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Palabra de Vida

Año jubilar teresiano

El día 15 de octubre inaugurábamos en la diócesis el año jubilar teresiano con motivo de la celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Después de cinco siglos, el testimonio de su vida y las enseñanzas de sus escritos no han perdido actualidad. La lectura meditada de sus escritos puede ayudarnos a dar pasos seguros en la vida de oración, en el camino de la santidad y en la necesaria reforma de la pastoral diocesana para que ésta sea más misionera.

En nuestra vida espiritual y en el impulso de la evangelización, hemos de tener siempre en cuenta que lo más importante no es lo que nosotros queremos, sino lo que Dios piensa y quiere que hagamos. Lo fundamental en la misión evangelizadora consiste en descubrir siempre la voluntad del Señor, asumiendo con gozo que Él nos ama primero y que nos acompaña en la acción pastoral para indicarnos el camino a seguir.

Santa Teresa, antes de comenzar sus fundaciones, tiene clara conciencia de haber sido elegida por Dios para llevar a cabo esta misión. Solamente, después de escuchar la voz de Dios en la oración, de cumplir con escrupulosidad los consejos evangélicos y de llegar a la plena convicción de que la iniciativa es del Señor, toma la decisión de proceder a la fundación del monasterio de San José de Ávila.

En este sentido, nos dirá en el libro de la Vida: «Habiendo un día comulgado, mandóme mucho Su Majestad lo procurase con todas mis fuerzas, haciéndome grandes promesas de que no se dejaría de hacer el monasterio, y que se serviría mucho en él, y que se llamaría de San José, y que a la una puerta nos guardaría él y nuestra Señora la otra, y que Cristo andaría con nosotras, y que sería una estrella que diese de sí gran esplendor; que dijese a mi confesor esto que me mandaba y que le rogaba Él que no fuese contra ello ni me lo estorbase» (Vida, 32,11).

A pesar de considerarse mujer ruin, está plenamente convencida de que Dios la ha elegido para colaborar con Él en la renovación de la Iglesia de su tiempo y de la Orden del Carmelo. Por eso comienza por renovarse a sí misma, respondiendo generosamente a la voluntad del Señor y asumiendo con profunda convicción interior que Dios le ayuda y alienta en la empresa iniciada con su gracia y con los dones del Espíritu Santo.

En estos momentos tenemos ante nosotros un nuevo Plan Pastoral Diocesano. Al contemplar sus objetivos, podemos experimentar un poco de miedo ante lo desconocido o, lo que sería más grave, podemos pensar que no es posible llevarlo a cabo. Estos planteamientos pueden ser muy humanos, pero son muy poco espirituales y manifiestan que no confiamos de verdad en la gracia de Dios y en la presencia del Espíritu Santo en el mundo y en el corazón de los hermanos.

Para afrontar el futuro pastoral de la diócesis, no dejemos de buscar la voluntad del Señor, escuchando su voz en la oración, como nos recuerda la primera línea de acción del Plan Pastoral. De este modo, como le sucedió a la Santa de Ávila, encontraremos luz para sumir con gozo la misión que el Señor nos encomienda a cada uno en este momento de la historia.

Santa Teresa, como buena maestra de oración, además de recordarnos que la oración mental consiste en «estar muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Vida, 8, 2), nos dirá también que «sin el cimiento fuerte de la oración todo edificio va falso» (Camino de Perfección, 4,5).

 Con mi bendición, feliz día del Señor.

+ Atilano Rodríguez
Obispo de Sigüenza-Guadalajara