![]() |
Testigos de Cristo |
Nació en la ciudad de Guadalajara el 17 de noviembre de 1879. Siempre fue la santera de la Virgen de la Antigua. Mujer pobre pero de temple recio, su único título fue defender a la Virgen y su santuario. Conocida popularmente como "la Megina», vivía de las limosnas que le ofrecían los devotos y los cofrades de la Hermandad de la Virgen de la Antigua; con estos pequeños donativos y su trabajo, mantenía primorosamente las necesidades diarias del santuario. Era muy conocida en la ciudad por este servicio y por su profunda devoción a la Virgen.
El 22 de julio de 1936, un grupo de milicianos se dirigió a la iglesia de la Antigua. Encontrando cerrada la puerta, rociaron con gasolina el santuario para quemarlo. Luisa apareció en la puerta; los milicianos la increpan y le obligan a que les abra; ella clama: "para entrar tendréis que matarme". La respuesta fue una ráfaga de balas. Muerta Luisa, se produjo una fuerte discusión entre los propios mi1icianos, que se marcharon del lugar.
En la puerta del santuario que defendió quedó tendido el cadáver de la santera; al día siguiente era enterrado en el cementerio de Guada1ajara. Cuando finalizó la guerra, restablecido de nuevo el culto en la Antigua, el templo se llenó de fieles para participar en la primera Misa, celebrada en memoria de la santera que evitó que el santuario fuera incendiado.
ÁNGEL MARTÍNEZ SOMOLINOS
Nacido el 31 de mayo de 1916 en Guadalajara, en el seno de una familia trabajadora y de hondas raíces religiosas. Ángel era el cuarto de siete hermanos; todos, junto con Jorja, su madre viuda, vivían en el número 26 de la cal1e Doctor Benito Hernando. Trabajaba en el comercio "Casa Pajares» y colaboraba en el negocio familiar, una Fábrica de Jabón.
Fue detenido junto con su hermano sacerdote en la fábrica familiar por una partida de milicianos el día 14 de agosto de 1936. A pesar de que la madre pide ayuda a D. Marcelino Martín, dirigente de la Milicia y vecino de la familia, los dos jóvenes son llevados a una sede de la CNT para ser juzgados. Esa misma tarde fueron conducidos hacia la carretera de Cabanillas y, tras cruzar el paso a nivel, fueron fusilados. Los cadáveres fueron recogidos por D. José Pajares y enterrados en el cementerio de Guadalajara. Tras la guerra, fueron depositados definitivamente en una sepultura familiar.
ALEJANDRO
Hermano de Ángel, nació en Guadalajara el 26 de noviembre de 1911. Tras acabar el Bachillerato y realizar estudios de Magisterio, en 1930 ingresó en el Seminario de Toledo, donde fue ordenado sacerdote el 6 de junio de 1936. Mientras esperaba su nuevo destino pastoral, colaboraba en la Parroquia de San Nicolás y trabajaba además en la Fábrica de Jabón. De hecho, era el «cabeza de familia», puesto que su padre, Hermenegildo, había fallecido en enero de 1936 y sus siete hermanos eran todos menores que él. Con Ángel compartiría trabajo, fe, muerte y vida. Actualmente viven tres de ellos: Tomás, Felicidad y Matilde.
Nacidos en Budia, ordenados presbíteros en Sigüenza, párrocos en varios pueblos de la Diócesis: los tres en contraron1a muerte en parecidas circunstancias
GUILLERMO MAYOR GARCÍA
Nació el 10 de febrero de 1871 y fue ordenado sacerdote el 19 de septiembre de 1896. Cuando estalló la guerra ejercía su ministerio en Gárgoles de Arriba, a los 65 años de edad y con una salud delicada. Refugiado inicialmente en casa de un vecino, fue después recogido por el Secretario del pueblo, que era también Sacristán. El 17 de diciembre, ante un registro inminente por parte de los milicianos para buscar al sacerdote y el miedo consiguiente entre los vecinos del pueblo, D. Guillermo se ocultó en el campo; la sobrina y la criada del sacerdote también se vieron obligadas a marchar del pueblo para no levantar sospechas.
Cuando acabó la guerra, la familia de D. Guillermo visitó Gárgoles de Arriba buscando noticias del párroco. El Secretario les comunicó que, durante la contienda, había pasado a la zona nacional. Sin embargo, más tarde se denunció el asesinato del sacerdote, tramado por el propio Secretario y el Alcalde del pueblo.
Por lo que se pudo averiguar, el día 31 de diciembre de 1936, Alcalde y Secretario condujeron a D. Guillermo al borde de una fosa que ellos mismos habían cavado a las afueras del pueblo. La pistola con que iban a asesinarle se encasquilló; el sacerdote les dijo: "¿Me vais a matar?" Al ser descubiertos por su víctima y amigo, le asestaron un fuerte golpe en la cabeza y cayó desvanecido; con un segundo golpe lo arrojaron a la fosa y lo enterraron. Según determinó la autopsia, habría sido enterrado con vida.
FELIPE CUEVAS ALFARO
Nació el 6 de junio de 1895 y fue ordenado sacerdote en septiembre de 1919. En Henche vivió el estallido de la guerra; don Felipe decidió refugiarse en su pueblo natal, donde permaneció desde el 28 de julio hasta el 8 de septiembre de 1936. Cuando, el 9 de septiembre, volvió a Henche para recoger sus cosas, los vecinos -amenazados por las milicias- lo detuvieron y entregaron en Cifuentes. Antes de que llegasen los milicianos les dijo: "no me matan las milicias, sino los que me entregan". Ese mismo día, D. Felipe fue asesinado junto al cementerio de Henche: varios disparos de pistola y fusil pusieron fin a su vida a los 41 años.
ANTONIO MAYOR BERMEJO
Nacido el 21 de octubre de 1887 y recibió la ordenación sacerdotal el 31 de marzo de 1900. En 1936, siendo párroco de Durón, decidió trasladarse a su pueblo natal y alojarse en casa de unos primos. Los milicianos lo descubrieron: para salvar la vida, pagó 1.100 pesetas que tenía ahorradas. A pesar de ello, el 2 de septiembre fue detenido junto al esposo de su prima y ambos ingresaron en la Cárcel de Guadalajara.
Sacerdotes y Canónigos de Sigüenza, encontraron escrito en el Evangelio el guión de su propio destino:
«El buen pastor va delante de sus ovejas y da su vida por ellas» (Jn 10, 4.11)
ANASTASIO DE SILLÓN Y DE SILLÓN
Nació en Prado1uengo (Burgos) el 28 de octubre de 1878. Ejerció los cargos de Provisor y Vicario General en diversas Diócesis. Desde la Catedral de Jaén vino nombrado Deán de la Catedral de Sigüenza en 1929. Desde un principio fue un entusiasta e infatigable colaborador de EL ECO.
El 25 de julio de 1936 los milicianos entran en Sigüenza. D. Anastasio es detenido y conducido hasta su casa para proceder al registro de sus pertenencias; él intentaba convencerles de que "no había razón para todo aquello". Al día siguiente fue llevado ante el Comité, situado en el Ayuntamiento, donde recibió toda clase de injurias; quedó arrestado en la Cárcel, junto con otros compañeros sacerdotes.
El día 28 de julio, una partida de milicianos armados requirió la entrega de D. Anastasio, pero el carcelero se negó. Finalmente, el Jefe de la prisión accedió a que entraran tres milicianos: prendieron al Deán, 10 empujaron hasta la Calle Mayor y le hicieron subir a un automóvil. En La Cabrera, a un lado de la carretera, 10 asesinaron; allí mismo 10 enterrarían unos hombres del pueblo. Liberada Sigüenza y enterado el Cabildo seguntino del lugar del enterramiento, 10 exhumó y trasladó al Cementerio de Canónigos de la Catedral.
RAFAEL GANADO BRAVO
Nació en Sanzo1es (Zamora) el 25 de agosto de 1889. En Sigüenza desempeñó los cargos de Beneficiado de la Catedral, Mayordomo del Obispo Y Capellán del Asilo. Nunca aceptó propuestas para abandonar la ciudad.
E114 de agosto de 1936, cuatro milicianos 10 detuvieron en su casa con el pretexto de tomarle declaración. El automóvil partió hacia el Paseo de las Cruces; al otro lado de las vías del tren, le hicieron bajar del coche y comenzaron a dispararle; una miliciana le dio al fin el tiro de gracia en la cabeza. Su defunción fue inscrita con fecha 30 de marzo de 1937.
FLORENTINO GARCÍA MOREA
Nació en Mochales el 4 de julio de 1876. Fue ordenado sacerdote en Sigüenza el día 6 de junio de 1903. Desempeñó los cargos de Canciller-Secretario, Canónigo de la Catedral y Director de la Asociación de los Jueves Eucarísticos..
El 25 de julio de 1936, D. Florentino hacía oración en la Parroquia de San Pedro. «No me moveré de aquí. No dejaré solo al Santísimo. Si me han de coger, desearía que fuese aquí», le había confesado a su hermana. En el templo mismo lo detuvieron ara que hiciera entrega de las llaves de todas las iglesias de Sigüenza, quedando libre poco después.
Pero, el 10 de agosto, unos milicianos se presentan en su casa para registrarla; al final del día le ordenan acompañarles. Don Florentino les pidió tiempo para rezar el Oficio Divino; acabada su plegaria, se entregó con un firme «a vuestra disposición».
Al amanecer del día siguiente fue fusilado en el paraje La Hortaza, camino de Barbatona. Sería después enterrado en el cementerio de Sigüenza, donde hoy reposa.
Sacerdotes y profesores del Seminario Mayor de Sigüenza, con su muerte impartieron a todo el pueblo cristiano la más sabia lección de su vida:
«No amaron tanto su vida que temieran la muerte» (Ap 12,11)
MAURlCIO DE SANTlAGO-FUENTES GÓMEZ
Nació el 1 de septiembre de 1873 en Sigüenza, donde estudió y fue ordenado sacerdote en 1896. En el mismo Seminario seguntino ejerció como profesor de Física y Química.
En julio de 1936, tomada Sigüenza por los milicianos, un vecino ofreció su propia casa a don Mauricio para que se ocultara, pero el sacerdote rehusó el amistoso ofrecimiento: «te lo agradezco, pero no puedo consentir que nadie ponga en peligro su vida por el buen deseo de salvarme". Con todo, el 28 del mismo mes, ante el riesgo inminente, decidió refugiarse en casa de un primo suyo, Ángel Gómez. Pero, preocupado de nuevo por evitar cualquier situación peligrosa a su familia, el 4 de agosto regresó a su domicilio.
En la mañana del 7 de agosto de 1936 se produjo un intenso fuego de artillería sobre Sigüenza por parte de las fuerzas nacionales. Aquella tarde, un grupo de mi1icianos se abalanzó sobre la casa de D. Mauricio para detenerlo; él mismo les abrió. Lo condujeron en coche hasta e11ugar llamado «La Solana», cerca del Puente de San Francisco, en Sigüenza. Allí, al grito de "¡Viva Cristo Rey!", recibió los disparos de los fusiles. En el cementerio de Sigüenza reposan sus restos.
JESÚS MARTÍN GARCÍA GARCÍA
Nació en Ariza (Zaragoza) el 12 de noviembre de 1883; el 21 de diciembre de 1907 fue ordenado sacerdote en Sigüenza. Ejerció su ministerio en varias poblaciones de la antigua Diócesis, hasta que llegó a la Parroquia de San Vicente, en Sigüenza. En el Seminario impartía lecciones de Historia Eclesiástica; fue también administrador y redactor de la hoja diocesana, EL ECO.
