Orígenes de la devoción a la Virgen de la Salud de Barbatona

Jesús de las Heras Muela

Ante la 49 Marcha Diocesana a Barbatona,  de pasado mañana, domingo 12 de mayo

       Este próximo domingo, día 12 de mayo, es la 49 Marcha Diocesana a Barbatona, a la Virgen de la Salud. La misa principal será a las 11 horas presidida por el obispo de la diócesis. También habrá misas a las 13 y a las 18:30 horas. Ya la pasada semana ofrecíamos en esta misma página una amplia información sobre el programa y contenidos de la convocatoria.

       Hoy vamos a conocer los orígenes de la devoción a la Virgen de la Salud de Barbatona. En esta tarea lleva unos meses trabajando el sacerdote, músico e investigador de la historia Juan Antonio Marco Martínez, canónigo organista de la catedral seguntino y, junto a un servidor, administrador parroquial de Barbatona. El artículo que a continuación reproduzco es suyo y es quizás la aportación más novedosa y documentada sobre la historia del culto a la Virgen de la Salud de Barbatona. Marco es también el autor de la fotografía adjunta.

Agua en Barbatona

El topónimo BARBATONA, como explica José Antonio Ranz en su Diccionario de toponimia de Guadalajara, tiene un sentido hídrico. Haría referencia a la fuente que hasta 1973 estuvo situada en medio de la avenida por la que hoy se accede al santuario, en la parte central de la cuesta, más arriba y más a la izquierda de su ubicación actual. Las aguas de esta fuente aumentaban el escaso caudal del arroyo de los Tejares, que viene del pinar –de la fuente del Tejar- y termina en el río Dulce. La situación de esa fuente junto a una vía de comunicación de cierta importancia explica la existencia de un torreón de vigilancia, citado habitualmente en la documentación como El Castillo, sobre el que N. Morere escribe que «está constituido por grandes sillares aparejados con una alternancia soga-tizón… que denotan un origen musulmán; se fecha en el siglo X».

       Junto a esa fuente y ese torreón surgió, seguramente ya en la época que sigue a la restauración del obispado seguntino, un pequeño caserío que en 1753, según consta en el Catastro de Ensenada, se componía de ocho casas habitables, situadas todas ellas  «en la Calle Real, única de este lugar», ocupadas por seis vecinos y una viuda. Barbatona del Pinar –así figura con frecuencia en la documentación- nunca perteneció al Señorío Episcopal; estuvo integrado en el Ducado de Medinaceli. Y desde el punto de vista eclesiástico, la parroquia de «San Andrés» estuvo unida, como anejo, a la iglesia seguntina de Santiago, pasando a depender con esta, tras una Bula de 1525, a la Mesa Capitular del Cabildo catedralicio.

«Una imagen de la Virgen vestida»

       La iglesia de Barbatona, que adquirió en el siglo XIX sus dimensiones actuales, era un pequeño edificio apartado del caserío –quedaba este más hacia el saliente, a partir de la que hoy se conoce como casa de la Virgen- situado justo debajo del antiguo torreón, que pasó a ser granero. Constaba de espadaña –elemento que, salvo la portada que se puso ahí cuando las obras de 1866, se conserva tal cual- cuerpo y capilla mayor en forma de cubo; su longitud no alcanzaba los 13 metros. Como todas las iglesias, tenía un pequeño cementerio adosado por el sur, con su cerca de mampostería coronada de alabardillas labradas y su arco de ingreso; por aquí había que pasar para acceder al templo, cuya portada estaba situada en la parte central del muro sur. Detalles como la carpintería tosca de su techumbre, la ausencia de cornisas -sustituidas por un sencillo tejaroz- o el carecer de sacristía, son normales en una parroquia con tan poquito vecindario y sin recursos.

       Un inventario de finales del siglo XVI informa sobre la existencia de dos imágenes en la iglesia de Barbatona: «un retablo con un San Andrés de alabastro (añadido: este por estar indecente se enterró en el año de 1794 en el cementerio, junto al osario, que antes estaba colocado encima de la puerta de la parroquia) más una imagen de la Virgen vestida». Nada hace pensar que en la citada centuria esta imagen de origen medieval, honrada luego bajo la advocación de «Ntra. Sra. de los Remedios», recibiera un culto especial; hay que esperar hasta finales del XVII para encontrar algún indicio.

