BIBLIA PAUPERUM (2)
ANUNCIACIÓN - ENCARNACIÓN
La serpiente pierde su poder pues una virgen da a luz sin padecer. La Virgen es saludada, permaneciendo virgen, queda embarazada. La tierra permanece secada, mientras la lana del vellón con rocío esta mojada. La Biblia Pauperum relaciona el misterio de la Anunciación (Lc 1,26-38) con dos episodios del Antiguo Testamento, uno tomado del libro del Génesis y el otro del libro de los Jueces. En ellos se nos presentan a Eva, por un lado, y el vellón, por otro, como tipos de María, prefiguraciones.
En la narración del Génesis (Gn 3,1-7) descubrimos el diálogo entre el Maligno, un ángel caído, bajo forma de serpiente, con una mujer hasta entonces virgen, la compañera que Dios le dio a Adán; ésta consintiendo la propuesta pecaminosa del Maligno, engendra muerte para toda su descendencia, el Pecado Original. En cambio María, Inmaculada en su concepción, es la mujer elegida por Dios, para desanudar esta atadura, como gustaba decir a los Santos Padres; para ello otra virgen debía recibir la misiva de otro ángel, esta vez, Gabriel, el mensajero de Dios, que le desvela el plan redentor que el Señor había trazado desde antiguo; María acepta primero en su corazón la Palabra de Vida que viene del Padre y, por ello, la concibe en su seno por obra y gracia del Espíritu Santo. En este Misterio se cumple la profecía salva-dora que el Señor hizo a la humanidad en el Génesis, así como la maldición dedicada al Maligno bajo forma de serpiente: «enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar» (Gn. 3, 15).
Por su parte, el libro de los Jueces a partir del capítulo sexto nos presenta la historia de Gedeón, elegido por Dios para librar a su pueblo del yugo de los madianitas; Gedeón exigió una prueba al Señor para cerciorarse de que Éste lucharía en favor de su pue
blo: «Si verdaderamente vas a salvar por mi mano a Israel, como has dicho, yo voy a tender un vellón sobre la era; si hay rocío solamente sobre el vellón y todo el suelo queda seco, sabré que tú salvarás a Israel por mi mano, como has prometido» (Jc. 6, 36-37). Y así sucedió, «Gedeón se levantó de madrugada, estrujó el vellón y exprimió su rocío, una copa llena de agua» (Jc. 6, 38). La tierra que quedó seca es tipología de la virginidad de María que, a pesar de ello, concibe en su seno al Verbo divino como solamente el vellón quedó empapado de rocío; la copa llena de agua es prefiguración del seno virginal de María que concibe sin concurso de varón.
Junto a estos dos pasajes, la Biblia Pauperum escoge cuatro versículos que sirven como profecía de este misterio salvífico: a) Isaías 7, 14b: «he aquí que una virgen está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel»; b) Salmo 133, 3: «como el rocío del Hermón que baja por las alturas de Sión; allí el Señor dispensa la bendición, la vida para siempre»; c) Ezequiel 44, 2: «este puerta permanecerá cerrada. No se abrirá, y nadie pasará por ella, porque por ella ha pasado el Dios de Israel»; d) Jeremías 31, 22: «porque el Señor ha creado algo nuevo sobre la tierra: la Mujer rodeará al Varón», en clara referencia al concurso del varón en su concepción.
La Virgen María es verdadero antitipo de Eva, por contraposición, y del vellón de lana empapado de rocío, por analogía. Ella es la verdadera Madre que nos dio al Autor de la Vida. Ella hizo posible que nuestra sequía, a causa del Pecado Original, pudiera ser refrescada y sanada en las Aguas Bautismales.
Miguel Ángel
Ortega
Director Museo Diocesano