Desde e1 25 de julio de 1936 permaneció oculto en su casa, sin aceptar ningún tipo de invitación para escapar. El 7 de agosto fue buscado por los milicianos, que lo acusaban de haber disparado contra ellos durante los combates de ese día. Escondido en el sótano, no lograron encontrarle. Sin embargo, al querer pasar a la casa colindante a través del patio para salvar la vida, fue avistado por el grupo de milicianos, que descargaron una ráfaga de disparos sobre él. El vecino escuchó las últimas palabras que salieron de los labios de D. Jesús Martín en forma de oración: "¡Virgen Santísima, amparadme!". Sus restos reposan actualmente en el cementerio de Sigüenza.
JOSÉ PEÑA RUIZ-RUSTILLO
Nació el 14 de noviembre de 1875 en Villalaín (Burgos). Desde 1906 desempeñó el cargo de Canónigo Doctoral en la Catedral de Sigüenza. Fue también profesor en el Seminario y director del Boletín diocesano.
El 14 de agosto de 1936, en una redada general, fue detenido en su casa por un grupo de mi1icianos y conducido a la casa de otro sacerdote, D. Gregorio Calero, en la que ya habían retenido a un buen número de sacerdotes enfermos y jubilados. Al final, entre calumnias y patrañas, se les sometió a todos a juicio ante el comité del POUM, ubicado en las dependencias de la estación de ferrocarril.
En su largo interrogatorio, D. José se negó a revelar la lista de sacerdotes que residían en Sigüenza. Finalmente, en la madrugada del 15 de agosto, unos cuantos milicianos se lo llevaron no muy lejos de la estación y lo fusilaron. Su cadáver fue enterrado en el cementerio de Sigüenza. Acabada la guerra, los hermanos del sacerdote trasladaron sus restos a Villalaín, su pueblo natal, donde actualmente reposan.
Numerosos sacerdotes fueron recluidos en la cárcel de Guadalajara en 1936. Entre insultos, amenazas y temor por sus propias vidas, compartieron con todos los presos la angustia y la muerte.
Tres vidas paralelas, una muerte común
EULOGIO CASCAJERO SÁNCHEZ
Nació en CHILOECHES el 14 de agosto de 1884. Realizó sus estudios en el Seminario de Toledo, donde se ordenó en 1909. Allí también se licenció en Teología (1914), en la Universidad de San Ildefonso. Cuando, en julio de 1936, estalló la guerra, D. Eulogio era capellán de las Carmelitas en el Convento de San José de Guadalajara.
JULIO M. CASCAJERO SÁNCHEZ
Natural de CHILOECHES, había nacido el 12 de abril de 1896. Siguiendo las huellas de su hermano Eulogio, estudió en el Seminario de Toledo, fue ordenado sacerdote en 1924 y se doctoró en Teología en 1926. Ejerció su primer ministerio en Los Yébenes (Toledo). En 1936, D. Julio María era párroco de Santa María de Guadalajara.
FCO. SILVANO MARIÑO OMEGA
Nació en Benavente (Zamora) el4 de mayo de 1883 en una familia de 18 hijos. Estudió en Astorga y Valladolid, donde fue ordenado en 1906. En Astorga ocupó el cargo de Canónigo Magistral y Profesor de Latín en el Seminario. Trasladado a la Diócesis de Toledo, fue nombrado párroco de la iglesia de Santiago, en Guadalajara, y Arcipreste de la ciudad. Ejerció un importante apostolado social entre los obreros. En Guadalajara fundó el periódico LUMEN, que se distribuía gratuitamente.
El día 22, ante los disturbios causados por toda la ciudad, D. Eulogio y su hermano, D. Julio María, se refugiaron en el Hotel Iberia (hoy Hotel España) junto con otros sacerdotes, entre los que se hallaban D. Francisco Silvano y D. Feliciano Sánchez. Al día siguiente, sin embargo, los milicianos se incautaron del hotel, pasando los cuatro sacerdotes a la contigua casa rectora! de Santiago, donde convivieron varios días sin novedad, haciendo una vida casi normal. El 9 de agosto sería detenido el Arcipreste, D. francisco Silvano, a quien acribillaron a balazos ese mismo día en la carretera de Marchamalo; tres días después, el templo de Santiago fue saqueado y arrastradas las imágenes por las calles. D. Eulogio y D. Julio María serían detenidos el 5 de septiembre y conducidos a la Prisión de Guadalajara, donde encontraron la muerte. Hoy están enterrados en la iglesia parroquial de Chiloeches.
El 6 de diciembre en la Cárcel
El 6 de diciembre de 1936 fue un día trágico en Guadalajara. Un escuadrón de aviones apareció en el horizonte dispuesto a arrojar bombas sobre la ciudad. Las amenazas de los republicanos habían sido palmarias: en cuanto cayera una bomba sobre Guadalajara procedente del bando nacional, «se daría orden de asaltar la prisión para fusilar a todos los prisioneros políticos recluidos en la Cárcel».
Aquella misma tarde, un grupo de milicianos, en connivencia con las autoridades, entró en la cárcel con todo tipo de armas (pistolas, bombas de mano y ametralladoras). Dejaron en libertad a los presos comunes y retuvieron a los presos políticos, a quienes fueron fusilando en los patios de la prisión. Se calcula que, de los más de 400 ejecutados, aproximadamente unos 21 eran sacerdotes.
Muchos FAMILIARES DE SACERDOTES entregaron su vida juntamente con ellos por el simple hecho de acompañar les, tratar de protegerles o intentar salvar sus vidas:
El vínculo de la fe, más fuerte que el de la sangre
VICENTE Y JOSÉ SACRISTÁN VALTUEÑA
Los dos hermanos eran naturales de Alcubilla de las Peñas (Soria). Vicente había nacido el 11 de enero de 1896; cuando estalló la guerra era Oficial de Prisiones en la Cárcel Central de Guadalajara. José, nacido el 14 de septiembre de 1904, ingresó en el Seminario de Sigüenza para realizar los estudios eclesiásticos. Celebró su primera Misa en Pelegrina, el13 de junio de 1927; en años sucesivos fue párroco de Torrecuadrada de Valles, Valderrebollo y Barriopedro. Entre 1931 y 1936 ejerció su ministerio en Ruguilla.
El 19 de julio de 1936 ambos hermanos participan en el levantamiento encabezado por el Comandante de Ingenieros Rafael Ortiz de Zárate López en la ciudad de Guadalajara. Su primera acción fue acudir a la Cárcel para poner en libertad a quienes allí estaban prisioneros. Sin embargo, el 22 de julio las columnas republicanas enviadas desde Madrid ocuparon Guadalajara. Vicente continuó con su trabajo en la prisión, pero José tuvo que esconderse, junto con el párroco de Budia, en domicilios particulares. Al día siguiente, al tratar de abandonar la ciudad, los dos sacerdotes fueron detenidos y encarcelados.
En la Cárcel, Vicente se convirtió en un acendrado defensor de los sacerdotes recluidos: según iban llegando arrestados, se preocupó de reunirlos a todos en la celda número uno, con la piadosa idea de que, en caso de asalto, la evasión les resultara más fácil. De esta forma llegó a agrupar a unos 21 sacerdotes.
En un principio, Vicente pudo prestarles algún auxilio, especialmente a los enfermos. Pero, a medida que pasaban los meses, se le obligó a no dispensar ningún tipo de ayuda. De hecho, en el mes de octubre, Vicente fue sorprendido mientras llevaba una taza de café a aquella celda número uno, en la que se hacinaban "los sublevados más peligrosos"; el café caliente era para su hermano José, que había enfermado. Por este delito, Vicente fue también encarcelado y procesado. A partir de entonces, ni siquiera la familia, que vivía a pocos metros de la Cárcel, pudo saber nada de los dos hermanos encarcelados.
Durante los meses de otoño, los prisioneros tuvieron que resistir el frío en mangas de camisa y sin mantas para las camas, hasta que, el 6 de diciembre, fueron fusilados en el patio de la cárcel.
«Quiero compartir su suerte»
Juan Martínez Bermejo era labrador, vivía en BUDIA y estaba casado con Trinidad Bermejo Cambronero, prima de D. Antonio Mayor Bermejo, párroco de DURÓN. Tras el 18 de julio de 1936, Juan y Trinidad dieron cobijo en su casa a D. Antonio Mayor durante casi dos meses. De cuando en cuando, las partidas de milicianos llegaban a la casa para exigir dinero al sacerdote.
Finalmente, el 2 de septiembre los milicianos detuvieron al sacerdote y lo llevaron a la Casa Consistorial de Budia: «tenemos que llevarle a Guadalajara, no se sabe por qué. Juan puede irse a su casa, ya que con él no es nada». Pero Juan no se fiaba de sus propósitos: «me niego a dejar solo a D. Antonio en manos de los milicianos camino de Guadalajara en una camioneta. Quiero compartir su suerte». Ambos, Juan y Antonio, fueron conducidos a la prisión de Guadalajara sin acusación ninguna. El 6 de diciembre fueron ejecutados.
En toda la provincia, la persecución religiosa durante el verano de 1936 fue terriblemente violenta. En ella, los SACERDOTES encontraron la muerte por la exclusiva causa de su condición.
Ancianos y jóvenes, sabios y pastores, en la ciudad y en el campo
FELIPE LÓPEZ GARIJO
Nació en Coscurita (Soria) el 23 de agosto de 1876 y en 1900 fue ordenado sacerdote en Sigüenza. Desarrolló su servicio pastoral y una gran labor educativa en Veguillas, algunos pueblos de Soria y, finalmente, en Atienza. Dadas sus dotes intelectuales, fue propuesto para ocupar la cátedra de Filosofía en la Universidad de Lieja (Bélgica), oferta que D. Felipe rechazó en razón de la situación social y política que se vivía en España.
En junio de 1936 viajó a Madrid para someterse a una intervención quirúrgica en el Hospital de San Pedro. Al producirse el alzamiento, convaleciente aún, se vio obligado a permanecer en Madrid, pues le era imposible volver a su residencia en Atienza.
La última noticia que se tiene de D. Felipe es una carta fechada el 11 de agosto de 1936, donde relata que fue detenido el 7 de agosto por las milicias de la CNT y puesto en libertad a los dos días. Detenido nuevamente por la sola razón de ser sacerdote, fue fusilado, sin juicio previo, recién cumplidos los sesenta años, el 26 de agosto de 1936, fecha que coincide con los asesinatos en masa que tuvieron lugar en la Cárcel Modelo de Madrid. Se desconoce el lugar exacto de su enterramiento.
PABLO SANTOS DÍAZ
Nació el 15 de enero de 1903 en SOLANILLOS DEL EXTREMO, ordenado sacerdote en Sigüenza en 1928, párroco de Las Inviernas en 1936.
El día 28 de julio de 1936 fue llamado al Ayuntamiento: el alcalde sabía que lo estaban buscando y le recomendó ocultarse en el monte. D. Pablo marchó a su pueblo para despedirse de sus hermanos. Seis milicianos procedentes de Cifuentes fueron a buscarlo a Las Inviernas y, al no encontrado, rastrearon el contorno.
Obligaron así a dos vecinos de Masegoso de Tajuña a hacer guardia en el puente de la carretera, donde al fin fue detenido el sacerdote. Aquella misma tarde lo entregaron a los milicianos, que lo maltrataron antes de fusilarlo en el paraje llamado "Los Cerrillos", cerca de Masegoso.
