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (su predecesor, el Octavario por la Unidad de la Iglesia, fue celebrado por primera vez en 1908).

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