Los sucesos del 9 de septiembre de 1710

       Hay constancia documental de que en 1673 se hizo para la iglesia de Barbatona una campana llamada MARÍA ORA PRO NOBIS a cuya fundición contribuyeron devotos de Sigüenza, lo que denota que la devoción a Nra. Sra. de los Remedios había salido ya del ámbito local. También está documentado que fue en 1702 cuando la antigua «imagen de la Virgen vestida» adquirió su título definitivo: Nra. Sra. de la Salud. Quizá convenga subrayar que estos cambios en la denominación de imágenes de María eran normales; baste un ejemplo: la patrona de Trillo, venerada hoy como Virgen del Campo, fue primero Nra. Sra. del Rosario y luego Virgen de las Viñas.

       Así las cosas, resultó que el 9 de septiembre de 1710, día siguiente a la Natividad de María, las tropas del archiduque Carlos, en el contexto de la Guerra de Sucesión, profanaron la iglesia de Barbatona y vejaron la imagen de la Virgen. Pienso que este hecho y la reacción que suscitó en ciertos ámbitos de Sigüenza, fueron decisivos en la expansión de la devoción a Nra. Sra. de la Salud. En efecto, la imagen se llevó a restaurar a Sigüenza, se recogieron limosnas para ponerle un retablo digno y diversos devotos patrocinaron su fiesta; luego se creó en la citada ciudad una cofradía para fomentar y asegurar su culto y se iniciaron los trámites para construir, junto a la iglesia parroquial, una ermita con mayor capacidad y ornato.

Un santuario de toda la diócesis y para toda la diócesis

       El 27 de noviembre de 1739 tuvo lugar la bendición de «el sitio donde se ha de fabricar la nueva iglesia para la colocación de dicha Imagen». Transcurrieron quince años hasta que pudieron darse por concluidos los trabajos de la nueva ermita: «En el lugar de Barbatona a 14 días del mes de septiembre de 1754, el Sr. Dn. Juan de Olier dignidad de Arcediano de Ayllón y canónigo en la stª iglesia catedral de Sigüenza y abad de la cofradía de Nra. Sra. de la Salud que se venera en este dicho lugar… pasó a bendecir la nueva iglesia que se ha ejecutado en dicho lugar para colocar en ella a dicha Santa Imagen… y en la tarde de este día, se sacó procesionalmente a dicha Santa Imagen de la parroquia y se colocó en su nueva iglesia…».

       La construcción de la ermita, a la que en la centuria siguiente se le añadiría un tramo más al cuerpo y dos naves laterales, se ajustó con el seguntino Antonio Sancha, que por entonces ostentaba el cargo de maestro de obras del obispado. El coste de la obra rondó los 50.000 rs. ¿De dónde salió ese dinero? La respuesta es sencilla: de toda la diócesis. Las limosnas que se recogían en Sigüenza y pueblos del entorno no eran suficientes, así que se recurrió al Provisor para que aplicase a la obra de Nra. Sra. de la Salud parte de las limosnas que se recogían en todo el obispado por los permisos para trabajar en días festivos de agosto. En efecto, en torno a 1745 las cuentas de numerosas parroquias de la diócesis registran salidas de 15 rs. «para la obra de Nra. Sra. de la Salud de Barbatona». Seguramente esta es la razón de que el nombre de Barbatona y la devoción a Nra. Sra. de la Salud llegaran hasta los últimos rincones del obispado. La historia se repetirá cuando la Coronación Canónica de 1954: la hermosa corona de metales preciosos se adquirió con donativos de toda la diócesis, que por entonces era ya Sigüenza-Guadalajara.

       En correspondencia con esto, Barbatona siempre estuvo abierto la diócesis. Ya en 1883 la cofradía secundó una propuesta del obispo para una peregrinación diocesana, que finalmente se suspendió con motivo de una epidemia de cólera. La primera peregrinación diocesana a Barbatona tuvo lugar el 18 de septiembre de 1904; también aquí se puso la cofradía a disposición de la junta organizadora nombrada por el obispo «para solemnizar el quincuagésimo aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de María Santísima». Así ha seguido haciéndolo desde 1965 cuando por iniciativa de Acción Católica y del obispo de la diócesis, monseñor Laureano Castán Lacoma, se crearon las marchas diocesanas de mayo «que la cofradía vio con entusiasmo el camino por cuanto supone en el fortalecimiento de la fe».

Juan A. Marco Martínez


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