Los asesinos exigieron al juez que quemara el cadáver, pero se negó. Avisó a los hermanos de D. Pablo y procedieron a enterrado en el Cementerio de Cifuentes, donde hoy reposa.
EUGENIO MONGE MÍNGUEZ
Nació en PALAZUELOS el día 6 de septiembre de 1907. Estudió Sigüenza, donde fue ordenado sacerdote en 1930. Su primera parroquia fue Frechilla de Almazán (Soria), que tuvo que dejar para cumplir el servicio militar en África. En marzo de 1931 regresó y fue destinado a la parroquia de Tordesilos, donde desplegó una gran labor entre los obreros que trabajaban en las vecinas minas de Ojos Negros (Teruel). Esta labor le costó serias amenazas desde la hoja "Abril», editada en Guadalajara. En 1936, D. Eugenio se trasladó a su pueblo natal, esperando incorporarse a su nueva parroquia en Montejo de Tiermes (Soria). Sin embargo, al producirse el levantamiento militar en África, decidió esperar acontecimientos.
El 28 de julio los milicianos llegan a Palazuelos y D. Eugenio escapa al campo, donde al final lo detuvieron. Camino de Sigüenza, en el lugar llamado "El Portillo", lo fusilaron. Contaba todavía 28 años. Dos días después, su propio padre encontraría el cadáver entre unas zarzas.
En el ARCIPRESTAZGO DE JADRAQUE se desató con cruel violencia la primera oleada de la guerra. Muchos sacerdotes fueron perseguidos; siete de ellos encontraron la muerte
«¿Hay cura en este pueblo?»
PRUDENCIO-MARCIAL GIL AYUSO
Nacido en MANDAYONA el 28 de abril de 1879, fue ordenado sacerdote en Sigüenza en 1903. Realizó la carrera de Derecho Civil en Madrid y, en 1911, fue nombrado párroco de Velilla de San Antonio (Madrid).
Debido a su frágil salud, en 1930 los médicos le aconsejaron un clima de altura, por lo que D. Prudencio marchó a ocupar la parroquia de Mirabueno. Debilitado aún más, la familia le insistió para que se trasladase a su pueblo natal, Mandayona; desde allí subía los domingos a celebrar la Eucaristía a Mirabueno.
El 25 de julio de 1936, los milicianos llegan a Mandayona. D. Prudencio y el párroco de! pueblo, D. Pedro Rubiales, se escondieron en la casa de un vecino, donde permanecieron ocultos hasta e! 13 de agosto. Por la noche fueron capturados y, al día siguiente, conducidos hada Guadalajara, con la promesa de que llevaban a D. Prudencio al hospital para atenderlo mejor. Pero e! automóvil se detuvo junto al cementerio de Jadraque, donde fusilaron a D. Prudencio.
Su cadáver fue inhumado en ese mismo cementerio y, un año más tarde, trasladado al de Mandayona.
PEDRO RUBIALES ARAGONÉS
Nació en MARANCHÓN el 7 de julio de 1901 y fue ordenado presbítero e! 14 de junio de 1924. Tras pasar por la parroquia de Hijes, en 1931 fue trasladado a Mandayona.
Escondido junto con D. Prudencio desde e! 25 de julio hasta e! 13 de agosto, ambos fueron detenidos y conducidos, el 14 de agosto, hacia Guadalajara. En Jadraque, D. Pedro pudo salvarse de la muerte que sufrió D. Prudencio, debido a que un miembro de! Comité de Jadraque influyó para que respetaran su vida y lo condujeran a la capital. Don Pedro fue llevado entonces al Gobierno Civil. Llegados allí, los milicianos preguntaron: «¿Qué debemos hacer con este cura que hemos cogido en Mandayona?». La respuesta que recibieron equivalía a una sentencia de muerte: «Haced lo que queráis». Fue asesinado en la carretera de Marchamalo, pero se desconocen más detalles sobre su muerte.
La primera víctima
D. LORENZO GISMERA CORTEZÓN nació en HIENDELAENCINA el 5 de septiembre de 1883. Sacerdote desde 1911, en 1936 era párroco de Jirueque. Los primeros días de la guerra los pasó con relativa y confiada tranquilidad en su casa, pero al final huyó al campo. Allí enfermó, por lo que tuvo que volver a la casa rectoral en Jirueque.
Al día siguiente, una partida de milicianos se presentó en su casa para un registro; incluso dieron ánimos al sacerdote enfermo y a su hermana, diciéndoles que nada desagradable les pasaría. Sin embargo, acto seguido obligaron a D. Lorenzo a salir de la cama, insistiendo en que, por orden del comandante, debía prestar declaración en Guadalajara. Le hicieron subir a la camioneta y, a la media hora, era fusilado en el término municipal de Jadraque, en la carretera que va hacia Bujalaro.
En el Arciprestazgo de Jadraque (II) se desató con cruel violencia la primera oleada de la guerra. Muchos sacerdotes fueron perseguidos; siete de ellos encontraron la muerte
Sólo hubo palabras de perdón en la hora de su muerte
JUAN DE LAS HERAS OLMEDA
Nació en SIGÜENZA el 21 de agosto de 1884 y allí mismo fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1907. Tras pasar por La Nava y por Casas de San Galindo, desde 1915 sirvió la parroquia de Argecilla.
Los milicianos llegaron a Argecilla el 26 de julio de 1936. D. Juan no tomó otra precaución que pasar los días en el campo, regresando por la noche a su casa rectoral. Sin embargo, a partir del 14 de agosto decidió no salir ya de su casa ni de día ni de noche.
El día 17, tres camionetas de la FAI se presentaron en el pueblo con el propósito de apresar a D. Juan. Registrada la casa, conducen al sacerdote al templo parroquial para que presencie la profanación del lugar santo. Los vecinos del pueblo, al final, consiguieron que no se llevaran al párroco, comprometiéndose con los milicianos a vigilarlo ellos mismos para que no escapase. Así pudo defender el pueblo a su párroco durante unos pocos días en los que se repetían las furibundas visitas de las partidas milicianas.
El 21 de agosto, un nuevo grupo de milicianos se presentó con una falsa orden del Gobernador para llevarse a D. Juan a Guadalajara. "Si hoy no nos lo llevamos -decían-, vendrá muy pronto una orden en la que os manden que vosotros mismos lo matéis».
Ya de camino, en las cercanías de Gajanejos, le mandan bajar del vehículo. D. Juan sólo pudo decir: "Me habéis engañado. Que Dios os perdone como yo os perdono»; acto seguido fue fusilado. Su cadáver descansa en el cementerio de Gajanejos, junto al de D. Saturnino.
SATURNINO POLO ORTEGA
Nació en LEDANCA el 11 de febrero de 1885; fue ordenado sacerdote en 1991 en Sigüenza. En 1936 era párroco de Utande.
Capturado en uno de los barrancos de Ledanca, fue sometido a las más crueles e inimaginables torturas. Fue asesinado el 17 de agosto en el paraje denominado Monte Horneo, cerca de Gajanejos. El solo recuerdo del suplicio que padeció horroriza: su cadáver estaba totalmente desfigurado. Sus restos descansan en el cementerio de Gajanejos.
VALENTÍN-H. YUSTA ENCABO
Nació el 13 de abril de 1873 en VALFERMOSO DE LAS MONJAS. Fue ordenado en Sigüenza en marzo de 1897. En 1936 era Capellán de las Religiosas Benedictinas de Madrid.
Aquel verano lo pasaba en su pueblo natal. Cuando los milicianos destrozaron la iglesia del monasterio de Valfermoso, D. Valentín-Hemenegildo huyó al monte para esconderse. Tras dos meses de penalidades, en septiembre volvió a la casa de su hermana, donde lo apresaron. Fue fusilado el 13 de octubre de 1936 en la carretera que va hacia Utande. Otro prisionero le oyó exclamar: "Yo os perdono y os bendigo». Sus restos están enterrados en Gajanejos.
JUAN HERRERO CONDE
Nació en GALVE DE SORBE el 8 de marzo de 1873. Sacerdote desde 1902, cuando estalló la guerra era párroco de Casas de San Galindo.
Atemorizado por la situación social en la comarca, determinó refugiarse en el campo durante el día y regresar al atardecer a la casa parroquial, donde fue detenido en la noche del 21 de agosto. Aún pidió que le dejaran hacer una visita a la iglesia (que había sido saqueada), pero no se lo permitieron. Lo condujeron en una camioneta por el camino que va hacia Utande, en cuyo término municipal lo fusilaron. Sus restos reposan en el cementerio de Utande.
Como un elemento más de la tragedia que supone toda guerra, la persecución religiosa alcanzó también a gentes de buena voluntad. ¿Su delito? Ser cristianos.
Mujer, esposa y madre: entregó su vida como primicia de su familia
CLARA HERMOSILLA PÉREZ
Nació en PAREJA el 7 de enero de 1909, en el seno de una familia propietaria de tierras en aquel término. A los 22 años, en 1931, contrajo matrimonio con Teófilo Rodrigo Cucherero. La joven familia vivía en Pareja, dedicada a las labores de las tierras y a la actividad de una vaquería y del comercio.
Cuando estalló la guerra, en 1936, Teófilo y Clara ya tenían dos hijos: Jesús, de dos años y medio, y Arturo, de apenas siete meses. La madre decidió marchar con los niños a Viana de Mondéjar, donde también tenían familia y podría colaborar en los trabajos de la cosecha del cereal.
Mientras tanto, en Pareja fue asesinado Víctor, el abuelo paterno de Clara. Los mismos asesinos fueron a buscar a Teófilo, el esposo de Clara, pero, al tener noticia de que lo buscaban para matarlo, huyó a la zona nacional. Con él iban el párroco de Pareja, D. Andrés de la Torre, el abuelo materno de Clara y un hermano, cinco sobrinos y un cuñado de su abuelo, que los guió por el campo. Nada más llegar a Viana de Mondéjar fueron detenidos: todos, excepto los niños, fueron devueltos primero a Cifuentes y después a Pareja.
El médico del pueblo viajó a Madrid para intentar una última posibilidad de interceder por esta familia. Fue inútil: a su regreso, todos habían sido fusilados cerca de Cifuentes. Clara había sido ejecutada un día más tarde, el 4 de septiembre de 1936, después de ser violada y mutilada. Alguien se preocupó de que los cadáveres, que habían sido abandonados en el campo, fueran enterrados en Cifuentes.
Además de la muerte, el horror del calvario
JOAQUÍN-EPIFANIO LÓPEZ MUÑOZ nació en VIANA DE MONDÉJAR el 17 de abril de 1883.
En 1936, Don Joaquín era párroco de Salmerón. Decidió ocultarse en el campo, donde era asistido por la gente del pueblo. Su ya delicada salud se deterioraba de día en día, impidiéndole emprender una huida definitiva.
El1 de septiembre, una cuadrilla de milicianos procedente de Aragón llegó a Salmerón. Don Joaquín se ocultó entonces sumergiéndose en la presa del molino, donde fue descubierto en la madrugada del día siguiente. Recibió un disparo, que, sin embargo, no fue mortal. Conducido a la plaza del pueblo entre burlas e insultos, fue escarnecido hasta límites inimaginables. Al final, llevado en una camioneta hasta el término de Peralveche, fue fusilado. El cadáver, que apareció horriblemente mutilado, recibió sepultura en ese mismo cementerio.
