El jueves, 27 de julio de 2006, se cumplieron 70 años de la muerte de D. Eustaquio Nieto Martín. El recuerdo de su posible martirio no puede caer en el olvido en la memoria del pueblo cristiano

«Ahora, más que nunca, cada cual debe estar en su puesto... Lo que sea de mis sacerdotes será de mí»

Con esas palabras se dirigía Don Eustaquio a su chofer, Antonio Dolado, cuando, en julio de 1936, éste invitaba al Obispo a abandonar Sigüenza.

PADRE Y PASTOR

Ya en 1931, el Obispo de Sigüenza escribía así a los sacerdotes de su Diócesis: «si, por desgracia, se desencadenase contra nosotros una furiosa persecución instigada por el odio del infierno, permanezcamos firmes en nuestros puestos respectivos, cumpliendo con nuestros deberes sacerdotales de padre y de pastor; sin abandonar jamás a nuestras ovejas, confesando siempre a Cristo ante la faz del mundo como lo confesaban los mártires, las vírgenes y los confesores, que dieron su vida y su sangre por ensalzar y defender el sacrosanto nombre de Jesús".

Don Eustaquio había llegado a su sede episcopal el 28 de marzo de 1917. A lo largo de su actividad pastoral en Sigüenza, el Obispo Nieto fue testigo privilegiado de uno de los periodos más complicados y difíciles de la moderna historia de España.

CUARENTA Y OCHO HORAS

En la mañana del 25 de julio de 1936, las primeras patrullas de milicianos llegaron a Sigüenza y se encaminaron directamente a la residencia del Obispo. A la mañana siguiente comenzó el saqueo del palacio episcopal. Don Eustaquio se vio obligado a refugiarse en el contiguo edificio del Seminario.

Hacia las nueve de la noche de aquel 26 de julio, una nueva patrulla llegó con un coche, asegurando traer un encargo del Gobierno de Madrid para llevarse prisionero al Obispo y sustraerlo a la violencia de los milicianos sin control. Aún se le pudo oír a Eon Esutaquio, al subir al coche, un «¡Dios mío, en Ti confío!".

Cerca de Estriégana, los milicianos lo arrojaron en marcha, lo fusilaron y quemaron el cadáver. El cuerpo abandonado del Obispo sería hallado el 4 de agosto de 1936 en un barranco por las fuerzas nacionales e identificado por el rosario y la cruz pectoral que aún conservaba, su cadáver fue llevado en primera instancia al cuartel de Alcolea del Pinar y recibió cristiana sepultura en la Ermita de San Roque de dicho pueblo. El 8 de octubre de 1946, los restos mortales de Don Eustaquio fueron trasladados a la Capilla de la Anunciación en la Catedral de Sigüenza, donde reposan hoy.

MISA FUNERAL EN SIGÜENZA

En el 70° aniversario de la muerte de Don Eustaquio Nieto Martín, Obispo de Sigüenza, se celebró una Eucaristía presidida por Don José Sánchez González, Obispo de Sigüenza-Guadalajara, en la Catedral de Sigüenza, el jueves, 27 de julio, a las 7'30 de la tarde.

A esta celebración en sufragio por Don Eustaquio y demás Siervos de Dios está invitado, de forma particular, todo el pueblo cristiano de la Diócesis. A tal efecto se ha editado un cartel-invitación que ha sido distribuido por todas las Parroquias, invitando a sacerdotes, religiosos y laicos a participar en esta oración por el eterno descanso del Obispo Nieto y de tantas personas que perdieron la vida en aquel fatídico año 1936.

Junto con la plegaria por los difuntos, toda la Iglesia Diocesana está llamada a hacer memoria de nuestros posibles mártires y, sobre todo, a renovar la esencia martirial de la fe: todo cristiano, por el bautismo, debe ser 'testigo' (mártyr) de Cristo en medio del mundo.

FUTUROS MODELOS DE SANTIDAD

De poco serviría la gran tarea llevada a cabo en la investigación histórica si los cristianos de hoy no sintiéramos como hermanos nuestros a aquellos que derramaron su sangre por el único motivo de confesar a Cristo.

Promover su fama de santidad y proponer el ejemplo de su vida como modelo actual debe ser el gran empeño de las comunidades cristianas de nuestra Diócesis. La plegaria serena y el sentido de fe conseguirán que estos hombres y mujeres lleguen finalmente a los altares.


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