Vigilia de oración, 7 de abril, 2018

Testimonio de Johannes Cornado, párroco y Misionero de la Misericordia, Austria

Por Ángel Moreno

(de Buenafuente)

 

Soy el más pequeño de 6 hijos de una familia católica. El motor de la vida de fe de la familia era mi padre, mi madre no estaba bautizada. El domingo íbamos siempre a la iglesia. Recuerdo alguno de los momentos solemnes, pero para extraños, cuando mi padre ocasionalmente pronunciaba una oración conmigo. Él trabajaba en el servicio diplomático, motivo por el que nos trasladábamos un nuevo país casa tres o cuatro años. Nueva escuela, nuevo grupo de amigos, todo eso que no ha sido fácil para mí, que era muy tímido. 

A los 14 años, en Austria, me inicié en el consumo de hachís con los amigos. En aquella época me evadía de ir a la iglesia los domingos. Me sentía grande, con los amigos consumía drogas. Mi vida consistía en amigos, fiestas, alcohol, drogas, diversiones, el pelo largo, cría ser feliz. A los 17 años había experimentado el consumo de muchos fármacos, LSD, cocaína, droga ligera, alcohol. Mi vida de estudiante era un desastre. A los 17 años, mis padres, con toda la familia, hicieron todo lo posible para trasladarme a la India, con el fin de apartarme de los amigos, pero mi vida no se calmaba. No era esclavo, ni hacía mal a nadie, tenía muchos amigos y amigas, pero no progresaba. Después de dos años, en la American School he podido obtener la madurez con mucho esfuerzo, y he vuelto a Austria, para estudiar ingeniero de sonido. 

Pero, aquí nuevamente, las fiestas, los viajes, etc… Inicié los estudios de etnología, quería hacerme periodista de viajes, he absorbido la espiritualidad hindú, y la cultura hippie. Durante un viaje a Uganda, he tenido ocasión de conocer proyectos de ayuda al desarrollo. ¡Esto es lo que yo quería hacer! Inicié un aprendizaje como forestal para después poder colaborar como cooperador técnico al desarrollo. Cuando tenía 22 años sentí que debía cambiar de vida, pero no podía. Conocía la emoción de la droga, a menudo la he robado para los amigos, incluso droga dura, heroína y cocaína en grandes cantidades. Y así vine a ser el criminal que deseaba ser. Tenía trabajo ocasional como técnico de escena o similar. En este periodo de crisis, mi hermana es mi amiga de ahora, una estudiante de arte, me ha ayudado mucho. 

Un día un fuerte amigo vino a verme. Y me dijo que ahora creía en Jesús. Jesús que se le había aparecido en sueños y que le había interrogado sobre su vida. Yo observaba que mi amigo tenía una mirada luminosa y alegre, a menudo volvía a hablar con él: Le preguntaba: Jesús realmente existe? Mi amigo me habló de un sacerdote anciano, y después de largas vacilaciones, fui a verlo. Conté a este sacerdote toda mi vida, y de mi crisis de sentido. Él me propuso: “¿Podíamos continuar esta conversación pero como confesión?” Y yo le respondí: “Sí”. Tenía en ese momento una gran dificultad con la Iglesia Católica, pero el sacerdote me dijo: “No mires a la Iglesia, mira a Jesús. Dale tu confianza y Él podrá darte una experiencia”. Recibí la absolución, y creo que fui tocado en ese momento. 

Dos semanas después, en casa, reflexioné sobre mi vida. Quería ahora convertirme en un forestal, pero no podría recibir ningún progreso. ¿Qué podré hacer con mi vida? Me acordaba de Jesús y le decía, “si existes, mete mi vida en tu mano”. Y ese mismo momento, Él entró en mi vida y se me mostró como luz y como amor. Se me ha presentado en el mismo salón. Hoy dudo en qué momento me peleaba o creía en Él. Estaba totalmente impregnado de su amor; no me reprendía por mi vida anterior, estaba totalmente seguro de su misericordia. Él ha tomado mi vida en su mano y le ha dado un sentido. Desde aquel momento soy cristiano y católico y me empuja a hablar de Él a los otros. En junio de 2003 fui ordenado sacerdote. Soy párroco de tres parroquias rurales, y desde 2016 puedo anunciar y transmitir la misericordia de Dios como Misionero de la Misericordia.

Por Alfonso Olmos

(director de la Oficina de Información)

 

Es difícil expresar los sentimientos que cada cristiano vive en los días del triduo pascual, puesto que cada uno experimenta, seguro, cosas diferentes. Pero hay un nexo común, que se expresa en la liturgia de los días de la Semana Santa. Vivir con profundidad esas celebraciones nos une a todos los seguidores de Cristo.

A veces el número elevado de comunidades que se deben atender en esos días, hace que se tenga que simplificar, en la forma, que no en la profundidad, cada acto celebrado en las pequeñas parroquias rurales de la diócesis. Pero eso no es motivo para perder el hilo conductor de los acontecimientos a conmemorar.