Memoria obligada
ISIDORO MATARRANZ DE LA OBRA nació en SACECORBO en enero de 1873. Poco se sabe de él: ordenado sacerdote en 1897, fue párroco del vecino Esplegares. Cuando visitaba su pueblo natal, cosa que hacía con mucha frecuencia, se alojaba en casa de Julián Lucía, pero no se sabe si eran familia o simplemente amigos. Después de desarrollar su labor pastoral durante más de 35 años en numerosas parroquias, a sus 63 años, en 1936, se retiró a Cifuentes, debido a su precario estado de salud. Parece que por estos años no tenía ya familia cercana.
En Esplegares fue apresado por las milicias. Llevado a Cifuentes, lo fusilaron el 31 de agosto de 1936. No se conoce ningún detalle sobre el desenlace de su vida.
También a BRIHUEGA (I) llegó de forma brutal la primera onda expansiva de la guerra. Sacerdotes y laicos, encomendándose a !a Virgen de la Peña, ofrecieron el testimonio de su fe
«El grato recuerdo de la Virgen será mi mejor compañero de viaje»
ÁNGEL-ANDRÉS RÍOS RAVANERA
Nació el día 2 de octubre de 1867 en Vitoria (Álava), en cuyo Seminario Diocesano se preparó para el sacerdocio. Ordenado en 1897, en 1905 pasó a la Archidiócesis toledana, como párroco de Mora de To1edo. En 1916 fue trasladado a la parroquia de Brihuega, donde realizó importantes reformas en el templo de Santa María.
El 13 de agosto de 1928 consiguió que la Santa Sede aprobara la coronación canónica de la Virgen de la Peña. El mismo D. Ángel-Andrés lo cuenta en e11ibro que escribió en 1934: "La Virgen de la Peña y sus tres fechas»: esos tres momentos a que se refiere el autor son el mismo 13 de agosto de 1928, e114 de diciembre de 1929 (peregrinación de los pueblos del arciprestazgo al santuario) y los días 10-12 de mayo de 1930 (gran asamblea mariana del arciprestazgo).
En ese mismo libro, D. Ángel-Andrés incluye, a modo de crónica, varios datos referidos al ambiente que ya se respiraba en aquellos años previos a la guerra civil. Con fecha 2 de septiembre de 1932 redacta el capítulo titulado "De viaje al norte», donde muestra su tristeza por la situación que se vive, tan diferente a los años de las tres fechas. D. Ángel-Andrés emprende el viaje a su tierra para descansar no del trabajo, sino de la agitación social. Y escribe: "no voy solo. Llevo conmigo un grato recuerdo que dulcifica mi espíritu: la solemnisima novena de la Virgen, concluida con éxito insuperab1e... ¡Aquella procesión tan colosal de los devotos de la Virgen de la Peña! ¡Aquel recogimiento y devoción, de los que pocos pueblos como el nuestro pueden hacer gala! ¡Aquellos gritos ensordecedores con que el pueblo, ebrio de entusiasmo, aclamaban a su Virgen como Madre! ... Este gratisimo recuerdo es el mejor compañero de mi viaje. En cuatro años han acaecido cosas de las cuales habría que hablar necesariamente. Ésa es la causa por la cual metí en la carpeta de los papeles viejos estas notas. Pero hay hechos que no pueden verse bien sino mirándolos desde lejos; desde muy cerca sólo se ven trazos imprecisos, colores indefinidos. La Historia escribirá y, con su fallo desapasionado y sereno, juzgará en juicio inapelable las cosas, de las que yo no puedo ni debo hablar ni debo escribir».
AMBENIO DÍAZ MAROTO
Fue ordenado sacerdote el 31 de mayo de 1931 en Toledo. Al estallar la guerra ejercía como coadjutor en Brihuega, en la parroquia de Santa María.
TELESFORO HIDALGO VILLARRUBIA
Fue ordenado sacerdote pocos días antes de comenzar la guerra, e1 11 de abril de 1936, en Toledo. Desde el 29 de mayo ejercía como coadjutor de la iglesia de Santa María, en Brihuega.
En vísperas de la fiesta de la Virgen
El 14 de agosto de 1936, los tres sacerdotes de la Parroquia de Santa María de Brihuega (el párroco: D. Ángel-Andrés, junto con los dos coadjutores: D. Telesforo y D. Ambenio) y algunos de sus feligreses fueron detenidos por los milicianos. Aquella misma tarde fueron conducidos al paraje denominado «Las Navas», cercano a la propia localidad, y allí fueron ejecutados. Aún tuvo tiempo D. Ángel-Andrés para dar la absolución a sus compañeros de muerte y para pronunciar unas palabras de perdón sobre quienes les disparaban... Los cadáveres de todos ellos aparecieron con señales evidentes de ensañamiento y mutilación.
También a BRIHUEGA (II) llegó de forma bruta1 la primera onda expansiva de la guerra. Sacerdotes y laicos, encomendándose a su Virgen de la Peña, ofrecieron el testimonio de su fe
Inocencia y valentía frente a la más horrible crueldad
GERMÁN LLORENTE GARCÍA
Nacido el 9 de febrero de 1901 en CAÑIZAR, fue ordenado sacerdote en Toledo el día 5 de abril de 1930. En 1936 era coadjutor en Santa María de Brihuega. Cuando comprobó cómo se desarrollaban los acontecimientos, D. Germán decidió esconderse, quedando casi paralítico debido a la postura que hubo de adoptar. Al fin, obligada su madre a entregarlo, los milicianos le subieron a un coche y se lo llevaron. Le obligaban a blasfemar, pero D. Germán gritaba: «¡Viva Cristo Rey!».
En el trayecto fue arrojado por un puente, pero quedó aún con vida. Llegándose sus captores hasta él, le prendieron fuego y lo remataron a tiros. Su muerte tuvo lugar el 18 de agosto de 1936 en Brihuega. Allí está registrada su defunción con fecha del 28 de junio de 1968, en virtud de auto firme del día 20 de abril del mismo año, al reconstruir los libros del Registro Civil, desaparecidos durante la guerra.
VÍCTOR DÍAZ DE ANDRÉS
Nació el día 6 de marzo de 1907 en TOMELLOSA. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 21 de marzo de 1931. En 1936, cuando comienza la guerra civil, regentaba la parroquia de El Olivar.
Ante el progresivo deterioro de la situación en la comarca, aprovechando la oscuridad de una noche a finales de julio, D. Víctor decide refugiarse en su pueblo natal, donde vivía su familia. Acompañado por un vecino de El Olivar, pudo llegar hasta Tomellosa.
Una vez allí, fue descubierto por los milicianos. En la tarde del 3 de agosto de 1936 fueron a buscado a su propio domicilio, donde lo apresaron junto a un hermano suyo. Los dos hermanos fueron conducidos hasta Brihuega. Al día siguiente, 4 de agosto, fueron fusilados en el cementerio de esta localidad.
El emotivo relato de una madre
JOSEFA GARCÍA, madre de D. GERMÁN LLORENTE, dejó escrita una conmovedora exposición de los últimos días de la vida de su hijo. Estos son algunos párrafos:
(Día 14 de agosto de 1936. Nos encontrábamos con las puertas cerradas; a las once de la mañana se presentaron las hordas rojas en gran número, obligando a que se abrieran las puertas. En aquel momento se escondió mi hijo Germán; como no lo encontraban, me amenazaban con quemarme con gasolina... Estuvieron dos horas dentro de la casa, quemando todas las ropas de mi hijo y toda la librería, haciendo una hoguera en medio de la calle.
«Fui detenida y conducida a una camioneta, en unión de D. Ángel, párroco de Brihuega, juntamente con sus dos coadjutores y varias monjas de los conventos. Mi hijo se quedó solo escondido; las llaves de la casa se las llevaron. A mí ya las monjas nos bajaron, depositándome en una casa.
«El día 15 vino el alcalde a decirme que le presentara a mi hijo para salvarle. Le dije que no me serían traidores, que ellos tenían hijos; pero me engañaron. Bajé con ellos. Yo, su madre, le llamé para que no se asustara; le tuve que sacar de donde estaba, porque estaba paralítico (entumido) de la poca anchura que tenía donde estaba escondido. Cuando salió, a mí me consolaba que tuviera ánimos, porque él creía me habían matado. Nos llevaron a la cárcel permaneciendo él en ella hasta el día 18, que se presentaron con un coche por él. Cuando me le sacaron, dijeron que le llevaban a Guadalajara, yo me quedé en la cárcel, la despedida fue muy triste...
La ciudad de GUADAIAJARA fue refugio para muchos sacerdotes y laicos de los pueblos vecinos, pero se convirtió también en crisol que puso a prueba la entereza de su fe
«Dios nos tiene preparados para ser mártires y daremos la sangre por El»
FELICIANO SÁNCHEZ PÉREZ
Natural de ROMANONES, nació e! 9 de junio de 1889. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 11 de febrero de 1913. Siempre se caracterizó por su enérgico temple, unido a una cordial simpatía.
Cuando estalló la guerra, el 18 de julio de 1936, .D. Feliciano ejercía su sacerdocio en Marchamalo. Ante la alarmante situación, decidió huir y esconderse: aprovechando el levantamiento del Comandante Rafael Ortiz de Zárate en Guadalajara, allí se refugió, junto con muchos de sus feligreses. El sacerdote recaló en el Hotel Ibelia (hoy Hotel España), donde se encontró con D. Francisco-Silvano Mariño Ortega, cura de la parroquia de Santiago. La comunidad se vería aumentada con los hermanos D. Eulogio y D. Julio María Cascajero Sánchez. El día 24 de julio de 1936 sería incendiado el templo parroquial de Marchamalo.
El día 22 de julio, unos 20.000 milicianos entraban en Guadalajara para hacerse de nuevo con el poder. Se incautaron del Hotel Iberia, por lo que los cuatro sacerdotes hubieron de trasladarse a la contigua casa rectoral de Santiago. Los miembros de la FAI les permitieron residir allí sin salir bajo ningún concepto. En medio, pues, del ambiente persecutorio, los sacerdotes realizaron una vida exclusivamente dedicada a la oración.
Al ser asesinado el capellán del Hospital Provincial, D. Julián de la Concepción, los familiares de los cuatro sacerdotes recluidos les insinuaban que buscasen un lugar menos peligroso. D. Francisco-Silvano, que ejercía como Arcipreste, respondía siempre lo mismo: "yo debo estar al frente de mi Iglesia". Y todos, en grupo, zanjaban la cuestión: «no nos vamos. Días nos tiene preparados para ser mártires y daremos la sangre por Él».
Permanecieron juntos hasta el 9 de agosto. Ese día, hacia las tres de la tarde, seis milicianos se presentaron armados para llevarse a D. Francisco-Silvano. Al día siguiente, los otros tres abandonaron el domicilio: los hermanos Cascajero se refugiaron en un domicilio particular, mientras que D. Feliciano se ocultó durante algún tiempo en un granero. Delatado accidentalmente, fue apresado el 2 de septiembre y trasladado al paraje denominado ,"El Sotillo", a escasos kilómetros de Guadalajara, donde fue asesinado.
PEDRO CORTÉS CALVO
Natural de HORCHE, había nacido e! 13 de mayo de 1874 en el seno de una familia dedicada al campo que contaba con unos nueve hermanos. Comenzó sus estudios sacerdotales en el Seminario de Sigüenza, terminándolos en el de Toledo, donde fue ordenado el 18 de marzo de 1899.
