Carta semanal del obispo

'Paciencia'

 

 

 

En nuestros días se habla poco de la paciencia. En general, el ser humano tiene poca paciencia. Las prisas, la búsqueda de lo inmediato y la celeridad con la que se producen los acontecimientos en nuestros días son un gran obstáculo para vivir y actuar con paciencia. Si en todos los tiempos fue necesaria la virtud de la paciencia, lo es mucho más en estos momentos de profunda crisis religiosa y de incertidumbre ante el futuro.

Cuando se habla de la paciencia en el Evangelio, se hace referencia a un Dios, fuerte y paciente, que cuida con infinito amor de sus hijos, que perdona una y otra vez a quienes ponen su confianza en él, que conduce constantemente la historia de la humanidad con ternura y misericordia hacia una meta concreta y bien definida.

Las personas que se dejan guiar por la paciencia de Dios mantienen el ánimo sereno en medio de las dificultades y problemas de la vida. Ante las injusticias y mentiras que detectan en los acontecimientos diarios, las personas pacientes ponen todos los medios a su alcance para solucionarlas, pero lo hacen con la profunda convicción de que la paciencia de Dios continúa su obra hasta que se cumplan sus promesas.

Los cristianos, iluminados por la paciencia de Dios, no se desalientan ante las dificultades del camino ni miran para otro lado al contemplar los problemas de la vida diaria. Actúan siempre con la convicción de que Dios cuida de ellos, de sus hermanos y del mundo. Esto les capacita para actuar desde la reflexión sosegada, para no anticipar el juicio divino y para no imponer a los demás la propia justicia.

Los auténticos creyentes, aunque viven siempre con la esperanza de que las promesas divinas se han de cumplir, no se cruzan de brazos ante los problemas. Al contrario, se esfuerzan y luchan cada día para encontrar las soluciones más adecuadas a las adversidades y dificultades de la vida pues, como nos recuerda el apóstol Pablo, “si nos fatigamos y luchamos, es porque tenemos la esperanza en el Dios vivo” (I Tim 4, 10).

Esta confianza en el Dios que vive y su invitación a actuar con paciencia nos lleva a la convicción de que, a pesar de las dificultades, injusticias y mentiras del camino, él sigue realizando su obra en nosotros y en el mundo, mediante la actuación del Espíritu Santo, que nos invita tratar a todos los seres humanos, especialmente a quienes viven en el error o en la ignorancia, con amor y paciencia.

Santa Teresa de Jesús, nos pide que, en medio de las dificultades y oscuridades del camino, pensemos que Dios basta y que no cambia de criterios: “Nada te turbe, / nada te espante, / todo se pasa, / Dios no se muda. / La paciencia / todo lo alcanza. / Quien a Dios tiene / nada le falta. / Sólo Dios basta”.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

 

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara