Silencio

Por José Ramón Díaz-Torremocha

(Conferencia de Santa María la Real en Guadalajara)

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Silencio

¿Cómo podemos abrirnos al misterio de Dios, a los valores espirituales y a nuestra grandeza humana,

sí estamos rodeados de un constante alboroto?[1]

 

Me gusta el Cardenal Sarah. Quizás porque le entiendo muy bien. Es sencillo y claro escribiendo. Por eso, es fácil leerle y seguir su pensamiento. Hasta para mí, dicho sea, en verdad y en absoluto con falsa humildad. Uno llega hasta donde llega y bendito entendimiento que me hace reconocer y no aceptar, mis limitaciones. No las acepto y por ello: sí acepto que me encuentro en un permanente ejercicio/proceso de aprendizaje y formación y desde luego de perfeccionamiento espiritual.

 

Es un autentico placer llegar a viejo o estar rondando la llegada y tener la posibilidad de intentar ayudar a otros con la experiencia de vida ¡Ojalá! lo consiga. Aunque parezca que las opiniones de los mayores, cada día, tienen menos audiencia.

 

Tengo claro que sí debo dedicar horas a la oración, reglada o no, también he de dedicar momentos a la meditación. Meditación reglada o improvisada, pidiendo al Amigo que no falla, que no me abandone y que, como tantas veces, le sienta cercano, le sienta paterno y materno.  Que llegue a entender que quiere de mí y me dote de las fuerzas para seguir la senda en el servicio que me demande.

 

Que me ayude a encontrar el camino hoy, para continuar mi servicio eclesial. Para poderle servir a Él y a Su Iglesia, casi diría que con una profesionalidad que aspiro a que – cada día -  sea más tierna y amigable para con aquellos con los que hago y hacemos el mismo camino.

 

Lo he verbalizado muchas veces y es muy posible que, hasta a algún amigo lector con el que ya desde ahora me disculpo, pueda parecerle aburrida la repetición, pero creo firmemente que el hombre deja de ser un sujeto pensante para convertirse en otra cosa, casi inanimada, cuando cree que ya no tiene capacidad para aprender o para enseñar a otro.

 

Para seguir ese camino también de aprendizaje espiritual, donde tenemos que aspirar a alcanzar el silencio de Dios y con Dios. Sin embargo, conozco con frecuencia, grupos dedicados a la oración comunitaria que no han alcanzado el grado de silencio necesario.

 

¡Claro que es buena la oración comunitaria en mi criterio y experiencia! Magnífica. Pero, a veces, se habla demasiado y no se dejan, al menos como digo en mi experiencia, espacios para el silencio. Silencio que ayude a la meditación personal, espiritual y muda ante lo que se ha escuchado.

 

Que pueda dirigirme, filialmente a Él y así lo sienta, como el Padre que es en Jesús. Que quien en la Iglesia tenga el servicio de la palabra, que se note que lo que se escucha, lo que se lee, es parte de un trabajo serio y que no se improvisa.

 

Más que un trabajo, que se perciba que con la necesaria humildad, sabiéndose pobre obrero en la Viña, que se está aspirando a prestar un servicio al Pueblo de Dios y al mismo Dios.

 

A Cristo siempre por y con María

 

 

 

José Ramón Díaz-Torremocha

Conferencia Santa María la Mayor

Guadalajara, España

 

 

 

 

Silence

How can we open ourselves to the mystery of God,

to spiritual values and to our human greatness,

when we are surrounded by constant turmoil?[2]

 

I like Cardinal Sarah, maybe because I understand him very well. He is simple and clear in his writing. That is why it is easy to read him and to understand his thoughts. Even for me; I say it in truth and not at all with fake humility. One goes as far as one can go and blessed be the understanding that makes me recognise and not accept my limitations. I do not accept them and therefore: I do accept that I am in a permanent exercise/process of learning and training and certainly of spiritual improvement. 

 

It is a real pleasure to reach old age, or to be approaching the arrival, and to have the possibility of trying to help others with the experience of a whole life. I wish I could succeed! Even if the opinions of the elderly seem to have less and less audience every day.

 

It is clear to me that if I have to dedicate hours to prayer, whether regulated or not, I must also dedicate moments to meditate. Meditation, whether regulated or improvised, asking the Friend who does not fail, not to abandon me and, as so often, that I may feel close to him, that I may feel his fatherly and motherly presence. That I may come to understand what He wants from me and He may give me the strength to follow the path in the service He demands of me.

 

May He help me to find the way today, to continue my ecclesial service. To be able to serve Him and His Church, I would almost say with a professionalism that I seek it to be - each day – gentler and friendlier towards those with whom I make the same journey.

 

I have said it many times and it is quite possible that it may even seem boring to a reader friend to whom I apologise, but I firmly believe that a man ceases to be a thinking subject and becomes something else, almost inanimate, when he believes that he no longer has the capacity to learn or to teach others.

 

To follow this path of spiritual learning, we have to strive to reach the silence of God and with God. However, I often meet groups engaged in communal prayer that have not reached the necessary degree of silence.

 

Of course, according to my judgement and experience, community prayer is good! It is magnificent. But sometimes too much is said and too little space is left for silence, at least in my experience. Silence that helps personal, spiritual and silent meditation on what we have listened to.

 

May I be able to address Him filially and feel Him as the Father who is in Jesus. That whoever in the Church has the service of the word, may we feel that what we listen to, what is read, is part of a serious work and that it is not improvised.

 

More than a piece of work, it should be perceived that, with the necessary humility, knowing oneself to be a poor labourer in the Vineyard, one is seeking to render a service to the People of God and to God Himself.

To Christ, always through and with Mary

 

 

José Ramón Díaz-Torremocha

Conference of Santa María la Mayor

Guadalajara, Spain


[1] “La fuerza del silencio” Cardenal Robert Sarah, Editorial Palabra, pag 63

[2] “The power of silence” Cardinal Robert Sarah, Publisher Palabra, page 63

 

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