Cuando comenzó la guerra ejercía como capellán en Villaf1ores, término municipal de Iriépal. Un sobrino suyo lo fue a visitar y le previno del peligro que corría: tres religiosas carmelitas habían sido fusiladas en las calles de la capital. Ante esta situación, D. Pedro marchó a casa de una sobrina en Horche, donde finalmente fue detenido. Junto con el párroco del pueblo, D. Juan Antonio Cortés Moral, estuvo preso hasta el 4 de septiembre. Ese día, en compañía de otros dos vecinos de Horche, fue conducido hasta la finca «El Sotillo» y asesinado. Un labrador de Horche que trabajaba en dicha finca encontró e! cadáver de D. Pedro en la misma fuente. Lo enterraron en un cementerio en el término de Chiloeches.
Acabada la guerra, los restos de D. Pedro y del párroco de Horche, D. Juan-Antonio, fueron exhumados y llevados en procesión hasta el templo parroquial del pueblo, donde hoy descansan, al pie del presbiterio.
Entregaron su vida en el servicio cotidiano y en el momento supremo de la muerte
Si los sacerdotes fueron perseguidos en razón de su condición sacerdotal, sus familiares 10 fueron por otra causa todavía más absurda: estar con e/los y 1/evar sus apellidos
RUFO OREA PÉREZ
Nació en PRADOS REDONDOS el 14 de noviembre de 1888, en una familia de labradores. Realizó sus estudios en el Seminario de Sigüenza; los informes académicos hablan de él como de «una de las mentes más preclaras que han pasado por este Seminario».
Ordenado sacerdote en Sigüenza el 21 de diciembre de 1921, la trayectoria pastoral de D. Rufo comenzó en algunos pueblos de la provincia de Soria (parte de la cual pertenecía entonces a la antigua Diócesis de Sigüenza). Posteriormente pasó a Atienza, a la parroquia de la Santísima Trinidad, y después a Anguita.
Desde allí marchó a Madrid para conseguir la licenciatura en Teología. Sirvió más tarde la parroquia de Buitrago de Lozoya (Madrid). Desde 1924, hasta 1936, fue coadjutor en el madrileño pueblo de Villarejo de Salvanés.
Era D. Rufo un sacerdote sencillo y bondadoso, muy aficionado al deporte y a los toros. En los pueblos por donde pasó adquirió fama de buen orador. Solía volver todos los años a su pueblo natal, Prados Redondos, para pasar unos días en invierno y en verano con su familia. Visitaba también a su hermano D. Paulino, párroco del vecino pueblo de Castilnuevo.
LUCIANA OREA PÉREZ
Hermana de D. Rufo y, como él, natural de PRADOS REDONDOS, nació el 26 de octubre de 1901. Permaneció soltera para dedicar su vida al servicio de sus hermanos sacerdotes: primero estuvo con D. Paulino, en Castilnuevo, y se trasladó después con D. Rufo a la parroquia de Villarejo de Salvanés.
Mª ENCARNACIÓN ARENAS OREA
Natural de Prados Redondos, nació el 25 de marzo de 1910. Cuando contaba 14 años, acompañó a su tía Luciana a Villarejo de Salvanés, para ayudarla en el servicio a D. Rufo, uno de sus tíos sacerdotes.
«¡Ahí tenéis al cura!»
D. Rufo ya había estado detenido en la cárcel de Villarejo de Salvanés, situada en el edificio denominado Casa del marqués, a lo largo del verano de 1936. La misma persona que actuaba de guardia, y que acompañaba a los que llevaban a fusilar, dejó libre al sacerdote una noche de aquel mes de agosto, según propia declaración. D. Rufo volvió a su parroquia.
Días más tarde, unos milicianos de Rivas-Vaciamadrid se presentaron en Villarejo. El alcalde les indicó: «¡ahí tenéis al cura!». Los milicianos se llevaron a D. Rufo. Éste suplicaba «que lo mataran a él, pero que no mataran a su sobrina ya su hermana». Pudieron librarse de ser detenidas; sin embargo, Luciana se le agarró de un brazo y María Encarnación del otro y dijeron que «donde le llevaran a él las llevaran también a ellas».
En el término de Perales de Tajuña fueron asesinados los tres el 16 de septiembre de 1936. Los cadáveres, abandonados en la carretera que va de Arganda a Chinchón, fueron enterrados días más tarde en el cementerio de Villarejo de Salvanés. D. Rufo contaba 47 años; su hermana Luciana, tenía 35; María Encarnación sólo 26.
La comarca de MOLlNA DE ARAGÓN siempre fue semillero de sacerdotes recios en la fe y entregados en cuerpo y alma, hasta la muerte, a su tarea pastoral
Pasión y muerte: el discípulo no es más que su Maestro
HERMENEGILDO MALO HERRANZ
Natural de TORDELLEGO, nació el 13 de abril de 1863. Cursó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Sigüenza y allí fue ordenado sacerdote el 19 de septiembre de 1891.
Fue párroco de Tordelpalo, Megina, Anquela la Seca, Rueda de la Sierra y, desde 1917, de su pueblo natal. En 1936, a sus 73 años, se encontraba ingresado en el Hospital de Guadalajara. Allí fue detenido y conducido a la Prisión Central, donde fue asesinado el 6 de diciembre.
LORENZO HEREDIA MALO
Nació el día 5 de septiembre de 1891 en CAMPILLO DE DUEÑAS. Desde muy joven comenzó sus estudios en el Seminario seguntino. Se graduó después como doctor en Teología en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote en Sigüenza el 29 de mayo de 1915.
Fue profesor en el Seminario de Sigüenza y, posteriormente, párroco en Jadraque. En 1936 servía la parroquia de San Pedro, en Sigüenza. El 31 de julio fue arrestado con la excusa de llevado a prestar declaración a la Casa del Pueblo seguntina. Sin embargo, fue conducido al paraje llamado "El Portillo», camino de Palazuelos, y allí fue fusilado. Su cadáver apareció en las puertas del Cementerio parroquial de Sigüenza. El sepulturero, que guardaba gran amistad con D. Lorenzo, lo inhumó dignamente.
«Todo lo que hay, ya lo sabes: para los pobres»
LINO-PEDRO HERRANZ ALONSO nació el 22 de septiembre de 1865 en TARTANEDO. Estudió en el Seminario de Sigüenza, donde fue ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1888.
Comenzó su trayectoria sacerdotal en Valvenedizo y Castro (Soria). Tras ocupar una canonjía en la Colegiata de Soria, volvió a la Catedral de Sigüenza como canónigo penitenciario. Fue asimismo rector del Seminario Diocesano.
Desde el 25 de julio de 1936 hubo de permanecer recluido en su casa de Sigüenza junto con su hermana, también de avanzada edad. Allí sufrieron varios registros por parte de militantes de la FAI. D. Lino-Pedro manifestaba a su hermana: «todo lo que hay, ya lo sabes: después de tu muerte, para los pobres, a quienes les pertenece. No creo tener ningún enemigo ni persona a quien haya perjudicado...».
En la mañana del 19 de agosto, una partida de milicianos se presentó en su casa con la orden de llevárselo para declarar. D. Lino se despidió de su hermana y salió con ellos. Debido a los achaques de su elevada edad, solicitó coger su bastón para poder caminar mejor. Los milicianos le contestaron: «si te vamos a pasear en coche; no te hace falta». A poca distancia de la vía del tren, al final del Paseo de las Cruces, le dispararon un tiro y allí lo dejaron. El enterrador, al ver el cadáver, lo reconoció como el canónigo penitenciario de la Catedral y le dio sepultura en el Cementerio parroquial de Sigüenza.
La misión que el Señor encomienda a todo discípulo conlleva inevitables desventuras. El gozo radica en que sus nombres están «inscritos en el cielo» (Lc 10,20)
«Os envío como corderos en medio de lobos, pero decid siempre: 'paz a esta casa'»
MARIANO NAVALPOTRO CERRADA y JULIÁN GONZÁLEZ BERRERA
D. Mariano fue ordenado sacerdote en Toledo el primero de junio de 1901 por el entonces Obispo Auxiliar, Monseñor Laguarda. Cuando estalló la guerra, vivía con dos de sus hermanas en Yunquera de Henares, cuya parroquia regentaba. Los fieles siempre apreciaron en él su fogosidad en la predicación. El día 23 de julio de 1936 celebró en el templo parroquial del pueblo su Última Misa.
D. Julián había nacido en YUNQUERA DE HENARES el día 22 de enero de 1895 y fue ordenado sacerdote en Toledo el día 25 de junio de 1920. Celebró la primera Misa en su pueblo, en la fiesta de Nuestra Señora del Carmen (16 de julio). En 1936 ejercía su sacerdocio en Casa de Úceda y Villaseca de Uceda. En estos pueblos pudo permanecer hasta el día 24 de julio, cuando la alarmante situación le obligó a refugiarse en su pueblo natal. Allí pasaba los días en compañía de su párroco, D. Mariano.
A lo largo de aquel verano del 36, ambos sacerdotes sufrieron continuos sobresaltos. Finalmente, el 23 de agosto, un grupo de milicianos llegó con un coche para detenerlos y conducirlos a Guadalajara. En las cercanías de la capital, en el cruce de la carretera de Chiloeches con la de Alovera, D. MAriano y D. Julián fueron asesinados con varios disparos de arma corta. Sus cadáveres serían enterrados días más tarde en el Cementerio de Guadalajara. La defunción de D. Mariano fue inscrita en el registro de Yunquera de Henares, mientras que la de D. Julián se encuentra en el Registro Civil de la capital con fecha de 3-agosto-1939.
BERNARDO BLAS SEVILLA y FÉLIX HERRAIZ MARTÍNEZ
D. Bernardo era natural de CAÑIZAR, donde había nacido el 20 de agosto de 1884. Fue ordenado sacerdote en Toledo, el 11 de agosto de 1907. Tras varios servicios en la Diócesis toledana, el 9 de marzo de 1917 tomó posesión de su nueva tarea como capellán del Cementerio Municipal de Guadalajara. En esta ciudad, además, D. Bernado realizó una gran tarea de apostolado en el Barrio de la Estación, donde consiguió construir una primera capilla bajo la advocación de la Sagrada Familia. Cuando comenzó la guerra, D. Bernardo era coadjutor de la Parroquia de San Nicolás, en Guadalajara. El clero de esta parroquia estaba integrado, además, por D. Vital Villarrubia Díez-Maroto, el recién ordenado D. Alejandor Martínez Somolinos y D. Félix Herranz Martínez, que había sido ordenado sacerdote en Toledo el día 12 de junio de 1897.
En los primeros días de agosto de 1936, D. Bernardo y D. Félix fueron detenidos en sus respectivos domicilios y fusilados en plena calle. Sus cadáveres fueron inhumados en el Cementerio de la capital.
Jóvenes testigos de la Vida, víctimas del odio a la fe
Muchos prisioneros de la Cárcel de Guadalajara lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza (I)
RAMÓN DEL VADO MARGALET
Nació en ALOVERA el 18 de enero de 1900. Su vivencia cristiana era de gran compromiso, pero no llegó a pertenecer a ninguna asociación católica ni política. Su situación económica era buena: tenía su propio coche, con el que acudía diariamente al trabajo. Se casó con la madrileña Josefa Álvarez Romero; la familia, que llegó a contar cuatro hijos, residía en Marchamalo. En 1936, Ramón hubo de refugiarse en Villanueva de la Torre, en casa de una de sus hermanas. Un grupo de milicianos lo detuvo allí el 20 de julio y lo condujo a la Cárcel de Guadalajara, donde encontraría la muerte.
