Domingo a domingo, avanzamos por la vida cristiana
mediante la Palabra de Dios y la participación del Pan único y partido.
Cristo así va siendo camino y alimento para todos nosotros, los cristianos.
Así también todos nosotros vamos saciando la sed de Dios que tenemos en
nuestras vidas. En el evangelio de este domingo esto se plasma de una forma
muy directa: «todo el mundo te busca» dirán los apóstoles al Señor.
Todos nosotros buscamos a Dios en nuestras vidas.
Muchas veces en medio de las desolaciones de cada día y de cada vida
personal. Así también Job, tal y como escuchamos en la primera lectura, en
medio de la monotonía de su vida sufriente, dentro de su vida dolorosa es
capaz de elevar todo ello en oración a Dios y preguntarle «¿Cuándo me
levantaré?».
También, los activos, los que a su vida les parece que
les falta tiempo, ellos también buscan a Dios porque Él es el sentido de su
existencia. Así nos aparece Pablo. En la segunda lectura se nos describe
como un trabajador de la viña del Señor y para ello, ha de buscar y anunciar
cada día a Cristo y su evangelio: «¡ay de mi si no anuncio el Evangelio!»,
exclamará.
E incluso, los que contemplan las obras de Dios,
aquellos que tienen noticia de Él y de su hacer, también le buscan. Son como
aquellos del evangelio que al saber lo que Cristo hace en la vida de las
personas, se ponen en camino y le va buscando.
Sea la persona que sea, lleve la vida que lleve, todos
buscan a Dios. Una búsqueda que se manifiesta de múltiples formas. Y la
búsqueda ¿por qué? La respuesta nos la da el salmo, y es que Dios sana, Dios
cambia nuestra vida y nuestra alma. Por ello, no tardemos también nosotros
en buscarle.
Julio A. Arjona