"Ecos" de la vida
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La clase de Religión
(ó del derecho-deber de los padres…)

Os lo tengo dicho y repetido a muchos padres. El día de vuestra boda dijisteis que estabais dispuestos a educar a vuestros hijos, si Dios os los daba, según la ley de Cristo y de su Iglesia. Y el día que los llevasteis a la Iglesia para recibir el bautismo, puerta y principio del camino de la fe, volvisteis a manifestar que sabíais que os obligabais a educarlos en las exigencias de la fe cristiana. Doble y solemne compromiso el que habéis adquirido para educar cristianamente a vuestros hijos. Es, por tanto, vuestro deber, a la vez que es vuestro derecho. Vuestro derecho-deber inalienable.

En ese compromiso educativo (y nos referimos explícitamente a la educación en la fe) vivís los padres en relación con vuestros hijos. Compromiso personal e insustituible, como decimos. Derecho-deber que, en principio, no podéis ni debéis delegar en otro. Derecho-deber en el que estáis siempre implicados. «Primeros e insustituibles educadores», os llama el Concilio.

Una de las formas o maneras concretas de llevar adelante la formación cristiana de vuestros hijos es hacerla posible también, y en la medida de lo posible, en el ámbito escolar. Ahí, en la escuela, donde vuestros hijos pasan años y experiencias muy decisivos para su formación, se debe prolongar el espíritu de formación y educación cristianas propio de vuestros hogares. Para ello debéis apuntarlos, en el momento oportuno, a la clase de Religión. Es vuestro derecho y es vuestro deber.

Los padres tenéis que saber que la clase de Religión no es sólo una asignatura más para defenderse mejor en la vida, para tener una mejor y más amplia cultura, que no es poco, sino que es la asignatura de la vida, la que más puede enseñar a vuestros hijos a saber qué hacer con la vida y de la vida; la asignatura que les puede enseñar la verdadera sabiduría de la vida, mostrando el alcance, el valor y el sentido de la vida. Ninguna asignatura tan decisiva y trascendental para responder y clarificar los interrogantes decisivos del corazón humano, como éstos: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo y a dónde voy?, ¿por qué el dolor y la fatiga?, ¿tiene algún sentido la esperanza que va más allá de la muerte?, ¿qué sentido tiene la vida misma?, etc.

Padres, os lo vuelvo a recordar y repetir: no privéis a vuestros hijos de la formación más completa e integral, aquella que viene, muy especialmente, de la mano de la clase y asignatura de la Religión. Es, como os digo, vuestro más sagrado derecho y vuestro más hondo deber. Un derecho-deber amparado por los Acuerdos firmados entre el Estado Español y la Santa Sede, amparado y ratificado al mismo tiempo por nuestra Constitución y sancionado reiteradamente por la Ley y Decretos relativos a la educación. Vuestros hijos tienen derecho a ser educados en todas las dimensiones de su personalidad y en todos los anhelos de su corazón, también en el anhelo de espiritualidad y transcendencia.

Ahora, y pensando ya en el curso que viene 2013-2014, es el momento de que apuntéis a vuestros hijos a esa apasionante asignatura. Hacedlo en los colegios de vuestros hijos. Así les vais a ayudar a educarse y crecer en valores, a adquirir la verdadera sabiduría de la vida, a conocer las raíces y el alcance de su cultura y tradición, a conocer a Jesucristo, el único nombre que nos puede salvar y llenarnos de vida y esperanza.


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