GREGORIO Y FÉLIX-GLORIA GALLEGO ESTEBAN
Naturales de GÁRGOLES DE ARRIBA, Félix-Gloria había nacido en 1910 y Gregorio hacia 1915 en el seno de una familia profundamente religiosa. Ambos pertenecían a la Acción Católica de Jóvenes de Sigüenza, donde residían y trabajaban. El joven Gregorio desempeñaba, además, el cargo de «vocal de piedad» en la Acción Católica. A causa de su militancia en esta asociación, ambos hermanos fueron detenidos y llevados a la Cárcel de Guadalajara, donde morirían el 6 de diciembre del 36.
JUSTO-ANTONIO PÉREZ PÉREZ
Natural de SIGÜENZA, nació el 25 de febrero de 1911. Pertenecía también a la Acción Católica de Jóvenes de Sigüenza, razón por la que fue detenido y llevado a la Cárcel de Guadalajara. Allí sería fusilado el 6 de diciembre de 1936.
GREGORIO BADIOLA ALONSO
Natural de TARTANEDO, había nacido hacia 1901. Tenía un hermano sacerdote en Sigüenza, por lo que se trasladó allí para trabajar como barbero. Su militancia en la Acción Católica de Jóvenes seguntina fue la causa principal de su detención. Como sus compañeros, fue llevado a la Cárcel de Guadalajara y con ellos moriría fusilado el 6 de diciembre.
El fatídico 6-D en las cárceles de Guadalajara
En la Cárcel Militar (hoy Archivo Municipal de Guadalajara, c/Ángel Martín Puebla fueron confinados los trece mandos militares adscritos al levantamiento nacional en Guadalajara, rebelión que fue sofocada el 22 de julio de 1936 por las fuerzas republicanas. En la Prisión Central fueron recluidas personas que se habían significado en los años precedentes por su simpatía hacia la derecha, por su fervor religioso o por su elevado nivel económico.
No hay datos exactos sobre los detenidos en este último penal. Probablemente moraban allí 290 presos en la fecha que precedió al sacrificio masivo de los recluidos; tan sólo trece lograron sobrevivir.
Entre julio y diciembre de 1936, las prisiones de Guadalajara vivieron sacas parciales e inesperadas. El 1 de septiembre hubo ya un intento de asalto, motivado por un bombardeo aéreo que no causó daños. El 6 de diciembre, otro ataque aéreo llevado a cabo por los trimotores del ejército nacional provocó cuarenta bajas en la ciudad y desató la venganza final contra la población recluida en ambas cárceles.
Muchos prisioneros de la CÁRCEL DE GUADALAJARA lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, refjgioso_y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una hOlTenda ma!!mza (11)
1931: «ahora es España: más misión que otras partes»
JOSÉ DE PEDROMINGO Y COTAYNA, S. J.
Nació en GUADALAJARA el 28 de abril de 1904, como primogénito de un matrimonio que contaría, además, con dos hijas religiosas (Filomena y Cándida) y un cuarto hijo (Mario) que moriría también en la guerra.
Manuel Moreno, el maestro de la escuela elemental a la que asistió el pequeño José, recuerda su genio fuerte, junto con su proceder obediente, sano, travieso y espontáneo. Poseía José una buena memoria, una clara inteligencia, un vivo deseo por aprender.
Tras pasar por el Instituto de Enseñanza Media, el 30 de julio de 1919 ingresó en el noviciado que la Compañía de JesÚs tenía en Granada, haciendo allí sus primeros votos el 31 de julio de 1921. A una tía suya, que le comentaba si no se sentía triste por dejar atrás a su familia, le escribía: «siento mucho separarme de mis padres, pero la voz de Dios es muy poderosa y he conocido que me llamaba. Por eso lo he dejado todo".
Tras los años de Humanidades y Filosofía, en 1927 fue enviado a Buenos Aires (Argentina), donde estudió Teología hasta 1929. Destinado nuevamente en Valkenburg (Holanda), fue ordenado sacerdote (1931) y finalizó la Teología (1932). Con ocasión de su ordenación sacerdotal, escribe a su hermana Filomena: «a Cándida le he escrito que me alcance del Señor l jr a las misiones. Lo mismo te pido a ti. Y, aunque ahora es España más misión que otras partes, siento mucha inclinación a otras misiones...».
Al año siguiente sería enviado a Caldas de Canavezes (Portugal) para la Tercera Probación. Finalmente, en 1934 regresa a Madrid para estudiar Ciencias en la Universidad Central. Allí comenzará a atisbar la persecución que se estaba fraguando.
En julio de 1936, el Padre Pedromingo se encontraba ocasionalmente en Romancos con su familia. Su padre y él mismo son detenidos por unos milicianos y l1evados a la cárcel de Guadalajara. En agosto reciben la triste noticia de que su hermano Mario ha sido asesinado en Brihuega. El 12 de noviembre, Don Vicente, e! padre de D. José, queda libre de la prisión, pero no su hijo jesuita, entregaría su vida atendiendo a los prisioneros y, definitivamente, muriendo fusilado el 6 de diciembre de 1936, a los 32 años de edad.
Tras la guerra, los padres de D. José trataron de buscar los restos de sus hijos. Los de Mario fueron hallados en una fosa común en Brihuega, pero e! cadáver del Padre José no pudo ser reconocido.
Desde Alcocer a la cárcel
MANUEL GONZÁLEZ CORONA nació en ALCOCER en 1876; era abogado, profesión que ejercía como padre de familia.
ANTONIO SERRANO SÁEZ nació también en el pueblo alcarreño de ALCOCER en 1894; estaba casado y era labrador. Ambos, Manuel y Antonio, destacaban por su fe y sus prácticas cristianas.
Ya en agosto de 1936, los vecinos del pueblo evitaron la detención del sacerdote de la parroquia facilitando su huida, así como la de las Religiosas del convento de Clarisas de Alcocer. Con todo, las iglesias y ermitas de la localidad fueron saqueadas: imágenes, altares, retablos, campanas, archivos y vasos sagrados fueron destruidos o desaparecieron.
En aquel verano, hasta catorce personas perdieron la vida en los altercados producidos a raíz de la guerra civil. Manuel y Antonio fueron detenidos y conducidos a la cárcel de Guadalajara, donde serían fusilados el día 6 de diciembre de 1936.
«Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder» (Ef 6,10)
Muchos prisioneros de la CÁRCEL DE GUADALAJARA lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, religiosos y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza (III)
ALBERTO ALBIÑANA ZALDÍVAR
Nació en la ciudad de Lérida el día 18 de noviembre de 1894, pero realizó sus estudios en la Academia de Ingenieros de Guadalajara. En Lérida se casó con María Teresa Soto López el 19 de diciembre de 1922.
El primer destino de Alberto fue Melilla. En 1924 estaba destinado en Guadalajara, donde nació el primer hijo del matrimonio, Alberto-José. Pasó después por Ceuta y Zaragoza, donde nacerían María del Carmen y Antonio. En 1935, la familia estaba ya domiciliada en el Fuerte de Guadalajara, cuna de las hijas menores: María Teresa y María del Pilar. El día 21 de julio de 1936, los militares del Fuerte de Guadalajara, al mando del Comandante Rafael Ortiz de Zárate, se unieron al Levantamiento Nacional. El alzamiento fracasó y Alberto, Capitán de Ingenieros con destino en la Maestranza de Guadalajara, fue detenido el 24 de julio y conducido a la Prisión Militar de la ciudad. El 5 de noviembre de 1936 sería sentenciado a la pena de muerte por rebelión militar. A lo largo de los meses de prisión, Alberto escribe numerosas cartas a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos, a todos sus parientes. Incluso el mismo día de su muerte, el 20 de noviembre, escribe una última carta a toda la familia, expresando deseos de perdón para todos.
JOSÉ-AUGUSTO CÓRDOBA AGUlRREGABIRIA
Natural de Madrid, nació el 4 de enero de 1896. Desde muy niño quedó huérfano y sus hermanos le costearon la carrera militar. A los 26 años, José-Augusto estaba destinado en Melilla como Teniente de Intendencia. Ese mismo año (1922), contrae matrimonio en Ávila con Cipriana Trujillano Araoz. Del matrimonio nacerían ocho hijos: Carmen, José, Antonio, Ignacio, Teresa, Concepción y Sonsoles, más otro que murió a los tres años. La familia se trasladaría finalmente a Guadalajara; José-Augusto pertenecía a la Adoración Nocturna de la Parroquia de San Nicolás, así como a la Asociación de Padres de Familia. El deseo del matrimonio fue siempre educar a sus hijos cristianamente, incluso que alguno de ellos fuera sacerdote. Será su sobrino, José Manuel, el que ingrese en el Seminario y escriba a su tía Cipriana y a sus primos:
"¿Creéis que no tiene nada que ver la gloria de vuestro padre con mi Seminario?".
José-Augusto fue detenido en julio de 1936 y condenado a muerte por un Tribunal Popular. El 20 de noviembre de 1936 fue ejecutado junto a la tapia del cementerio de Guadalajara, donde fue enterrado. El Capitán de Intendencia José-Augusto moría dejando a su esposa con siete hijos: el mayor tenía doce años, el menor contaba todavía cinco meses.
Cartas desde la cárcel: precioso testimonio de fe y humanidad
La carta más larga que ALBERTO escribe a su familia desde la prisión lleva por fecha la del 26 de octubre de 1936, cuando aún no se ha celebrado su juicio. De forma sencilla y conmovedora, ALBERTO escribe cómo espera su muerte y se despide de su esposa e hijos, al tiempo que les pide perdón.
Mi muy querida Teresa: Muy doloroso, dolorosísimo es para mi el ponerte estas líneas pero en esperas del juicio que ha de juzgamos y presumiendo un trágico fin, quiero dejarte escritas unas líneas que te recuerden siempre mis últimos momentos. Algo falta aún para este último momento pero por si mis fuerzas me flaquean lo hago antes, quizás con mucha anticipación pero no por eso menos convencido de mi final. Creo que terminaré bien con Dios pues así han permitido que lo hicieran a otros pero si así no fuera rezad por mí. A vosotros os pido perdón y me iré tranquilo y seguro de que me lo otorgáis (...)
Pueden mis hijos y todos vosotros ir muy orgullosos y con la cara muy alta que si muero lo hago mártir pero habiendo cumplido con mi deber y dispuesto en todo momento a luchar por el engrandecimiento de nuestra querida España tan necesaria en estos momentos de sacrificios y trabajos.
No está mi ánimo, como puedes comprender para escrituras pero creo que aunque mal escrito y peor redactado entenderás el contenido de ella. Ya puedes comprender lo que sufro al escribir esto pero también me desahogo y me quedo tranquilo. No lloréis. Rezad. A los chicos no sé si tendré fuerzas para despedirme y tampoco me gustaría darle ese mal rato del que se acordarían toda la vida y sería una trágica visión (...) Nada mas: sufro mucho y de ello os podréis dar cuenta pensando en lo que sufres tú y vosotros con perderme a mí solo: yo os pierdo a todos. Tu tienes el consuelo de los hijos, estos el tuyo yo solo el de que muero con la conciencia tranquila aunque esto sea mucho. Adiós. Alberto.
El 9 de noviembre de 1936, José-Augusto escribe a su esposa una carta firme, a la vez que cariñosa y emotiva.
