EL ECO Primera página |
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PORTADA El tiempo de los laicos La fiesta de Pentecostés invita a dar aliento y vida al «día de los laicos». Así suena la llamada de los movimientos de apostolado seglar; y por ahí van las líneas maestras del XX Encuentro diocesano de Laicos que se celebra en la diócesis este domingo. No se trata solamente de una jornada conmemorativa. El reto y la necesidad que se impone es que las comunidades cristianas vivan, cada día más, con el impulso y aliento que los laicos siembran y hacen crecer en su seno. Es signo de los tiempos. Hace pocos días los censos de población que publicaba el Instituto Nacional de Estadística recogían cifras en descenso de los residentes en instituciones colectivas de carácter religioso. Ello quiere decir que sigue bajando el número de pobladores de conventos, seminarios, abadías y demás casas religiosas. En 2001, según dicho informe, los residentes en estas comunidades eran 41.137, mientras que en 2011 bajan a 18.487 personas. Junto a la medición estadística de vocaciones en instituciones religiosas católicas, la experiencia que se mide y palpa en las diócesis españolas tiene el mismo sesgo de disminución de consagrados. Por eso, cada vez aparece como realidad más evidente el hecho de que estamos ya dentro de “la hora de los laicos”. Se impone verlo así. También por necesidad pastoral hay que entenderlo se este modo. Lo cual impele a dar pasos con tanta sensatez como realismo en el marco concreto de la diócesis. No sólo hay que confiar en los laicos para la evangelización de esta hora; a la par, los laicos han de creer en ellos mismos, en su potencial para anunciar el mensaje de Jesús en el mundo de hoy y de aquí. «El testimonio de los mártires del siglo XXI tiene que ayudarnos a revisar nuestra fe, a confesarla públicamente y a dar gracias por este regalo inmerecido»(Mons. Atilano Rodríguez, Carta semanal de 19 de mayo de 2013). «...la vocación cristiana y, por tanto, la vocación sacerdotal y religiosa son un regalo de Dios a cada persona, a la Iglesia y a la sociedad» (Mons. Atilano Rodríguez, Carta semanal de 21 de abril de 2013).«Al mismo tiempo, deberíamos tener presente que la misión de la Iglesia es la evangelización, es decir, el anuncio de Jesucristo...» (Mons. Atilano Rodríguez, Carta semanal de 17 de marzo de 2013).«María, por medio de su fe, se confía a Dios sin reservas, le entrega su persona y permite al Espíritu Santo llevar a cabo su acción salvadora» (Mons. Atilano Rodríguez, Carta semanal de 5 de mayo de 2013).
«En el camino de la fe, nos encontramos con
momentos de gran claridad y de luz intensa, pero también podemos pasar por
situaciones de oscuridad, en las que Dios parece haberse ausentado de
nuestra vida» (Mons. Atilano Rodríguez, Carta semanal de
12 de mayo de 2013).
«Pero, aunque sólo fuese por razones culturales, es
muy importante que los niños y jóvenes conozcan las verdades fundamentales
de la fe cristiana» (Mons. Atilano Rodríguez, Carta semanal de
28 de abril de 2013).
Residencia de Mayores Juan Pablo II en
Alovera |
• Durante este mes de mayo, mes de la «flores», honramos más filialmente a María
De María, se nos ha dicho, podemos afirmar que es «de casa». Es de nuestra condición y raza, mujer de nuestro pueblo. María, la Madre por excelencia (Madre de Dios y de la Iglesia), nos toca muy de cerca. María sigue estando en todos nuestros caminos y alentando todos nuestros pasos y trabajos. María sigue siendo espejo y modelo, figura y ejemplo para todos. Cada tarde del mes de mayo, mes bautizado para siempre como «mes de las flores», volvemos a María para mirarla y contemplarla, para darle gracias y pedirle beneficios, para ir entrando en su escuela y aprender a vivir no sólo con Ella sino como Ella. Nos lo dijo con todo acierto y claridad el Concilio Vaticano II: «Recuerden, pues, los fieles que la verdadera devoción no consiste ni en un afecto estéril y transitorio ni en vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, por la que somos conducidos a conocer la excelencia de la Madre de Dios y somos excitados a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes» (n. 67). Conocer, amar e imitar. Tres dimensiones de un mismo proceso de encuentro personal, en este caso, de encuentro con María. Se trata de un conocimiento que lleva al amor y de un amor que engendra conocimiento; conocimiento y amor, amor y conocimiento que desembocan necesariamente en identificación de vida. Es, en definitiva, la verdadera esencia de la fe. Vivir en fe es entrar en un misterio de conocimiento y amor, en un misterio de identificación. De esa fe María es el modelo acabado; es la peregrina de la fe por excelencia. En este Año de la fe, y con María en el camino, como aliento y modelo, seguimos suplicando: «Señor, auméntanos la fe»... Seguimos trabajando por el don de la fe, que es el alimento que dura…; seguimos celebrando la gracia de la fe…; seguimos testificando, con empeño y gozo, la grandeza de la fe…
Domingo 19 de mayo
Seminario de Vida en el
Espíritu
Del 30 de mayo al 2 de junio
1-5 julio 2013
Días 22 al 29 de julio
Del 20 al 28 de Agosto |
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