Jesús se entrega, padece, muere y resucita, y todos somos testigos privilegiados del acontecimiento, incluso en la pobreza de las pequeñas parroquias dispersas por nuestra geografía diocesana, que en estos días se hacen grandes, y dan ejemplo de fe viva y de compromiso cristiano.

Los que estos días llenan nuestra iglesias son los que acuden a nuestros pueblos a descansar de las fatigas de la rutina diaria, o los que vuelven a sus orígenes agradecidos a esa tierra por todo lo que les ha dado, o los que han llegado a esos lugares espontáneamente y se han afincado en ellos porque han encontrado el arropo de los lugareños.

Sea como sea es de agradecer, que al toque de campana todavía sean muchos los que acuden a las frías iglesias, a calentar un poco su corazón con la celebración de la fe. Muchos niños, padres y abuelos que, en los pueblos, reviven su fe desde la sencillez y así, además, ayudan al sacerdote a sentirse más útil, a dar sentido a su ministerio entregado.

Ana I. Gil Valdeolivas

(Delegación de Apostolado Seglar)

 

 

Comenzamos el triduo Pascual, nos preparamos para el gran acontecimiento de nuestras vidas. Cristo VIVE. Tres días intensos de amor, días de intimidad, días de dejarnos sorprender por el Señor. Son días de penetrar en el Corazón de Jesús, siendo testigos de todo lo que pasa en Él.

Días para pedirle al Señor: “Quiero pasar contigo todo lo que has sufrido por nosotros. No me quiero perder nada, quiero Señor estar atenta, centrada en ti, para descubrir tus sentimientos, lo que me tiene que decir tu corazón. Ayúdame a dejar fuera el bullicio de mi día cotidiano, del exterior, la dispersión, la superficialidad y que sean días totalmente de ir a tu encuentro de dejarme encontrar por ti, de abrirte mi ser, de permanecer a tu lado, e ir descubriendo lo que viviste en aquellos momentos.

Comenzamos este caminar con el Jueves Santo, un día en que se nos regala el amor extremo: día de la institución de la Eucaristía, día del testamento de amor de Jesús, día del perdón, de amor a los suyos, día de Getsemaní. Señor no quiero, perderme nada, quiero estar allí:

“Cuando llegó la hora se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: Vivamente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la comeré hasta que se cumpla en el Reino de Dios”. Quiero entrar en el cenáculo y escuchar “lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: “Tomad, comed, esto es mi cuerpo”

Quiero vivir otro regalo de AMOR, dejarme lavar los pies, sin titubeos, entendiendo la importancia del servicio al otro, al que me rodea, a mi prójimo haciendo mío el mandamiento, el gran testamento del amor: “Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como Yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que Yo os mando. Esto os mando: que os améis unos a otros”

Dejarme lavar es dejarme acariciar por ti, y aprender a acariciar, es disculpar las durezas y defectos de los demás, y ver los míos propios, es sentir tu perdón y aprender a perdonar.

Quiero en estos días responder a preguntas: ¿cómo es mi amor?,¿amo como Él me amó y me ama?, preguntas que, junto al sagrario, al monumento, junto a la cruz poder contestar, con sinceridad.

Quiero ir a Getsemaní, y ser capaz de estar en vela y orar, junto al Señor, que se sienta acompañada por MI y por TI.

Señor ¡quiero conocer tus sentimientos!, penetrar en tu Corazón para que contagies el deseo de ti, sentir el amor que te inunda, y que te lleva a dar tu vida por mí.

Recuerdo como vivo mis encuentros contigo, La Eucaristía, el Papa nos recuerda que la Eucaristía nos tiene que emocionar, ¿me emocionan? en ellas me dices, toma come mi cuerpo, bebe mi sangre… Señor ¿qué hago con ellas?, ¿Qué hago en ellas?, ¿Cómo las vivo?,¿las preparo? ¿las deseo?,¿las amo?... días para contestarlas

Raúl Pérez Sanz

(Delegación de Liturgia)

 

 

Al comienzo del curso pastoral 2017-2018 se nos presentó en el Encuentro del Pueblo de Dios el nuevo objetivo diocesano, que nace a raíz de nuestro Plan Pastoral Diocesano “El amor de Cristo nos urge”. Dicho objetivo, nos plantea la necesidad de ahondar en la relación con Dios, en la comunión eclesial y en el impulso de la actividad caritativa parar dinamizar la Evangelización.

Desde la Delegación de liturgia, hemos preparado y estamos ofreciendo a los sacerdotes diocesanos un material que nos ayude a reflexionar y a formar a todos en el sacramento de la Eucaristía. Este material está compuesto por diferentes cuadernillos titulados “La misa explicada” que, a modo de fascículos, nos van llegando para ayudarnos a profundizar en tan sublime misterio.

En los próximos artículos de opinión, desde la Delegación de liturgia, intentaremos presentar, en resumen, el contenido de este rico material.  Así llegaremos a tener una mayor y mejor formación litúrgica, ya que, como reza la constitución conciliar Lumen Gentium en el num.11, la Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana.

Comencemos pues con entusiasmo este camino de formación, iluminados por el resplandor de la Luz pascual, Cristo Resucitado.

Feliz Pascua de Resurrección.

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