Mi queridísima Ciprita: Ya sabes como muero, por Dios y por España, así que tú mi mujercita a la que tanto he querido, ya sabes cual debe ser tu norma en esta vida, educar a los hijos muy cristianamente y muy a lo español, es decir, que sientan el amor a la Patria hondamente. Dios sabe lo que nos conviene y cuando permite que muera así, es porque conviene para la salvación de mi alma, tu que eres buena y cristiana, a serlo mejor cada día, para unimos en el cielo y ya estar juntos para toda la eternidad y ya no hay quien nos separe. El crucifijo y el Sagrado Corazón de Jesús, que llevo en el bolsillo del chaleco, así como el Detente, que llevo cosido en el chaleco y la estampa de la Milagrosa, que tenía encima de mi cama guárdalos, pues sobre todo el crucifijo y el Sagrado Corazón los he besado muchas veces (...)
Muchos besos para Carmencita, Pepe, Antonio, Tato, Teresa, Conchita, Sonsoles, y para ti muchos besos y muchos abrazos de tu maridito que mucho te ha querido y te quiere. Pepe.
Cuando se pueda decir misas, aplicar muchos sufragios por mi alma, misas gregorianas si puedes, sagradas comuniones, rosarios, etc. Muchos besos y abrazos para ti y para todos los hijitos de tu... Pepe.
Lo de Barberá (el traje) ya sabes que está sin pagar, de modo que cuando puedas mira a ver, como puedes arreglar esto. Muchos besos y abrazos para ti y para todos los hijitos de tu maridito que mucho te quiere. Pepe. X donde está el aspa te mando un beso.
«¡Mirad arriba! ¡Mirad aquí, al Sagrario! ¡Mirad a la Virgen!»
Muchos prisioneros de la Cárcel de Guadalajara lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, religiosos y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza (IV)
PABLO DE JUAN SÁENZ
Natural de ROMANILLOS DE ATIENZA, nació el 25 de enero de 1884. Tras estudiar en el Seminario de Burgo de Osma, pasó al de Sigüenza, donde sería ordenado sacerdote el 10 de junio de 1911. Poco después fue destinado a la parroquia de Frechilla de Almazán (Soria). En 1915 fue trasladado a Masegoso de Tajuña, donde le sorprende la guerra en 1936.
Los milicianos que llegaron a la comarca fueron, por tres veces, en busca de Don Pablo con ánimo de apresarlo. No obstante, era tal la estimación popular de que gozaba el sacerdote, que no pudieron hacer nada contra él y tuvieron que limitarse a dejado encerrado en su casa. Finalmente, a mediados de agosto, fue trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde corrió la misma suerte que todos sus compañeros de prisión.
DOMINGO MOLINA ALCALDE
Nació en Paones (Soria) el 12 de mayo de 1862 y fue ordenado sacerdote en Sigüenza en 1886. La guerra le sorprendió como coadjutor en Budia, donde escribió un precioso libro: La Virgen del Peral de Budia (1930). El 20 de julio sería detenido y, días más tarde, llevado a la cárcel de Guadalajara, donde encontraría la muerte el 6 de diciembre. Don Domingo contaba 74 años.
BRAULIO LOZANO TOMÁS
Paisano de Don Domingo, Don Braulio nació en Sagides (Soria) el 25 de noviembre de 1908. Realizó sus estudios en Sigüenza y Toledo, donde fue ordenado el 30 de mayo de 1931. Tras pasar por Campisábalos, Albendiego y Villasayas (Soria), en 1936 era párroco de Budia. Ya al despedirse de la parroquia de Campisábalos, Don Braulio percibía el peligro que acechaba: "en los momentos presentes por los que atravesamos, os digo para alentar vuestra esperanza: almas cristianas, ¡mirad arriba, de donde ha de venir todo consuelo! ¡Mirad aquí, al Sagrario, de donde ha de salir toda fortaleza en las horas de aflicción y desconsuelo! ¡Mirad a la Virgen: Ella tenderá sobre vosotros su manto protector y nunca desfalleceréis!».
Detenido el 20 de julio de 1936, Don Braulio ingresó en la cárcel de Guadalajara. El 6 de diciembre entregó su vida en la prisión, recién cumplidos los 36 años.
JULIÁN MUÑOZ GAMO
Natural de CIRUELAS, había nacido el 16 de febrero de 1900. Fue ordenado presbítero en Toledo el 7 de febrero de 1926. En 1936 era párroco de Torija. El 24 de julio se trasladó a Cañizar, donde permaneció oculto hasta que se vio obligado a huir al campo el 23 de agosto. Esa misma noche, en una especie de cacería, fue hecho prisionero y conducido a los calabozos de Cañizar y Torija. Sometido a juicio sumarísimo, fue condenado a prisión en Guadalajara, donde encontraría la muerte el 6 de diciembre.
NICOLÁS VAQUERO MORENO
Nació el 31 de diciembre de 1885 en FUENTELVIEJO. En 1936 ejerce como coadjutor en la parroquia de Santa María de Guadalajara. En su pueblo natal sería detenido y conducido a la cárcel de la capital, donde murió el 6 de diciembre de 1936.
Muchos prisioneros de la cárcel de Guadalajara lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, religiosos y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza
Escondidos en casas o en el campo, su programada persecución no fue casual
LORENZO AMBRONA ASENJO
Nació en SIGÜENZA el 30 de abril de 1905. Tras estudiar en e! Seminario seguntino, se doctoró en Derecho Canónico en Comillas (Santander). Sacerdote desde el 25 de julio de 1927, durante dos años ocupó la cátedra de Latín y Humanidades en el Seminario de Sigüenza. Pasó después por las parroquias de Miedes de Atienza y Budia, hasta conseguir la cátedra de Geografía e Historia en el Colegio Sadel, de Beas de Segura (Jaén), del que también fue director. Más tarde ocupó una nueva cátedra en el Instituto de Enseñanza Media de Molina de Aragón.
Acabado e! curso 1935-36, D. Lorenzo se desplazó a Sigüenza para pasar allí las vacaciones. Tomada la ciudad por los milicianos, e! sacerdote hubo de esconderse en varios domicilios, hasta que fue detenido el 9 de septiembre. Conducido a Guadalajara, fue puesto en libertad "condicionada a presentarse todos los días en el Gobierno Civil", pero el 23 de octubre de 1936 sería retenido definitivamente. El 6 de diciembre murió en la cárcel, a los 31 años de edad.
JULIO EUGENIO FLORES MOLINA
Natural de Villapalacios (Albacete), nació el 30 de julio de 1902. El 21 de septiembre de 1929 le fue conferido el orden sacerdotal en Toledo.
Al comenzar la guerra, D. Julio se encuentra como párroco en Romancos y Archilla. El Último acto de culto público que el sacerdote celebraría fue la Santa Misa del día 25 de julio de 1936. Cuando en Romancos fue detenido el P. Pedro Mingo, S. J. D. Julio decide refugiarse en el campo, aunque bajaba al pueblo para abastecerse de comida. A finales de septiembre fue detenido y trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde perdería la vida el 6 de diciembre de 1936.
SEBASTIÁN GARCÍA CORTIJO
Nació en LAS INVIERNAS el 20 de enero de 1870 y fue ordenado sacerdote en Toledo el 9 de marzo de 1895. Durante muchos años fue capellán del Monasterio de San José (Carmelitas Descalzas) de Guadalajara. Al comenzar la guerra, D. SEBASTIÁN era párroco de Mohernando.
En un primer momento se trasladó a Pastrana, a la casa de! párroco. Días después volvió a Mohernando, pues allí residía su madre. Finalmente, el 9 de agosto fue descubierto por los milicianos y llevado a la cárcel de Guadalajara, junto con el P. Miguel Lasaga, director de! Seminario Salesiano, y cinco seminaristas de Mohernando. Todos ellos serían ejecutados el 6 de diciembre de 1936.
El cuerpo de D. Sebastián, enterrado en una fosa común cerca de Chiloeches, fue identificado por su propio hermano, Feliciano (médico de profesión), e inhumado en e! cementerio de Guadalajara, donde hoy reposa en un panteón familiar. En Mohernando, una lápida recuerda todavía el nombre de D. Sebastián.
JUAN BAUTISTA GÓMEZ BAJO
Nació en Santa Olalla (Toledo) el 14 de febrero de 1906. Sacerdote desde 1931, la guerra le sorprende como párroco en Valdepeñas de la Sierra.
El 25 de julio de 1936 llegan los milicianos al pueblo: requisaron la llave del templo parroquial, pero no detienen a D. Juan Bautista. Con todo, los vecinos trasladaron al sacerdote al pequeño pueblo de Tortuero, quedando en la casa rectoral la madre de! sacerdote y una hermana discapacitada, que vivían con él.
En Tortuero, el sacerdote fue ocultado por el alcalde en e! campo durante los meses de agosto a octubre. Ya en noviembre, D. Juan Bautista volvió a Valdepeñas de la Sierra para visitar a su familia. En esta ocasión sí fue detenido y estuvo a punto de ser fusilado, pero los vecinos del pueblo lo impidieron. Fue trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde murió e! 6 de diciembre. Contaba 30 años.
Muchos prisioneros de la CÁRCEL DE GUADALAJARA lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, religiosos y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza (y VI)
Sencillos curas de pueblo, reos de cárcel y de muerte
LUIS ROMERO HERRAIZ
Natural de Buendía (Cuenca), Don Luis nació hacia 1867 y fue ordenado sacerdote en 1896. Al comenzar la guerra, era coadjutor en la parroquia de Almonacid de Zorita, cuyo párroco, D. Aniceto Ayllón Navarro, también moriría en estas primeras fechas de la contienda.
DON LUIS fue detenido en Almonacid y encarcelado allí. Conducido posteriormente a Guadalajara, moriría en la cárcel provincial el 6 de diciembre. Su muerte está inscrita en el Registro de Almonacid de Zorita con la fecha del 4 de agosto de 1939.
SALVADOR OCHAYTA BATANERO
Nació en TRILLO el 4 de diciembre de 1879. Ejerció su ministerio sacerdotal en Madrid, como Arcipreste de Valdemoro y párroco de Nuestra Señora de las Maravillas. En verano solía pasar varias semanas con su familia en su pueblo natal.
Así fue también en 1936. Paseando Don Salvador, de paisano, por las eras de Trillo, llegaron unos milicianos, que se encararon con el sacerdote: «Éste tiene cara de cura». ,<Así es -dijo D. Salvador-, soy sacerdote del Altísimo». «¿Sabe lo que se ha buscado? Que nos lo llevemos y le demos el 'paseo'». Lo detuvieron y lo llevaron a la cárcel de Guadalajara, donde moriría el 6 de diciembre. Su sobrina declararía años más tarde: «no se pudo localizar su cuerpo, porque nos dijeron que a todos, en fila, les dispararon en las tapias del cementerio de Guadalajara, rociaron los cuerpos con gasolina y los quemaron».
FAUSTINO ALBACETE GUTIÉRREZ
Nació en TORRECUADRADA DE VALLES el 16 de abril de 1878. Fue ordenado sacerdote en Sigüenza el 20 de diciembre de 1902. Tras pasar por Palancares, Judes (Soria), Sotodosos, Alcolea del Pinar, Renales y Algara, en 1934 llegó a la parroquia de Gualda.
Al estallar la guerra, D. Faustino siguió celebrando Misa en su parroquia hasta el día 25 de julio, cuando se vio obligado a refugiarse en el campo durante el día y volver a su casa por la noche. El día 5 de agosto, unos milicianos llegaron al pueblo preguntando por el cura; el párroco pudo escapar con la ayuda de los vecinos, que además escondieron a la hermana del sacerdote en un pajar. Los milicianos asaltaron la casa parroquial, en la que residía, enferma y con 86 años, la madre de D. Faustino. Tres días después, el sacerdote, que había ido a su casa por ropa y comida, fue sorprendido allí; él mismo abrió la puerta a los milicianos: «aquí me tenéis, haced de mí lo que queráis». Llevado a Cifuentes, en su calabozo permaneció hasta el 29 de septiembre; fue luego trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde moriría el 6 de diciembre.
Estimados y protegidos por la gente del pueblo
ALEJANDRO VALENTÍN BARAHONA era natural de ARGECILLA, donde había nacido el 26 de febrero de 1881. A los once años comenzó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Sigüenza y allí fue ordenado sacerdote, el 19 de diciembre de 1908. Los primeros pasos de su vida sacerdotal le llevaron a Hontanares, Sacecorbo y Torremocha del Pinar. Finalmente, en los años 30, llega a Gárgoles de Abajo.
Comenzada la guerra y ante el afán de los milicianos por buscar a los curas de los pueblos, el alcalde de Gárgoles instó a D. Alejandro para que dejara la casa rectoral y se ocultara; el sacerdote entonces se refugió en casa de unos vecinos durante dos meses. Al cabo de ese tiempo y a base de intimidaciones a la hermana de D. Alejandro, un grupo de milicianos consigue localizar al párroco de Gárgoles y detenerlo. El día 27 de septiembre fue llevado a la cárcel de Cifuentes; el conductor del coche, que conocía al sacerdote, evitó que le dieran muerte en la cuneta de la carretera. Sin embargo, dos días después, junto con D. Faustino Albacete, sería trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde perdió la vida el 6 de diciembre de 1936.
Sin ninguna adscripción política, entregados en cuerpo y alma a sus parroquias los sacerdotes fueron víctimas de una sistemática persecución en muchos rincones de nuestra provincia
GREGORIO-M. CALERO PAREJA
Nació en IMÓN el 1 de octubre de 1961. Desde muy niño cursó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Sigüenza. El 19 de septiembre de 1885 es ordenado presbítero, ministerio que ejerció en las parroquias de Pelegrina, Garbajosa, Alco1ea del Pinar, Tortonda y Traid. Finalmente, hacia 1933, se jubila y se retira a Sigüenza, donde le sorprendió la guerra civil.
Don Gregorio Marcos no temía por su vida: creyó siempre que le respetarían por su avanzada edad y porque nunca había intervenido en política. Sin embargo, este optimismo empezó a decaer cuando comprobó que otros sacerdotes eran detenidos y fusilados.
De hecho, el día 14 de agosto fue detenido en su casa, situada en la Bajada de San Jerónimo. Más aún: los milicianos fueron reuniendo, en la casa de D. Gregorio, a todos los sacerdotes arrestados en Sigüenza. De allí los llevaron a la sede del POUM (Partido Obrero Unificado Marxista), sita en la estación del tren, para tomar1es declaración.
En la mañana del 16 de agosto de 1936, D. Gregorio fue conducido a las inmediaciones de la vía férrea y allí fue asesinado. Su cadáver apareció junto a las tapias del cementerio seguntino; el enterrador identificó el cuerpo y le dio cristiana sepultura en el mismo cementerio, donde hoy reposan sus restos.
FRANCISCO GUTIÉRREZ GARCÍA
Natural de Jodra de Cardos (Soria), nació el 4 de octubre de 1910. D. Eustaquio, Obispo de Sigüenza, le confirió el orden del presbiterado el 22 de diciembre de 1934 y, poco después, desempeñó su tarea en Algara.
Cuando estalla la guerra, D. Francisco decidió huir a los montes. Detenido y devuelto a su casa, de nuevo huyó del pueblo y consiguió llegar, el 26 de julio, a Sigüenza.
El 7 de agosto, los mi1icianos fueron a buscarle, lo detuvieron y esa misma tarde lo asesinaron en los alrededores del seguntino Puente de San Fernando.
RUFINO-S. LAPASTORA ALONSO
Nació en SIGÜENZA el 11 de julio de 1869. Estudió y fue ordenado en el Seminario de Sigüenza. Ejerció su sacerdocio, sucesivamente, en Saelices, Guijosa y La Olmeda de Jadraque. En 1932, debido a problemas de salud, hubo de retirarse a su ciudad natal, donde le sorprendió la guerra.
En la mañana del 25 de julio salía Don Rufino Segundo de celebrar la Misa en el Convento de las Ursulinas. Fue detenido y llevado al Ayuntamiento. Tras comprobar su edad y su precaria salud, el anciano D. Rufino fue puesto en libertad.
Días más tarde, se acercaron los milicianos a su domicilio preguntando por el sacerdote. Como D. Rufino estaba en cama, se contentaron con registrar toda la casa y se marcharon.
Hacia el 10 de agosto, fue detenido de nuevo en su casa y conducido a alguno de los Comités establecidos en Sigüenza; del interrogatorio pasó a la cárcel. Enfemo y mal alimentado, pudo sobrevivir en prisión.
Finalmente, el 22 de septiembre, fue obligado por los miliciano s a subir a un coche. Se desconoce si murió por debilidad, o de un infarto, o si los milicianos llegaron a fusilarle. El cadáver apareció en el paraje conocido como Las Eras del Lavadero; el enterrador pudo advertir, en una inspección superficial, que no presentaba señales de disparos o de sangre.
Nació en CAMPILLO DE DUEÑAS el día 4 de marzo de 1912. Pertenecía a una familia de labradores, humilde y religiosa. El padre murió cuando Casimiro contaba ocho años. A la edad de doce años ingresó en el Seminario de Madrid-Alcalá, donde fue ordenado el día 15 de junio de 1935.
El comienzo de la guerra civil le sorprendió como párroco de Garganta de los Montes (Madrid). Escondido en un pajar, era asistido por los vecinos del pueblo, especialmente por el sacristán, Manuel Herranz.
Cuando empeoró la situación política, Don Casimiro huyó hacia la provincia de Guadalajara. Llegado a Usanos fue detenido y llevado a la prisión de Guadalajara. Allí perdería la vida el infausto día del 6 de diciembre de 1936.
EMILIO BAYÓN DE TENA Y ANIONIO BAYÓN RODRÍGUEZ
Ambos sacerdotes eran naturales de La Puebla de Alcacer (Badajoz). Don Emilio era tío de Don Antonio y ejercía como párroco en el pueblo toledano de Gerindote en 1936; por esas mismas fechas, su sobrino era sacerdote de Arbancón. Debido al enrarecimiento del clima social, D. Emilio decidió trasladarse a la casa de su sobrino, en Arbancón.
Un vecino, el señor Cruz Martínez, proyectó salvar a los dos sacerdotes que residían en su pueblo, D. Emilio y D. Antonio, junto con el párroco del vecino pueblo de Cogolludo, D. Dámaso.
En Cogolludo residía un militante comunista llamado también Dámaso. El mensajero enviado a Cogolludo en busca del sacerdote preguntó a los vecinos: «¿Dónde vive Don Dámaso?». Le orientaron hacia la casa del comunista, que se enteró de primera mano de todo el plan de huida previsto para los sacerdotes. Con todo, el sacerdote D. Dámaso consiguió huir, no así los sacerdotes de Arbancón: en su intento de escapar hacia Segovia, fueron detenidos por un piquete de vigilancia el día 27 de agosto de 1936. Conducidos a Guadalajara, allí fueron asesinados el día 30 de agosto de 1936.
Datos escasos, pero su memoria permanece DON AGUSTÍN DE REY MARTÍN había nacido el 28 de agosto de 1876 en Segovia, de cuya catedral era Beneficiado, aunque residía en Guadalajara (C/ Alfonso López de Haro, 6). Fue asesinado el día 18 de octubre de 1936 en el sitio denominado La Pedrosa, cercano a la capital. En el cementerio de Guadalajara recibió sepultura.DON EPIFANIO DÍAZ-DELGADO MAROTO, sacerdote desde el 22 de diciembre de 1917, era párroco de Tórtola de Henares. Allí fue hecho prisionero por una partida de milicianos, conducido hacia la carretera de Iriépal y asesinado el 23 de agosto de 1936.
DON VICTORIANO DE LA PEÑA SÁNCHEZ era natural de Esteras de Medinaceli (Soria), donde había nacido el 25 de mayo de 1876. Ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1902, en 1936 ejercía su sacerdocio en Pinilla de Jadraque. Habiendo realizado un viaje a Madrid, los acontecimientos del 18 de julio de 1936 le sorprendieron en la capital de España. No se sabe qué fue de él durante toda la guerra. Fue asesinado en Madrid el 18 de marzo de 1939.
«¿Por qué habría de irme? No tengo enemigos en el pueblo»
CLEMENTINO DE LA VILLA Y DE LA VILLA
Nació en Madriguera (Segovia) el 9 de noviembre de 1903 y fue ordenado sacerdote en Sigüenza el 2 de julio de 1928. Ejerció su ministerio sacerdotal en Naharros, La Miñosa, Angón, Rebollosa de Jadraque, Galve de Sorbe y Oteruelo del Valle (Madrid).
El 23 de julio de 11936 llegaron a Oteruelo un grupo de milicianos y prohibieron al sacerdote celebrar la Eucaristía. Ante lo peligroso de la situación, los vecinos sugirieron a D. Clementino que huyera a la provincia de Segovia, pero el sacerdote se negó: ,,¿Porqué había de irme? No tengo enemigos en el pueblo... ". El 25 de julio fue detenido y llevado a Rascafría, junto con los párrocos de la comarca. Conducidos al lugar llamado Las Dos Castillas, entre los puertos de Cotos y Navacerrada, fueron fusilados y enterrados. Pasada la guerra, el cuerpo de D. Clementino fue trasladado al Valle de los Caídos.
FERMÍN DOMÍNGUEZ ORTIZ
Nació en SACECORBO el 11 de octubre de 1865 y fue ordenado sacerdote en Sigüenza, el 22 de diciembre de 1888. Sirvió corno párroco en Coscurita (Soria) y Las Inviernas. En 1936, jubilado, residía en Madrid. Allí perdería la vida el 30 de agosto de 1936.
JUAN ANTONIO CORTÉS MORAL
Primogénito de los diez hijos de Alfonso y Manuela, nació Juan Antonio en HORCHE e15 de diciembre de 1875.
Ordenado sacerdote en Toledo el 23 de noviembre de 1899, ejerció como párroco en Dos Barrios (Toledo), Malaguilla y Torija. En 1910 llegó a la parroquia de Horche, donde permanecería hasta 1936.
Desde el 18 de julio, D. Juan Antonio comenzó a sufrir acechanzas por parte de milicianos exaltados, de las que se salvó gracias al cariño de sus paisanos. Con todo, el sacerdote hubo de ocultarse en las casas de sus familiares y de los vecinos del pueblo, marchando todas las noches al campo.
El 29 de septiembre llegó a Horche una partida de milicianos asturianos. En el bar, alguien delató al sacerdote, que fue detenido junto con su hermano Abilio, agricultor. Fueron conducidos a Madrid, a la checa instalada en la calle Ferraz, 14. También estaba allí prisionero el Padre Rafael Alcocer, monje benedictino de Silos (Burgos).
El 4 de octubre, sacerdote y monje fueron llevados al barrio madrileño de La Elipa y fusilados. Abilio, hermano de D. Juan Antonio, fue liberado por tener callos en las manos, como agricultor que era.
El cadáver de D. Juan Antonio fue enterrado en una fosa común del madrileño Cementerio del Este. Terminada la guerra, sus restos fueron trasladados a Horche, donde hoy reposan al pie del altar de la Iglesia Parroquial.